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El “conflicto del Sahara”, DDHH y una verdad que se abre paso Juan C. Moraga D. Ex Preso Político.

Opinion

Durante años los activistas del frente Polisario en América Latina desarrollaron, y es justo reconocerlo, un efectivo trabajo de desinformación debido, fundamentalmente, a que quienes conocían lo que realmente ocurría en el Sahara marroquí pertenecían a sectores políticos o sociales ajenos a las organizaciones de la sociedad civil. Situación parecida ocurre con parlamentarios que limitan sus opiniones al marco del senado o la cámara de diputados que, como sabemos, no son queridos, llegando, en el caso chileno, a tener un rechazo transversal que supera el 80%  en la opinión pública. A lo anterior se suman importantes organizaciones de los derechos humanos que, sin trabajo de campo ni consulta a todas las partes, anualmente entregan informes “condenatorios” que terminan por crear una imagen distorsionada de la realidad, como es el caso del Sahara. Lo anterior es grave porque convierte a estos informes en cómplice de graves atropellos a los derechos humanos que, en forma explícita, condena la carta de naciones unidas y violenta el objeto para el cual fueron creadas Amnesti Internacional y Human Rights Wach.

Es válido, entonces, reiterar que estas instituciones han sido incapaces de ir más allá de tibias declaraciones para condenar el secuestro de hombres y mujeres en campamentos de prisioneros, dirigidos y controlados en territorio argelino por una pandilla que, además, cuenta con el silencio de algunos que se declaran de izquierda, sintiéndose con ello avalados para cometer crímenes y delitos vinculados al tráfico de armas, de personas, reventa de ayuda y alimentos para refugiados y ahora, claramente, en el comercio de drogas y narcotráfico. Lo anterior, claramente, no tiene nada que ver con quienes, guiados por ideales,  dieron su vida por un mundo mejor donde, no pocos, hemos sufrido prisión política y tortura. El Polisario, al convertirse en una banda que hace del abuso, el robo y los crímenes  una norma de vida, insulta esta memoria, lo cual es inaceptable para verdaderos revolucionarios que, en diversas partes del mundo, apoyan la propuesta de autonomía para el Sahara marroquí, escenario donde vale destacar como ejemplo la postura del centro de estudios Ho Chi Minh de Vietnam, cuyo representante en la cuarta comisión de la ONU el año 2018 dejo claro donde están quienes, en su vida y en su historia, han luchado de verdad contra los abusos y el imperialismo. Lo mismo me decía una de las abuelas de plaza de mayo, sorprendida positivamente al conocer detalles de cómo en Marruecos se había resuelto y reparado a las víctimas de atropellos  a sus derechos humanos. Ambos coinciden en que la lucha por la libertad no puede ser manchada por aventureros y mercenarios  que actúan como delincuentes comunes.

Tal como ocurre con los compañeros del sudeste asiático, ex prisioneros políticos en Chile o muchas abuelas de plaza de mayo, en nuestro continente también las cosas cambian y una nueva percepción sobre el “conflicto del Sahara” se abre paso, cuestión que se refleja en parlamentos de diversos países donde, un  efectivo trabajo diplomático de Marruecos, muestra resultados y que, con esta nueva mirada, se abre al mundo cultural, instancia en que el centro dialogo de civilizaciones de Coquimbo ha tenido un rol fundamental. En forma paralela, el centro de estudios del Magreb en Santiago ha establecido fuertes vínculos con otras organizaciones de la sociedad civil en Chile y el continente, siendo una clara muestra de ello lo acontecido recientemente en las últimas fiestas patrias donde, en un trabajo conjunto con la más importante institución folclórica del país, establece que en las raíces de nuestra independencia se encuentra presente el Magreb y, si esos caballos llegan montados por españoles al sur de las américas, también lo hicieron  en otros lugares del continente.

En este nuevo escenario, los derechos humanos también deben ser respetados por las organizaciones que dicen defenderlos pero que, desgraciadamente, no ha ocurrido así, como es evidente en HRW y AI, donde se impone el argumento político al de objetividad, dejando clara la necesidad de una nueva organización, plural y objetiva, que ofrezca garantías a todos y deje a un lado las anteojeras ideológicas que desnaturalizan su objeto. Hoy más que nunca es necesaria una estructura sin fronteras a la hora de calificar y evaluar situaciones para emitir informes.

Sin duda es un nuevo escenario, distinto al de hace 10 años, pues la verdad se abre paso con argumentos e información seria sobre el proceso de cambios que  ocurre en Marruecos donde, en menos de 20 años, se ha enfrentado y resuelto graves temas pendientes en derechos humanos, la incorporación de la mujer marroquí en todos los planos de la sociedad es un hecho, la reforma de su constitución para hacerla más democrática con un marco institucional nuevo para enfrentar problemas urgentes relativos a la familia, la salud, el trabajo, las minorías, la educación e integración social, ofreciendo a las nuevas generaciones un país mejor, son avances que el mundo observa y aplaude. Eso es indiscutible, tal como el respeto con que se redacta la propuesta para la gente Saharaui, ofreciendo autonomía política, administrativa y económica, además de ser parte protagónica en un acontecimiento histórico, como es el final de un “conflicto” artificial, creado y alimentada por intereses ajenos a ellos, el cual es difundido por mercenarios que viven de este mal llamado “conflicto”.

Felizmente la verdad se abre paso y la libertad para los que sufren en Tinduf se siente  cercana, cuyo hecho debiera hacer reflexionar a quienes, durante décadas, han sostenido y mantenido a estos delincuentes. La paz, con mano abierta y fraternal que tiende Marruecos y especialmente el rey a los países del Magreb, es la solución viable, digna y humana para quienes, como hermanos, se ayudaron en las luchas por la independencia, a los cuales, ahora, se les presenta la oportunidad de construir, unidos, un mejor futuro para sus hijos. En este noble trabajo de futuro, que incluye a los 5 países del Magreb, por moral y respeto al mismo Islam, debe quedar fuera cualquier forma  de separatismo o terrorismo, para quienes el lugar no es la mesa de negociaciones, sino el tribunal donde deben responder por abusos y crímenes cometidos contra sus hermanos.

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