El Coràn de Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata (Dar Al Kutub AlIlmiya/Libano)

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Especial Ramadan: El Coràn de Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Dar Al Kutub AlIlmiya (Libano)

ABRAHAM GUIA A LA GENTE HACIA EL CULTO DE ALLAH

Llegado a Palestina, Abraham se instaló en Hurán. Había salido de su país, alejándose de su pueblo con la esperanza de encontrar a gente más razonable, piadosa, agradecida con un espíritu sano. Decidió vivir entre  ellos, no tardando en descubrir que eran, como su pueblo, gente desorientada, descarriada del camino recto, adorando astros en vez de Allah. Impulsado por su fidelidad y su           buena intención tomó la firme resolución de advertir a aquella gente contra el culto perverso y de guiarlo en el buen camino, decidiendo adoptar la discusión como el medio favorable, estimando que si obrase de esta manera la gente podría interesarse por su mensaje y volver por su voluntad a la razón, siguiendo  con premeditación la buena vía.

En la obscuridad de la noche vio un astro. Después, cuando estaba conversando con algunas personas que practicaban el culto de las estrellas, fingió estar como ellos, hablando a su manera: “¡Es mi Señor!” Se trataba, pues de una interrogativa favorable. Una táctica pertinente susceptible de abrir despejar la vía hacia una discusión fecunda. ¡Allí está fingiendo estar de acuerdo con ellos, evitando calumniarlos o insultar sus divinidades o ni siquiera contrariar sus argumentos. De hecho ¿Qué intención tenia?

Este método era susceptible de impulsarlos a prestar atención y a comprender mejor el significado de sus argumentos, que entablando esta etapa iba a rechazar con discernimiento y habilidad lo que había lanzado ya como en tanto que exclamación sin herir a nadie de ellos o manifestar su desacuerdo con ellos. Esperaba transmitir su mensaje de una manera indirecta o si no lo podían rechazar si descubrieran que era monoteísta.

Al desaparecer el astro bajo las alas del horizonte, Abraham fingió buscarlo diciendo: “No puedo querer a las divinidades que desaparecen, que cambian y se desplazan sin dejar rastro. Es un signo insuficiente, una prueba que pone el acento sobre su impotencia. No acepto el culto de los astros”.

Al ver la luna, más luminosa que nunca y mayor que el astro se exclamó: “Allí está mi Señor”. Quería atraerla hacia él para ganar su aprobación por esta maniobra. Cuando desapareció la luna, ocultándose de su vista y perdiendo su estela, Abraham dijo: “No cabe duda, si mi Señor no me Guiara para descubrirlo estaré entre los perdidos”. ¡Algo importante! Era la primera vez que ponía el acento sobre la existencia de un Señor, fuente de la buena conducta Donante de la quietud y la tranquilidad. Había logrado atraer su atención hacia un punto clave: Estos objetos están condenados a desaparecer mientras que Dios es Eterno y Presente para siempre en todas partes. Abraham no había insultado sus divinidades, sino, para transmitir su mensaje, se limitó a hacer uso de una prueba elocuente.

Cuando Abraham presintió su silencio, observó su reacción pasiva al declararse inocente de lo que adoraban e incluso cuando demostró la impotencia de sus divinidades, planteado, de manera indirecta, preguntas que ponían en tela de juicio la sinceridad de su identidad, declarándose vacilante, incómodo, perdido no pudiendo reaccionar razonablemente o encontrar la buena vía. Se dirigió directamente a Allah, solicitándole Salvarlo y de Abrirle los ojos sobre la verdad, habida cuenta de que aquellas divinidades solo eran criaturas gobernadas.

Al ver salirse el sol, brillante e iluminada, lanzando sus rayos luminosos y dando a la vida un magnifico esplendor, llenando todos los rincones son su luz y su claridad, se exclamó:” ¡Allí está mi Señor! Es más grande que todos los astros, más útil y más brillante”. Pero…cuando el solo se puso, les acusó de ser politeístas e ingratos: “Me desmarco de lo que adoráis porque los planetas que se desplazan y cambian de forma de un día a otro deben, sin duda alguna, tener a un Creador que Vela por su desplazamiento y les Da la capacidad de moverse. Indudablemente hay un Señor absoluto que Pone orden en este mundo muy amplio y que Da a todos estos planetas la capacidad de salirse y de ponerse. En realidad, es Él el que Merece ser adorado. Estos planetas no merecen de modo alguno ser venerados o glorificados.

