LOS SIETE DURMIENTES
(LA CAVERNA)
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En la antigua ciudad de Afsus, la gente salió un buen día para celebrar su fiesta anual de manera pagana. En realidad los habitantes eran paganos que adoraban ídolos en vez de Allah. Un joven noble entre ellos desaprobaba su culto, considerando su culto como una trivialidad no conforme a la lógica y la razón. Objeto de sentimientos confusos, se retiró, refugiándose junto a un árbol ramificado. Su descontento era tan intenso que comenzó a observar los movimientos de su pueblo con un ojo crítico.Otro joven, también de un noble linaje se le unió. Ambos estaban de acuerdo sobre un punto común: Su pueblo se había descarriado del camino recto, el del monoteísmo.Luego un tercer joven se unió a los dos y asi hasta sumarse siete. Su unión sobre el mismo ideal creó entre ellos un sentimiento de intimidad y de solidaridad a pesar de que no había ningún vínculo familiar entre ellos. Esta mutua convicción de la existencia de un Dios Único era, para ellos, de mucha importancia: el criterio que tejía y reforzaba su unión para siempre, haciendo de ellos hermanos espirituales.Esta confianza recíproca que reinaba entre ellos, les exhortaba a declarar, los unos a otros, su desaprobación a lo que confesaba su pueblo, cuyas divinidades no tenían nada que ver con el buen sentido y con la lógica, debido a que eran tan impotentes que no podían ni ser útiles ni causar molestias.Ávidos de descubrir la verdad, comenzaron a contemplar el prodigio de la creación, la naturaleza y los seres vivientes. Ya que sus facultades innatas estaban aún puras y netas, descubriendo tras una simple meditación la existencia de un Dios Omnipotente, Único en Su esencia, Creador y Fuente de la existencia. Esta idea los tranquilizó, decidiendo ocultar su nueva religión puesto que el monarca era un déspota politeísta, pagano que solo toleraba a los que profesaban su culto.Los siete jóvenes seguían llevando una vida natural. Por la mañana buscaban su pan cotidiano mientras que por la noche se consagraban a adorar a Allah, en un alarde de reconocimiento por todas sus gracias. Una noche mientras estaban, como de costumbre, unidos, uno de ellos dijo en voz baja, como si presintiera algún peligro o alguna amenaza: “ O mis hermanos, he escuchado hablar de una cosa horrible que de ser verdad y creo que lo es, nos expondremos a peligros potenciales porque la gente nos obligará a profesar su culto. Efectivamente, mis hermanos, el monarca ha logrado saber que adoramos a Allah en vez de sus divinidades, irritándose tanto que ha jurado infligirnos un cruel castigo si continuamos fieles a nuestro culto, renunciando al suyo. Mañana nos va a convocar ante él y creo que sois conscientes de su reacción. La consecuencia de nuestra fidelidad a Allah será entonces difícil. Personalmente prefiero morir que volver al politeísmo. Decidme lo que debemos hacer y sed clarividentes”.El segundo enlazó: “Por Allah, yo también he escuchado hablar de lo mismo y creí que se trataba de una mentira o de un falso rumor, pero parece ahora que me he equivocado. Nuestros conciudadanos han descubierto nuestro secreto. Os propongo seguir siendo fieles a nuestro culto pese a las ofensivas y a las perfidias de los agresores. Me niego formalmente a volver a la idolatría que he visto con mis propios ojos que sólo conduce a la corrupción del espíritu y a la ignorancia. ¿Cómo podemos volver a ser paganos cuando en cada instante vemos en lo que nos rodea signos manifiestos de la existencia de un Señor Único y Omnipotente? Me basta contemplar la naturaleza para saber hasta qué punto el poder de Allah es absoluto”.Los rumores no eran falsos. Desde la madrugada siguiente, el ejército del monarca vino a buscarlos y en pocos minutos los siete jóvenes fueron llevados por fuerza ante el monarca, quien al verlos gritó: “Habéis intentado ocultar vuestro culto pero veo que habéis fracasado. Me he enterado