El conflicto mapuche. Aprender para resolver Juan C. Moraga D. Buenos Aires. 02 de julio de 2018.

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Presentación de Juan Carlos Moraga D en seminario convocado x HRW con nota a miembros del centro de estudios del Magreb en América Latin

Juan Carlos Moraga
El conflicto de La Araucanía es un tema no resuelto por la sociedad chilena, donde se cruzan intereses económicos, políticos o sociales que nada tienen que ver con un pueblo milenario que pide respeto por su historia y quiere paz, trabajo y dignidad. Consciente de esto, el Centro de Estudios del Magreb se ha comprometido con diversas entidades e instituciones para elaborar una propuesta de solución, con fundamento legal, al conflicto, inquietud que nace después de tomar conocimiento directo de lo que realmente ocurre con el pueblo mapuche.
En ese contexto y teniendo como referencia la propuesta para el Sahara, donde las autoridades del reino de Marruecos presentan en la  ONU un proyecto de autonomía  regional para resolver un conflicto quecontempla “independencia política, administrativa y económica  para quienes viven en la zona del conflicto”, concluimos que estapropuesta debe ser estimada como un referente del cual aprender para resolverel conflicto de la Araucanía en Chile e impedir que estese traslade a la vecina república Argentina. Creemos necesario, entonces, revisar algunos elementos históricos y hechos actuales antes de considerar cualquier propuesta que, posteriormente, pueda ser vista como ideológica, sesgada o apresurada.  
La experiencia histórica demuestra que a la sombra de conflictos artificiales se esconden intereses  que poco o nada tienen que ver con los afectados, como ocurre hoy con pueblos originarios en América del sur o los saharauis en el norte de África.
Son estas similitudes, que nos motivan para analizar la situación del Sahara donde Marruecos, con propuestas concretas para resolver el conflicto y valoradas como justas y serias por el 90% de los países del mundo, además de ser ratificadas por parlamentarios de la zona y notables de las tribus saharauis en la región de Dakhla ante el enviado del secretario general de Naciones Unidas Horst Köhler el pasado 29 de Junio, dejan claramente establecido que la iniciativa de autonomía regional es la única solución viable para resolver, de una vez por todas, este conflicto artificial creado en el norte de África y,específicamente, en el Sáhara marroquí, lo que nos lleva a preguntarnos ¿Por qué no podemos aprender de esta propuesta para resolver nuestros conflictosy llevar paz, trabajo y dignidad a pueblos originarios que, en su inmensa mayoría, son pacíficos y ajenos a cualquier forma de separatismo o terrorismo?
 
Recientemente en un seminario académico realizado en Santiago, representantes de comunidades mapuches, constituidas en el marco legal  del estado, solicitaron que el gobierno de Chile “en lugar de represión en contra de pueblos originarios, entregue soluciones, para lo cual el referente marroquí es un excelente ejemplo y del cual podemos aprender”.
Claramente quienes administran el poder,  en  estegobierno y los anteriores, no han podido o no han querido enfrentar de manera positiva un conflicto que, con voluntad política, podría resolverse. Tampoco consideran analizar experiencias exitosas sobre el mismo tema como se hizo en Marruecos con los derechos humanos o la propuesta de autonomía regional que, si se traslada a Chile, podría significar autonomía política, administrativa y económica, además de una representación digna en el parlamento para pueblos originarios.
Desgraciadamente no ha sido así. En Chile recientemente el Presidente Piñera, en lugar de soluciones, presenta  en Temuco vehículos blindados, armamento de guerra y uniformados entrenados en Colombia (FARC) y EEUU. Ante esta verdadera provocación el presidente de la Asociación de Municipalidades con Alcalde Mapuche, Juan Carlos Reinao, señalo que: “El Presidente, al parecer, se confundió de país. Su anuncio de militarizar la región, como si se tratase de un territorio en guerra, nos parece una aberración y error histórico”. Estos acaldes no son terroristas, están dentro del estado chileno y no pueden ser considerados enemigos, sino parte de una solución pacífica para la Araucanía donde, claramente, se discrimina y abusa de un pueblo milenario.
El gobierno actual, si quisiera actuar de buena fe debiera considerar seriamente no maltratar al pueblo mapuche que constituye el 80% de la Araucanía, en lugar de cerrar filas con quienes los discriminan y reprimen, explotan su territorio, extraen sus riquezas y atropellan a los pueblos originarios. HRW debiera hacer ver esto ante quien corresponda.
SEPARATISMO, ESPACIO Y TERRITORIO.
Cuando algunas autoridades y medios hablan del conflicto mapuche, dejan la sensación de grupos terroristas que, a través de la violencia, quieren construir un país aparte dentro de Chile, que desconocen al estado y sus autoridades. Entonces, sorprende el desconocimiento sobre un conflicto artificial creado, precisamente, para favorecer intereses económicos ajenos al pueblo mapuche. Más bien ha sido al revés, pues fue el estado, a lo largo de su historia, quien ha desconocido la presencia y realidad de este pueblo que es pacífico, ajeno a la violencia y sus demandas se enmarcan dentro de este país llamado Chile.
Muchas veces las autoridades, por desconocer las raíces del problema y ajenas a lo que realmente sucede en La Araucanía, lo agravan y, más aún, al confundir cuestiones básicas como ESPACIO Y TERRITORIO, presentan el conflicto como un movimiento separatista, en circunstancias que en ningún caso el objetivo de la reivindicación territorial mapuche, en cualquiera de sus versiones, ha sido separar el país, sino avanzar hacia un Estado multicultural, integrado, que reconozca espacios de autonomía, donde  el parlamento regional que proponemos tiene fundamental importancia.
Hablar solamente de tierra supone una noción tradicional del concepto en el marco del sistema jurídico tradicional, limitando esta demanda a la propiedad privada de la tierra, el espacio físico que se comercia, que está delimitado por deslindes y que se cuantifica en hectáreas, lo que no tiene nada que ver con el concepto de propiedad y comercio que por más de quinientos años han tenido los pueblos originarios. “Más que convivir dos especies de soberanías, el punto es que el estado reconozca la diversidad de voces y tradiciones dentro de una sociedad, con especial cuidado a la denominada soberanía original de los pueblos indígenas, anterior a los procesos de colonización y conquista”.Se trata, entonces, de buscar y proponer soluciones para una situación compleja, donde la represión sea reemplazada por el dialogo, las empresas sean vistas como fuentes de trabajo y no como maquinas depredadoras que termina con los campos y la vida.
Es urgente establecer nuevas formas de convivencia donde, aprendiendo de situaciones parecidas y propuestas  en otros países, como la autonomía regional para el Sahara en Marruecos encontremos puntos de encuentro; que las  autoridades vean la respuesta al problema con amplitud, tolerancia y proyección en el tiempo, sin las anteojeras que impone el oportunismo de la política contingente. Creemos imperativo que organismos internacionales responsables como Human Rights Wach hagan ver a quienes gobiernan que, para velar siempre y en todo lugar por el respeto a los derechos humanos, deben considerar en los pueblos originarios sus tradiciones y demandas dentro del estado y, especialmente, experiencias que ayuden a resolver y no complicar los conflictos.

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