Cuando Abraham logró transmitir su mensaje de manera indirecta, se declaró inocente de lo que hacían, comenzando a esbozar las cualidades de su señor: “Allah es el Único que Merece nuestras oraciones y plegarias y al que debemos someternos a Su Voluntad”, agregando “En monoteísta sincero, converjo mi rostro hacia Él que Ha Creado los cielos y la tierra. He dejado de figurar entre los descarriados y de los que asocian las falsas divinidades a Allah”.

Su pueblo emprendió con él la discusión en torno a lo que acababa de decir y a lo que les acaba de instar. Querían que regrese a sus divinidades de nuevo o de cesar de acusarlos de ser politeístas. Pero Abraham respondió: “¿Disputéis conmigo sobre Allah cuando fue Él quien me Dirigió en la buena dirección?

Le aconsejaron temer a sus divinidades porque le pueden perjudicar si se atreviese a calumniarlas o de escuchar lo que le acababan de aconsejar. Desdeñó acordarles la fe, sorprendiéndose por su reacción: “¿Cómo podría temer a los que no pueden perjudicar y ser útiles? ¿Cómo me protegería de los que asociáis a Allah sin argumento y sin  razón? ¿Cuál de las dos partes esta más en seguridad? Que se lo diga alguien si lo sabe. Debíais, en primer lugar, tener en cuenta al Señor del mundo, porque os Puede castigar por lo que acabáis de decir. Habéis cometido un pecado imperdonable. De seguir glorificando estas divinidades seréis condenados a una severa retribución. El Infierno es el peor destino.

La hambruna asolaba Damasco. La vida se hacía muy difícil. El suelo árido y las estaciones secas. Abraham emprendió el destino de Egipto, acompañado por su esposa Sarah.

Llegado tras un largo viaje, se instaló allí. Egipto estaba reinado por un horrible monarca de origen árabe. Usurpaba el poder por la fuerza del que se apoderó después de reforzar el ejército, asegurando su fidelidad.

Sarah era de una belleza deslumbrante, esbelta y muy atractiva. Cuando uno de los favoritos íntimos del monarca divulgó a éste esta realidad, atrayendo su atención sobre las cualidades de esta mujer seductora, describiéndole con mucha exageración que Sarah poseía una belleza excepcional e incitándolo, por otra parte a apoderarse de ella, el monarca, bajo el impulso de la admiración se sintió irresistiblemente atraído hacia esta mujer hasta el punto de manifestar abiertamente su deseo de verla. Convocó a Abraham y le preguntó sobre la naturaleza de su relación con Sarah y si era una de sus familiares próximos. Abraham descubrió la intención del monarca, comprendiendo a donde quería llegar. Comenzó a temer por su vida si el monarca llegara a descubrir que se trata de su esposa. Era consciente de la consecuencia de esta realidad y del riesgo que corría si el monarca decidiera matarlo para facilitar su acceso a Sarah. Por ello, Abraham respondió: “Es mi hermana”.

Evidentemente una hermana no es obligatoriamente una persona con la que se tiene una relación de parentela consanguínea. Puede que sea una hermana espiritual o simplemente la que comparte con nosotros el mismo ideal, el mismo credo…una hermana en la humanidad.

Convencido totalmente de que Sarah era soltera, el monarca ordenó a sus súbditos de traerla vivir en su palacio para formar parte de su harén. Abraham regresó decepcionado a su domicilio, anunciando a su esposa la mala noticia antes de pedirle acordar fe a lo que contó a este mal monarca. De esta manera, la confió a regañadientes al monarca, rogando a Allah, el Altísimo acordarle paciencia y recompensa.

Sarah fue llevada al palacio, donde se le ofreció valiosos obsequios: ropa y joyas. Lo que no pudo impresionarla.

Agobiada por todas estas gracias, rodeada de la abundancia y de la riqueza, estos bienes susceptibles de facilitarle la tarea de vivir de la mejor manera, Sarah nunca olvidó su lealtad y su fidelidad hacia su marido. Era una mujer piadosa que solo buscaba agradar a Allah. Era muy conocida por su fidelidad a su marido y por su obediencia a los preceptos religiosos. Triste y afligida, Sarah eligió un lugar muy lejano hacia donde se retiró

Por la noche, el monarca vino a verla, encontrándola triste afligida. Trató infructuosamente de consolarla. Intentando tratarla como a un amigo intimo, sus esfuerzos fueron en vano, retrocediendo ella con espanto, entonces el monarca volvió con las manos vacías, decepcionado. De repente comenzó a sentirse angustiado, sufriendo como un condenado. Lo intentó otra vez cosechando el mismo resultado negativo, regresando a su habitación profundamente afligido, sumergiéndose en un profundo sueño. En su sueño, vio una lo que le abrió los ojos ante la realidad, al descubrir que esta mujer no era soltera sino casada y que debía liberarla y dejarla tranquila  sin hacerle daño o causarle alguna molestia.