de lo que divulgáis y de lo que ocultáis. Habéis renunciado a nuestras divinidades para convertirse a otro culto, cuyo origen ignoro hasta ahora. ¿Habéis recibido alguna revelación o algún conocimiento sobre su existencia? Me es más fácil dejaros obrar como os plazca porque sois nobles, la verdad es que sois muy conocidos y muy respetados por mi pueblo y mucho me temo que cuando los demás lo supieran, renunciarían al culto de nuestros ancestros para abrazar el vuestro y por consiguiente os presentarán el acto de pleitesía, siguiendo vuestros pasos lo que es de naturaleza a sacudir el trono. No quiero precipitar el castigo. Reflexionad mejor. Tenéis hoy dos opciones: volver a nuestro culto y salvar vuestras vidas o seguir siendo obstinados y padecer los peores maltratos. Os voy a acordar un plazo. Os invito hoy amablemente a volver a la razón a falta de lo cual daré con vosotros el ejemplo a los que pudieran desobedecer mis órdenes”.En efecto, los jóvenes estaban determinados a sacrificarse. Estaban dotados, con la fuerza de Allah, de una fuerza insuperable, consolidados en su fe con un corazón fortificado. Por ello dijeron al monarca con plena confianza: “No abrazamos esta religión por imitación o ignorancia. Nadie nos obligó a obrar de tal manera. Hemos respondido a la voz de la razón y seguido el curso de la naturaleza. Nuestro Señor Es Único. Nunca evocaremos otra divinidad que no sea Él. En contrapartida nuestro pueblo confesa la idolatría, por ciega imitación e ignorancia. Que aporte, pues, la prueba para justificar la razón de su culto al que se someten con resignación. Esto es lo que creemos. Preferimos no cometer una enorme blasfemia, respondiendo a tu llamamiento”. Tras una larga reflexión, el monarca les respondió: “Mañana decidiré lo que haré con vosotros”.Al abandonar el palacio, se retiraron a un lugar aislado para debatir y tomar una decisión que les facilitaría la tarea de salir indemnes de esta difícil situación. Uno de ellos dijo: “ya que el monarca está al corriente de nuestra resolución, no podemos quedarnos en la ciudad, objeto de ofensivas y de amenazas. Debemos buscar y encontrar refugio en esta caverna en la cima de la montaña. Queremos seguir siendo fieles a nuestro culto y la caverna a pesar de ser obscura y pequeña es más acogedora que esta tierra tan inmensa pero que no nos ofrece la libertad de adorar a Dios como queremos ni a permitirnos declarar públicamente lo que profesamos. No debemos permanecer en un lugar donde la libertad de convicción está prohibida y donde nos encontramos obligados a profesar lo que detestamos”.Por la mañana emprendieron el camino de la caverna con sus provisiones. A poca distancia de la ciudad encontraron un perro que les seguía, decidiendo llevarlo con ellos. Al llegar a la caverna se descansaron cerca de una fuente de agua para comer y recuperar las fuerzas. De repente comenzaron a sentirse cansados, agotados a muerte, estirándose uno junto al otro, durmiéndose profundamente.Con el paso de los días y durante años los siete jóvenes permanecían dormidos…tranquilamente. Ni los tempestuosos vientos, ni los truenos los había podido despertar. Al salir el sol, enviaba su calor y luz al lugar, pero sus rayos nunca penetraban en el interior de la cueva y por la noche se inclinaban a izquierda de la caverna como si obedecieran la orden de Allah. Por Allah, si alguien hubiese pasado por allí habría jurado que estaban despiertos mientras que ellos estaban dormidos.Por su gracia, Allah les Daba vueltas hacia la derecha y hacia la izquierda. Si alguien los hubiera visto habría salido disparado, asustado.Trescientos nueve años llevaban los siete jóvenes dormidos en la cueva. De repente, se despiertan inconscientes de la noción del tiempo pero cansados y hambrientos. Uno de ellos dice: “Creo que hemos estado aquí durante horas. No constatáis que tenemos hambre y sed. ¿Qué pensáis? El segundo replica: “Ms bien, días ¿No veis que estamos