Cuando se despertó, estimó que estaba obligado a dejarla irse, procediendo inmediatamente a la ejecución de la orden que se le había impuesto. Además, ofreció a Sarah una sirvienta llamada Hajar, ordenando a sus guardianes de enviarla a su esposo. Aliviados, Sarah y Abraham decidieron tomar a Egipto como patria viviendo allí.

Era una prueba muy dura, la seducción más dolorosa para Abraham. ¡Qué difícil lección! Un hombre que se encuentra obligado a emigrar para ganar su sustento y conservar su fe, pero el destino le priva de su esposa, la única esperanza para él. Cuando se declaró monoteísta, sus parientes se desmarcaron de él. Pero el Misericordioso que lo había salvado antes del fuego lo ha Vuelto q Proteger hoy contra el deshonor.

Abraham se instaló pues en Egipto en toda quietud. Vivía de manera apacible, dando prueba de una dulzura y de un tacto sin par. Era conocido por su indulgencia y su aplicación al trabajo con asiduidad. Por ello ganó mucho dinero, llegando a poseer, en poco tiempo mucho ganado, lo que le acordaba celebridad y una buena reputación.

No obstante, la gente comenzó a envidiarle por su éxito y por haberlo logrado todo: la buena reputación, la riqueza, la influencia y una buena posición social.

Entonces, impulsados por Satanás, comenzaron a acosarlo encarnizadamente, haciéndole todo tipo de daños, percatándose él de las malas intenciones de sus nuevos conciudadanos. Entonces decidió alejarse de ellos, dirigiéndose a Palestina, esta tierra santa que lo había acogido antes. En efecto, Abraham había vivido en esta tierra durante mucho tiempo, considerándola como patria eterna. Por ello estaba tan feliz de regresar a esta bendita tierra que amaba mucho. Se detuvo, pues en Palestina con la esperanza de volver a comenzar su vida apaciblemente y sin problemas.

  ISMAIL

Abraham emigró a Palestina en compañía de su esposa Sarah y su sirvienta Hagar, llevando con él su ganado y transportando todos sus bienes que había comprado en el curso de su estancia en Egipto. Una vez en Palestina, se detuvo, encontrándose rodeado por su familia y de la comunidad que le había acordado fe.

Sarah era una mujer estéril, lo que la hacía sufrir atrozmente. Constató que su esposo deseaba tener a un hijo que ella no se lo podía dar. Era muy mayor y no esperaba quedarse encinta. Debido a lo cual aconsejó a su esposo a sacarse con su sirvienta.

Hagar era, realmente una mujer muy honesta, obediente y fiel. Sarah propuso a su marido esta idea, impulsada por un vivo deseo de ver a Abraham convertirse en padre, tal vez este hijo tan anhelado cambiaria la vida de su esposo y transformaría su soledad en consolación y la obscuridad de su vida en la luz del sol.

Abraham se sometió a la voluntad de su esposa, casándose con Hagar, la cual no tardó en darle un hijo inteligente que le dio el nombre de Ismail, aliviándose el corazón de Abraham a quien el nacimiento de su hijo mayor le llenó de alegría y regocijo. No está permitido de dudar que al comienzo Sarah celebró con alegría el nacimiento de Ismail, expresando una profunda satisfacción por la nueva actitud de su marido. Pero… los celos estaban allí para invadir su buen corazón, convirtiéndose en triste y profundamente apenada, transformándose su vida en una continua y asfixiante inquietud. Se sentía privada de la quietud y de la alegría, no soportando su corazón ver ni a Hagar ni a su recién nacido.

Sufría atrozmente, fracasando en sus intentos de encontrar alguna consolación o de poder dominar sus pasiones, viviendo en la tristeza y el lamento, la melancolía y el temor. Su único desahogo consistía en alejar a Hagar y a su hijo lejos de la casa. Fue entonces cuando sugirió a su marido transportar a su nueva esposa hacia un lugar muy lejano para dejar de escuchar los gritos de Ismail que la irritaban mortalmente.

Abraham volvió a someterse de nuevo a la voluntad de su esposa[1]. En realidad fue Allah quien le Insinuó responder al llamamiento de Sarah. Inmediatamente decidió sentarse a horcajadas en compañía de Hagar y de su hijo y emprender el camino, guiado por la voluntad divina, pletórico de la buena gracia de Allah.

Su viaje resultó tan largo como fastidioso. Al llegar cerca de la Casa Santa, plantándose delante de ella junto a su esposa y su hijo. El lugar era desolado, desnudo, cansadísimo él y su pequeña familia, elevados después de este largo viaje, no poseían más que poco alimento y una cantimplora media llena. Pero su confianza en la buena misericordia de Allah no tenia limites. Instaló a su esposa y a su hijo en este lugar árido, emprendiendo él el camino de regreso. Su esposa Hagar le siguió, atándose a él. Cogió el cabestro de la bestia diciendo: “¿Por qué nos abandonas en este lugar árido e inhóspito?”. Trató de suplicarle, pidiéndole tener piedad por su hijo, el más querido y el más precioso para él, implorándolo no abandonarlos en este lugar aislado, desolado, amenazados de hambruna y de sed. Las lagrimas la cegaban, no olvidando, sin embargo de atraer su atención sobre su lamentable situación: “¿Quién nos protegerá contra los lobos feroces, quién nos pondrá a salvo cuando seamos atacados por animales depredadores? ¿Como lograremos soportar la temperatura y la ola de calor?, le preguntó, llorando un mar de lagrimas. ¿Por qué no respondía a este lamento y por qué no contestaba a esta imploración? Si su situación no interesaba de modo alguno a Abraham ¿Tampoco le interesaba la de su hijo?

Frente a esta extremadamente difícil situación, Abraham reveló a su esposa que fue Allah quien le Insinuó obrar de esta manera y que ella debía aceptar, con plena sumisión a Allah, la voluntad divina.

Profundamente influenciada, Hagar se entregó totalmente a Allah, cesando de implorar a su marido.

 ¡De repente! Se sintió aliviada, diciendo: «  Allah nos Creó y Es Digno de Protegernos”.

A raíz de lo cual Abraham emprendió el camino de regreso, bajando de lo alto de la colina, los ojos llorosos y el alma desgarrada, pero su confianza en la justicia y en la misericordia de Allah no tenían límites, encontrándose de nuevo en medio del fuego inflamado habida cuenta de que acababa de abandonar a su esposa y a su hijo único, este hijo que tanto ha querido y deseado. En efecto, había conocido la alegría cuando nació y encontró consolación, contemplándolo crecer. Abraham respiró hondamente, sintiendo un profundo dolor. Una vez más se encontraba sometido a una difícil prueba. Pero se entregó por completo a Allah, aceptando su juicio con resignación ya que Allah lo había nombrado su amigo íntimo y sincero. Lo Había Venerado entre sus conciudadanos, lo Había Favorecido por la gracia de haber sido el único mensajero de su época que se había encargado de guiar a la humanidad por el camino recto. Regresó, pues a Palestina, rogando a Allah de proteger a su esposa y a su hijo: “Señor, he establecido parte de mi descendencia en un valle sin cultivos, cerca de la Santa casa a fin, Señor, de cumplir la oración. Haz que los corazones de una categoría de hombres sintieran el afecto por ellos, Aliméntalos, tal vez serán agradecidos”.

En cuanto a Hagar, se quedó sola con su pequeño hijo, aceptando, sin contestar, la voluntad de Allah, armándose de paciencia para hacer frente a esta grave situación. Se alimentaba de lo que había traído con ella: un poco de comida y unas gotas de agua. La provisión en agua y en alimento era tan insuficiente, que en poco tiempo debía acabar, consumando de este modo todo lo que había traído con ella. Pocas horas después, la sed y el hambre la devoraban, soportando esta realidad con paciencia. La leche se reabsorbió en sus senos hasta el punto de no poder amamantar a su hijo. Ismail comenzó a gemir a causa del hambre y la sed. No constatando alarido alguno de su hijo, Hagar estalló en un prolongado sollozo. Sus lágrimas se escurrían en sus mejillas como una lluvia torrencial. Parecía como si intentara de saciar la sed de su hijo con sus lágrimas, tratando de salvarlo con las lágrimas como si fuesen un elixir con poderes curativos. Sin embargo no fue asi, no pudiendo Hagar proporcionar esta oportunidad a su hijo.