hambrientos y sedientes?” El tercero agrega: “Creo que permanecimos aquí durante gran parte del día. Me acuerdo que nos hemos dormido por la mañana y allí está el sol que se pone”. El cuarto: Allah Sabe cuánto tiempo hemos estado aquí. Siento hambre como si no haya comido durante días. Enviemos a alguno de nosotros a la ciudad para buscarnos comida y que se comporte de manera cortés e inteligente, sin atraer la atención de nadie porque si llegaran a descubrirnos nos lapidarán o nos obligarían a volver a su credo y nunca podremos conservar nuestra fidelidad”.De esta forma, uno de ellos se fue a la ciudad para buscar comida. Al llegar a las puertas de la ciudad, no la reconoció, quedándose sorprendido. Las casas que antes estaban vetustas se han convertido en verdaderos palacios, las costumbres, los habitantes mismos han cambiado. Su asombro era tan profundo y su conmoción tan aparente que sus pasos se embrollaban hasta que la gente pudo observar su perturbación, congregándose a su alrededor. Uno de ellos le preguntó:“¿Eres un extranjero? ¿Qué buscas?”, respondiendo él:“No soy de aquí y busco comida pero no logro encontrar tiendas”.Entonces se le condujo a una panadería, donde pidió pan y para pagar sacó una moneda con la que quería pagar. El panadero se quedó asombrado al examinar la moneda, encontrando la efigie de un monarca desconocido que dejó de tener curso en aquella ciudad por lo que creyó que el hombre había encontrado un tesoro. La gente comenzó a congregarse a su alrededor, queriendo saber la verdad, encontrándose él asediado por todos lados. Entonces gritó: “O pueblo, os equivocáis si creéis que he encontrado un tesoro. Esta moneda me pertenece. He llevado a cabo ayer una transacción con ciertas personas y hoy quiero comprar víveres. ¿Qué tiene esto de extraño? ¿Por qué me acusáis de mentiroso?”.El joven regresó corriendo antes de que se descubriera su historia pero la gente le tranquilizaba amablemente, pidiéndole que se les explique esta coincidencia. Entonces se dieron cuenta de que el hombre era uno de los siete jóvenes que habían abandonado en otros tiempos el país a raíz de las amenazas de un monarca inicuo y déspota. Le dijeron: “Conforme al relato de nuestros antepasados, existen siete jóvenes pertenecientes a la clase noble, que habían elegido el monoteísmo, rechazando volver al culto politeísta de su pueblo lo que suscitó la animosidad del monarca, el cual muy furioso los buscó por todas partes sin encontrar sus huellas”. El joven tuvo miedo y trató de regresar a donde estaban sus compañeros para alertarlos.Un joven le consoló diciéndole: “No temas. El monarca ha muerto hace trescientos nueve años. El nuestro es un hombre piadoso y monoteísta. ! Dinos donde están tus compañeros!”.Tan pronto como se enteró de lo que pasó con él y con sus compañeros, les pidió entonces dejarle ir a informar a sus amigos porque se inquietarían de su ausencia.Este acontecimiento llegó al conocimiento del monarca quien salió corriendo para recibir al joven, pidiéndole ir a buscar a los demás compañeros. Al llegar todos a la caverna, el monarca encontró delante de él a seis jóvenes llenos de vivacidad. Les invitó a venir a vivir en el palacio real, declinando ellos la generosa invitación: “No podemos encontrar placer alguno a vivir donde no tenemos ni familia ni hijos”, dijeron antes de comenzar a pedir a Allah darles la muerte. Instante después los siete jóvenes se quedaron inanimados.La gente de la ciudad dijeron: “Allah nos Condujo hacia ellos para saber que la promesa de Allah es verdadera y que sobre la Hora y la resurrección no cabe duda”.De este modo comenzaron a disputar entre ellos: Construid sobre ellos un edificio. Su señor Sabe más de ellos”. Los que atinaron dijeron: “Edifiquemos sobre ellos un santuario”.Ciudad que antes se llamaba Ephèse o Efesia. Por ello se llaman los Siete durmientes de Efesia, que los católicos celebran el 27 de julio y los ortodoxos el 4 de agosto.