Trataba con todos los medios de encontrar una solución a esta difícil situación. Viendo a su pequeño hijo marchitarse como si fuera una flor desplegaba incansablemente enormes esfuerzos para hallar un desenlace a esta lamentable situación. Dejaba a su hijo errando por el lugar, corriendo a veces, con pasos cansados, otras, veía por todos lados la imagen de su hijo muriéndose de sed. Buscaba desesperadamente agua, explorando cada palmo del lugar hasta llegar a la cumbre de Safa[2] de donde volvió con espanto hacia donde se encontraba su hijo para ver si estaba aun vivo. Luego, atraída por un espejismo, corrió en dirección de Marwa[3]. Desgraciadamente solo era una ilusión, regresando de nuevo a ver a su hijo, trasladándose constantemente entre Safa y Marwa hasta concluir siete idas y venidas[4]. Consciente de que se estaba consumando con sus enormes esfuerzos para salvar a su hijo, quien, mientras tanto no cesaba de llorar de dolor… gritos que desgarraban el corazón de esta mujer afligida que sentía el dolor hasta lo más profundo de su alma.

 ¡Allah Misericordioso! De repente, su hijo de pecho con la garganta seca hasta el punto de perder toda fuerza de llorar, el vientre vacio que aniquilaba las pocas fuerzas que le quedaran hasta sofocar sus últimos suspiros. Viéndolo agonizar, su madre, sola a soportar la desgracia, sin nadie para consolarla, en su inocencia, sin contar con alguien para socorrerla, se puso a examinar la tierra bajo sus pies, golpeando una piedra rígida con la desesperada esperanza de que de este objeto inanimado pudiese salir su salvación. Golpeando y cavando una y otra vez… de pronto… el agua que surge por debajo de sus piernas, inundando sus inocentes pies: “En efecto, hay piedras de las cuales surgen abundantes fuentes y corazones más duros que una piedra”. Hagar se encontraba en el seno de la misericordia divina, envuelta en la gracia de Allah. Humedeció sus finos labios y el pequeño recuperó fuerzas, inclinándose hacia su madre, la cual lo estrechó tiernamente contra su corazón, secando sus lágrimas y consolándolo, acariciando sus mejillas y dándoles cariñosos golpecitos en la espalda.

Una vez tranquilizada sobre la salud de su hijo, su corazón volvió a llenarse de esperanza. Su hijo estaba,  ¡por fin! Salvado. Le tocaba a ella recuperar parte de sus fuerzas. Era una nube negra que anunciaba una desgracia pero que, por gracia de Allah, se disipó, dando paso a una nueva vía ante un nuevo comienzo.

Este pozo era Zemzem. Sigue existiendo hasta  ahora. Los peregrinos de todo el mundo, individual o colectivamente se dirigen hoy en día hacia esta milagrosa fuente para probar una gota de su agua o un sorbo ya que, la verdad es que Zemzem reviste un significado de bendición.

Cuando Allah, por su gracia, Hizo brotar esta fuente, las aves se precipitaron hacia ella, volando a baja altitud. Mientras tanto, una caravana pasaba no lejos de allí. Era un grupo de hombres de Gerham. Los miembros de la citada caravana observaron los movimientos inhabituales de los pájaros, que, volando llegaban hasta la tierra haciendo alegres movimientos con sus alas como si estuvieran festejando algo.

Habida cuenta de su experiencia, la gente presentía la existencia del agua ya que las aves no se ponían en el suelo si no se trata de agua. Entonces encargaron a uno de sus miembros a inspeccionar y examinar la zona, bastándole unos segundos para regresar con la buena noticia a sus compañeros, los cuales se dirigieron separadamente o en grupos al lugar del agua. Algunos de ellos permanecieron en esta región donde fijaron su residencia. Hagar se sintió protegida con ellos, entablando una buena relación con ellos y agradeciendo a Allah por haber Hecho que los corazones de una categoría de hombres sintieran afecto por ella y por su hijo.

ISMAIL EL INMOLADO

 Abraham no había olvidado a su hijo. Venía a verlo de vez en cuando y le visitaba periódicamente para asegurarse de su salud y de consolarse, viéndolo crecer día tras día. Al alcanzar Ismail la edad de pubertad, haciéndose lo suficientemente fuerte para trabajar y ocuparse de él mismo, su padre tuvo una visión que, en realidad era una revelación verídica en la que se le ordenaba inmolar a su hijo[5]. Las visiones de los profetas nunca son ilusiones sino verdaderas insinuaciones, inspiradas de Allah.

Una vez más se encontraba sometido a una dura prueba: en avanzada edad con la espalda jorobada por el efecto de la acumulación de los anos, objeto, desde su más tierna infancia a los peores tormentos, abandonado por su propia familia, una vejez sin progenitura, un emigrado de ciudad en ciudad para proteger su vida, con, como progenie, por la gracia de Allah, un hijo único que aun en una edad muy tierna tuvo que transportarlo con su madre, por voluntad de Allah, a un lugar inhóspito, árido y desértico, dejándolos sin protector ni vecino. Se veía sometido, aquél día, de nuevo, a la voluntad divina, que aceptaba con placer. Tenía total confianza en la misericordia del Señor absoluto. Su creencia estaba consolidada, inquebrantable. Estaba seguro de que El que lo había Creado Era, indudablemente Digno de protegerlo. Su esperanza no podía ser pasto de dudas y no era en vano: allí estaban su esposa Hagar y su hijo Ismail colmados de las gracias de Allah con las que nunca se había sonado. Luego…después de todos los sufrimientos se le ordenaba inmolar a su hijo único. ¡Qué dura prueba! Hasta las montanas inmóviles sucumbirían bajo el peso de esta carga.  ¡Cuando su hijo alcanzó la edad de acompañarlo, se le ordenaba inmolarlo! Las grandes desgracias no asolan más que a los hombres valientes que son, eso sí, los únicos en cumplir estas enormes responsabilidades. Esta prueba  estaba a nivel de la dignidad de Abraham, a la medida de su certeza y de su creencia, yendo en par con su nobleza y su elevado rango. Allah ¿no lo había considerado como Su amigo intimo?

Respondió al llamamiento de Allah, sacrificando toda su existencia al Señor de los mundos, emprendiendo el camino con destino a Palestina. Allí se encontró con su hijo a quien anunció lo que había visto en su sueño. ¡Qué noticia! Lo más sólido del universo se derrumbaría con este anuncio y los corazones más duros se estremecerían ante la amplitud de esta desgracia. Abraham dijo: “Mi querido hijo, vi en el sueno que te inmolaba. ¿Qué piensas? Abraham evocó ante su hijo esta visión a fin de no asustarlo, poniéndolo al tanto de manera improvisada o inmolándolo por fuerza.

La reacción del hijo resultó, cuando menos, asombrosa, dando sin vacilar su acuerdo diciendo: “Padre, ejecuta la orden que se te ha inspirado. Veras que, si Dios Quiere,  seré de los que soportan. ¡Que piedad! ¡Que fe! Esta confianza en la justicia de Allah es absolutamente incomparable. Ismail se sometió a la voluntad de su Señor sin vacilación, con el alma tranquila, el corazón aliviado y la resolución firme[6].

Al ver a su padre perturbado, Ismail quería hacerle fácil su tarea. Trató de consolarlo, minimizando la gravedad de este asunto. ¿Cómo se puede inmolar a su propio hijo único? ¿Cómo se atrevería a hacerlo?

Ismail dijo: Mi padre, aprieta firmemente mi atadura, anuda bien mi cordón para que no pudiera temblar. Despoja mi túnica para que no se moje de sangre porque si mi madre la viera, estallaría en sollozos y morirá bajo el paso del dolor. Quiero que mi recompensa sea completa. Afila bien el cuchillo y pásalo rápidamente sobre mi gaznate para que no sienta el golpe de la muerte. Transmite mis saludos a mi querida madre y si quieres aportarle mi túnica, hazlo tal vez, viendo algo que me pertenece, le podría consolar. Evocará mi recuerdo cada vez que la tomara entre sus manos. Besara mi silueta cuando me buscara entre la multitud y no me encontrara”.

Abraham le dijo: “Que Allah te bendiga, querido hijo. Que Él, Esté satisfecho de ti”. Lo apretó cariñosamente contra su corazón y lo besó muy fuerte.

Abraham volvió el rostro de su hijo hacia la dirección del sur: la de la Kaaba, atándolo firmemente. Cogió el cuchillo en sus manos. Llorando, examinaba a veces el cuchillo, mirando a su hijo otras. Se sentía agobiado, sin fuerzas, expirando un suspiro de lamento por este hijo tan joven luego colocó el cuchillo sobre el gaznate de su hijo y con un gesto muy rápido lo pasó…en vano. El cuchillo perdió su eficacia. La gracia de Allah lo devolvió mellado. ¡Qué misericordia! El afilado de esta hoja sufrió una rotura en el momento en que Abraham reunió sus fuerzas para inmolar a Ismail quien dijo a su padre: “Me querido padre, dirígeme de manera a colocar mi cara contra la tierra porque cuando me miras de cara, tus fuerzas se desvanecen y tendrás piedad de mi. Ejecuta la orden de Allah, querido padre”. Abraham lo hizo, colocando el cuchillo sobre la nuca de su hijo, pasando la hoja bruscamente como lo había hecho antes…en vano. Entonces se quedó estupefacto, no sabiendo qué hacer. Se dirigió a Allah, pidiéndole Proporcionarle un desenlace y de Tener piedad de él. Allah Escuchó su rogatoria, Teniendo piedad de su debilidad: Lo hemos llamado: O Abraham has agregado fe a tu visión. Es asi como Atribuimos a los fieles”.