En la antigua ciudad de Afsus[1], la gente salió un buen día para celebrar su fiesta anual de manera pagana. En realidad los habitantes eran paganos que adoraban ídolos en vez de Allah. Un joven noble entre ellos desaprobaba su culto, considerando su culto como una trivialidad no conforme a la lógica y la razón. Objeto de sentimientos confusos, se retiró, refugiándose junto a un árbol ramificado. Su descontento era tan intenso que comenzó a observar los movimientos de su pueblo con un ojo crítico.
Otro joven, también de un noble linaje se le unió. Ambos estaban de acuerdo sobre un punto común: Su pueblo se había descarriado del camino recto, el del monoteísmo.
Luego un tercer joven se unió a los dos y asi hasta sumarse siete. Su unión sobre el mismo ideal creó entre ellos un sentimiento de intimidad y de solidaridad a pesar de que no había ningún vínculo familiar entre ellos. Esta mutua convicción de la existencia de un Dios Único era, para ellos, de mucha importancia: el criterio que tejía y reforzaba su unión para siempre, haciendo de ellos hermanos espirituales.
Esta confianza recíproca que reinaba entre ellos, les exhortaba a declarar, los unos a otros, su desaprobación a lo que confesaba su pueblo, cuyas divinidades no tenían nada que ver con el buen sentido y con la lógica, debido a que eran tan impotentes que no podían ni ser útiles ni causar molestias.
Ávidos de descubrir la verdad, comenzaron a contemplar el prodigio de la creación, la naturaleza y los seres vivientes. Ya que sus facultades innatas estaban aún puras y netas, descubriendo tras una simple meditación la existencia de un Dios Omnipotente, Único en Su esencia, Creador y Fuente de la existencia. Esta idea los tranquilizó, decidiendo ocultar su nueva religión puesto que el monarca era un déspota politeísta, pagano que solo toleraba a los que profesaban su culto.
Los siete jóvenes seguían llevando una vida natural. Por la mañana buscaban su pan cotidiano mientras que por la noche se consagraban a adorar a Allah, en un alarde de reconocimiento por todas sus gracias. Una noche mientras estaban, como de costumbre, unidos, uno de ellos dijo en voz baja, como si presintiera algún peligro o alguna amenaza: “ O mis hermanos, he escuchado hablar de una cosa horrible que de ser verdad y creo que lo es, nos expondremos a peligros potenciales porque la gente nos obligará a profesar su culto. Efectivamente, mis hermanos, el monarca ha logrado saber que adoramos a Allah en vez de sus divinidades, irritándose tanto que ha jurado infligirnos un cruel castigo si continuamos fieles a nuestro culto, renunciando al suyo. Mañana nos va a convocar ante él y creo que sois conscientes de su reacción. La consecuencia de nuestra fidelidad a Allah será entonces difícil. Personalmente prefiero morir que volver al politeísmo. Decidme lo que debemos hacer y sed clarividentes”.
El segundo enlazó: “Por Allah, yo también he escuchado hablar de lo mismo y creí que se trataba de una mentira o de un falso rumor, pero parece ahora que me he equivocado. Nuestros conciudadanos han descubierto nuestro secreto. Os propongo seguir siendo fieles a nuestro culto pese a las ofensivas y a las perfidias de los agresores. Me niego formalmente a volver a la idolatría que he visto con mis propios ojos que sólo conduce a la corrupción del espíritu y a la ignorancia. ¿Cómo podemos volver a ser paganos cuando en cada instante vemos en lo que nos rodea signos manifiestos de la existencia de un Señor Único y Omnipotente? Me basta contemplar la naturaleza para saber hasta qué punto el poder de Allah es absoluto”.