Abraham y su hijo se alegraron al escuchar este llamamiento. Estaban muy contentos de que Allah los haya Salvado de esta desgarradora situación, además, Gratificándolos con una buena retribución. Se tranquilizaron, consolidando su fe. Abraham acababa de pasar por la prueba más dura de su vida.

Allah cambió a Ismail con otra inmolación considerable[7] que surgió súbitamente ante ellos. Invadido por una inmensa alegría, Abraham avanzó precipitadamente hacia esta inmolación, sacrificándola con el mismo cuchillo que hacia justo unos instantes estaba mellado, degollándola. La sangre el suelo. Era un rescate ofrecido por Allah para salvar a Ismail. Desde entonces la inmolación se convirtió en una práctica observada por los musulmanes que conmemoran cada año con ella el recuerdo de este acontecimiento y agradecen a Allah por su gracia.

Hemos contado más arriba que los vuelos de los pájaros había arremolinado el cielo del lugar mismo donde estaba Hagar con su hijo buscando una fuente de agua. Este lugar sin cultivo alguno conocerá un nuevo periodo: el de la prosperidad y la productividad con la llegada de la gente de Gerham. Esta gente se había instalado antes de una región muy baja de la Meca. Más tarde descubrieron la existencia de una fuente de agua, allá donde se encontraba Hagar, gracias al movimiento inhabitual de un vuelo de pájaros que, insólitamente volaba a baja altitud por encima de este lugar conocido por su sequia. Este acontecimiento atrajo su atención, abriéndoles los ojos sobre la posibilidad de la existencia de una fuente de agua. A raíz de una exploración de uno de ellos, la suposición se convirtió en cierta y la buena noticia se propagó entre ellos.

La gente de Gerham se precipitó separadamente o en grupos, tomando este lugar por residencia no sin antes pedir el permiso y la aprobación de Hagar para residir allí, aceptando ésta pero imponiéndoles, por otra parte, condiciones muy simples: Que sean invitados sin derecho alguno sobre aquél punto de agua.

Los Gerham aceptaron, gustosos, estas condiciones, enviando a uno de ellos para anunciar la buena noticia a los demás, los cuales encontraron en esta invitación una ocasión propicia¸ aceptándola y decidiendo hacer del lugar su residencia. Fue asi como la ciudad creció y se desarrolló;

Ismail vivió en este lugar hasta alcanzar la mayoría de edad, adquiriendo una firmeza de carácter que, junto a su buena reputación entre su gente, le convirtió en una notoriedad pública. Viviendo pues entre ellos aprendió su legua que era el árabe e la que logró expresarse correctamente.

Se casó con una mujer de Gerham, lo que consolidó su relación con ellos, integrándose como si fuera uno de ellos. Sin duda, estaba satisfecho de su situación puesto que poseía todas las comodidades susceptibles de facilitarle la tarea de llevar a cabo una vida decente y feliz. Pero la suerte tenía otro rostro: La muerte de su madre que, para él, era una pérdida muy grave, llorándola amargamente. Para él esta pérdida era muy difícil, recordando que, siendo aun muy pequeño le rodeaba con su cariño. Hagar era para él una solución…la solución que le protegía en los momentos difíciles y se ocupaba de él hasta el último suspiro.

Abraham no había olvidado a su hijo, el ser más querido para su corazón. Venía a visitarlo de vez en cuando para informarse de su vida y sus peripecias. Durante una de estas visitas a la Meca, se fue, como era habitual, a ver a su hijo, el cual no se encontraba en casa donde solo había su esposa. Abraham le preguntó sobre Ismail sin revelarle su identidad, contestándole que Ismail salió en busca de algo para comer antes de enlazar en una interminable serie de quejas y lamentos sobre la difícil situación en la que vivían, privados, según ella, hasta del pan cotidiano.

Abraham la consideró entonces una mujer de mal augurio, viendo en ella la mujer desobediente que no se contenta con lo que Allah le Ha Designado y que se lamenta eternamente sobre su destino. Abraham la consideró indigna de compartir la vida conyugal con su hijo puesto que se quejaba de su situación como esposa a un pobre. Trató de evitarla, sentándose a horcajadas sobre su bestia listo para irse de allí. Pero antes de emprender el camino, le pidió transmitir sus saludos a su hijo y de aconsejarlo cambiar el umbral de su casa. Se trataba, en realidad, de un sincero mensaje para su hijo tendente a pedirle de manera indirecta a divorciarse y de volver a casarse con otra mujer más digna de llevar su nombre.