Los rumores no eran falsos. Desde la madrugada siguiente, el ejército del monarca vino a buscarlos y en pocos minutos los siete jóvenes fueron llevados por fuerza ante el monarca, quien al verlos gritó: “Habéis intentado ocultar vuestro culto pero veo que habéis fracasado. Me he enterado de lo que divulgáis y de lo que ocultáis. Habéis renunciado a nuestras divinidades para convertirse a otro culto, cuyo origen ignoro hasta ahora. ¿Habéis recibido alguna revelación o algún conocimiento sobre su existencia? Me es más fácil dejaros obrar como os plazca porque sois nobles, la verdad es que sois muy conocidos y muy respetados por mi pueblo y mucho me temo que cuando los demás lo supieran, renunciarían al culto de nuestros ancestros para abrazar el vuestro y por consiguiente os presentarán el acto de pleitesía, siguiendo vuestros pasos lo que es de naturaleza a sacudir el trono. No quiero precipitar el castigo. Reflexionad mejor. Tenéis hoy dos opciones: volver a nuestro culto y salvar vuestras vidas o seguir siendo obstinados y padecer los peores maltratos. Os voy a acordar un plazo. Os invito hoy amablemente a volver a la razón a falta de lo cual daré con vosotros el ejemplo a los que pudieran desobedecer mis órdenes”.
En efecto, los jóvenes estaban determinados a sacrificarse. Estaban dotados, con la fuerza de Allah, de una fuerza insuperable, consolidados en su fe con un corazón fortificado. Por ello dijeron al monarca con plena confianza: “No abrazamos esta religión por imitación o ignorancia. Nadie nos obligó a obrar de tal manera. Hemos respondido a la voz de la razón y seguido el curso de la naturaleza. Nuestro Señor Es Único. Nunca evocaremos otra divinidad que no sea Él. En contrapartida nuestro pueblo confesa la idolatría, por ciega imitación e ignorancia. Que aporte, pues, la prueba para justificar la razón de su culto al que se someten con resignación. Esto es lo que creemos. Preferimos no cometer una enorme blasfemia, respondiendo a tu llamamiento”. Tras una larga reflexión, el monarca les respondió: “Mañana decidiré lo que haré con vosotros”.
Al abandonar el palacio, se retiraron a un lugar aislado para debatir y tomar una decisión que les facilitaría la tarea de salir indemnes de esta difícil situación. Uno de ellos dijo: “ya que el monarca está al corriente de nuestra resolución, no podemos quedarnos en la ciudad, objeto de ofensivas y de amenazas. Debemos buscar y encontrar refugio en esta caverna en la cima de la montaña. Queremos seguir siendo fieles a nuestro culto y la caverna a pesar de ser obscura y pequeña es más acogedora que esta tierra tan inmensa pero que no nos ofrece la libertad de adorar a Dios como queremos ni a permitirnos declarar públicamente lo que profesamos. No debemos permanecer en un lugar donde la libertad de convicción está prohibida y donde nos encontramos obligados a profesar lo que detestamos”.
Por la mañana emprendieron el camino de la caverna con sus provisiones. A poca distancia de la ciudad encontraron un perro que les seguía, decidiendo llevarlo con ellos. Al llegar a la caverna se descansaron cerca de una fuente de agua para comer y recuperar las fuerzas. De repente comenzaron a sentirse cansados, agotados a muerte, estirándose uno junto al otro, durmiéndose profundamente.
Con el paso de los días y durante años los siete jóvenes permanecían dormidos…tranquilamente. Ni los tempestuosos vientos, ni los truenos los había podido despertar. Al salir el sol, enviaba su calor y luz al lugar, pero sus rayos nunca penetraban en el interior de la cueva y por la noche se inclinaban a izquierda de la caverna como si obedecieran la orden de Allah. Por Allah, si alguien hubiese pasado por allí habría jurado que estaban despiertos mientras que ellos estaban dormidos.
Por su gracia, Allah les Daba vueltas hacia la derecha y hacia la izquierda. Si alguien los hubiera visto habría salido disparado, asustado.
Trescientos nueve años llevaban los siete jóvenes dormidos en la cueva. De repente, se despiertan inconscientes de la noción del tiempo pero cansados y hambrientos. Uno de ellos dice: “Creo que hemos estado aquí durante horas. No constatáis que tenemos hambre y sed. ¿Qué pensáis? El segundo replica: “Ms bien, días ¿No veis que estamos hambrientos y sedientes?” El tercero agrega: “Creo que permanecimos aquí durante gran parte del día. Me acuerdo que nos hemos dormido por la mañana y allí está el sol que se pone”. El cuarto: Allah Sabe cuánto tiempo hemos estado aquí. Siento hambre como si no haya comido durante días. Enviemos a alguno de nosotros a la ciudad para buscarnos comida y que se comporte de manera cortés e inteligente, sin atraer la atención de nadie porque si llegaran a descubrirnos nos lapidarán o nos obligarían a volver a su credo y nunca podremos conservar nuestra fidelidad”.
De esta forma, uno de ellos se fue a la ciudad para buscar comida. Al llegar a las puertas de la ciudad, no la reconoció, quedándose sorprendido. Las casas que antes estaban vetustas se han convertido en verdaderos palacios, las costumbres, los habitantes mismos han cambiado. Su asombro era tan profundo y su conmoción tan aparente que sus pasos se embrollaban hasta que la gente pudo observar su perturbación, congregándose a su alrededor. Uno de ellos le preguntó:
“¿Eres un extranjero? ¿Qué buscas?”, respondiendo él:
“No soy de aquí y busco comida pero no logro encontrar tiendas”.
Entonces se le condujo a una panadería, donde pidió pan y para pagar sacó una moneda con la que quería pagar. El panadero se quedó asombrado al examinar la moneda, encontrando la efigie de un monarca desconocido que dejó de tener curso en aquella ciudad por lo que creyó que el hombre había encontrado un tesoro. La gente comenzó a congregarse a su alrededor, queriendo saber la verdad, encontrándose él asediado por todos lados. Entonces gritó: “O pueblo, os equivocáis si creéis que he encontrado un tesoro. Esta moneda me pertenece. He llevado a cabo ayer una transacción con ciertas personas y hoy quiero comprar víveres. ¿Qué tiene esto de extraño? ¿Por qué me acusáis de mentiroso?”.
El joven regresó corriendo antes de que se descubriera su historia pero la gente le tranquilizaba amablemente, pidiéndole que se les explique esta coincidencia. Entonces se dieron cuenta de que el hombre era uno de los siete jóvenes que habían abandonado en otros tiempos el país a raíz de las amenazas de un monarca inicuo y déspota. Le dijeron: “Conforme al relato de nuestros antepasados, existen siete jóvenes pertenecientes a la clase noble, que habían elegido el monoteísmo, rechazando volver al culto politeísta de su pueblo lo que suscitó la animosidad del monarca, el cual muy furioso los buscó por todas partes sin encontrar sus huellas”. El joven tuvo miedo y trató de regresar a donde estaban sus compañeros para alertarlos.
Un joven le consoló diciéndole: “No temas. El monarca ha muerto hace trescientos nueve años. El nuestro es un hombre piadoso y monoteísta. ! Dinos donde están tus compañeros!”.
Tan pronto como se enteró de lo que pasó con él y con sus compañeros, les pidió entonces dejarle ir a informar a sus amigos porque se inquietarían de su ausencia.
Este acontecimiento llegó al conocimiento del monarca quien salió corriendo para recibir al joven, pidiéndole ir a buscar a los demás compañeros. Al llegar todos a la caverna, el monarca encontró delante de él a seis jóvenes llenos de vivacidad. Les invitó a venir a vivir en el palacio real, declinando ellos la generosa invitación: “No podemos encontrar placer alguno a vivir donde no tenemos ni familia ni hijos”, dijeron antes de comenzar a pedir a Allah darles la muerte. Instante después los siete jóvenes se quedaron inanimados.
La gente de la ciudad dijeron: “Allah nos Condujo hacia ellos para saber que la promesa de Allah es verdadera y que sobre la Hora y la resurrección no cabe duda”.
De este modo comenzaron a disputar entre ellos: Construid sobre ellos un edificio. Su señor Sabe más de ellos”. Los que atinaron dijeron: “Edifiquemos sobre ellos un santuario”.