Como de costumbre, Ismail regresó al hogar un poco tarde como si presintiese que algo desagradable iba a suceder durante su ausencia. Al llegar a casa, preguntó a su esposa si alguien vino a verlo, respondiendo ella afirmativamente, describiendo las cualidades de este hombre de quien ignoraba su identidad: “Me preguntó sobre ti, expresando una inhabitual impaciencia de verte y de conocer cómo van tus cosas. Por mi parte, le conté todo lo que quería saber, describiéndole la austera vida que levamos”. Descontento, Ismail le dijo:

  • ¿No ha dejado un mensaje para mí?
  • Si, respondió. Te saludó y te pidió cambiar el umbral de su casa.
  • Era mi padre, replicó inmediatamente Ismail, separándose de su esposa sin

Abraham volvió pocos meses después a ver a su hijo. Llegado a la casa tampoco encontró a su hijo pero si a su nueva esposa. Entonces le preguntó dónde estaba Ismail, respondiéndole que salió en busca de algo para comer. Antes de dar media vuelta para irse, le preguntó cómo iban las cosas con ellos, contestándole ella que vivían en la quietud llevaban una vida tranquila¸ gozando de las riquezas y que, por la gracia de Allah, poseían todas las ventajas de vivir en el bienestar.

Abraham se sintió aliviado, alegrándose de ver a la esposa de su hijo preferido obediente y frugal, piadosa y agradecida, encargándola de transmitir sus saludos a Ismail y de decirle de conservar el umbral de su casa, emprendiendo el camino de regreso, contento y satisfecho.

Por la noche Ismail regresó al hogar, preguntando a su esposa como pasó el día.

  • Un anciano de aire respetuoso y decente vino a verte. Es como si estuviera rodeado de una aureola venerable. Se descansó un poco, preguntándome sobre ti. Le conté un poco el bienestar en el que vivimos y antes de irse me encargó de saludarte y de transmitirte su consejo consistente en conservar el umbral de tu casa.
  • Era mi padre, replicó Ismail, precisando: me encargó de conservarte.

Satisfecho, Ismail sacó el buen augurio de este consejo, colmando a su esposa con su cariño y su cuidado. Juntos vivieron en plena quietud y fundaron un hogar basado en el respeto mutuo y la piedad.

Desde su última visita a la Meca, A1braham permaneció mucho tiempo sin ver a su hijo. Un día apareció repentinamente pero esta vez la visita tenía un objetivo diferente. Si en el pasado pasaba a informarse de la situación de su hijo y a aliviar su corazón viéndolo en buena salud, esta vez estaba allí para llevar a cabo un asunto tan importante como urgente: Allah le Ordenó construir la Kaaba y edificar el primer templo para los musulmanes. Abraham obedeció la orden de Allah, comenzando la ejecución del trabajo sin temor o lamento. Se fue directamente a Al Hidjaz, buscando por todos lados a su hijo, al borde del rio, entre la población, encontrándolo por fin  junto a un árbol afilando dardos cerca de Zemzem.

Ismail vio a su padre avanzar hacia él, tirando lo que tenía entre las manos y corriendo a acogerlo. Su rostro se iluminó al ver a su padre. Estaba profundamente alegre de volver a verlo, abrazándose cariñosamente los dos hombres, intercambiando expresiones de bienvenida.

Esta separación era tan difícil para Abraham como para su hijo. Se fueron a un lugar alejado, entablando una discusión tierna y afectiva.

Era absolutamente maravilloso ver la emoción de uno y otro y sus manifestaciones de ternura, amor y serenidad por este excepcional encuentro entre un padre indulgente y un hijo piadoso.

Permanecieron asi durante tiempo. Luego como si alguien les sacudiera, se despertaron de este magnífico sueno. Entonces Abraham contó su secreto a su hijo: O mí querido hijo. Allah me Ordenó construir un templo aquí, indicándole un lugar en una elevada colina ante ellos “y debemos comenzar desde ahora” precisó.

Ismail aceptó sin vacilar lo que su padre le acababa de pedir: “O, padre, Estoy a tu disposición. Acepto voluntariamente lo que me estás pidiendo”, avanzando ambos con esperanza reforzada por la determinación y guiados por un poder divino[8] hacia el lugar indicado por Abraham para comenzar la ejecución de la orden divina. Cavaron la tierra, construyendo las bases y los pilares de esta Santa casa. En sus labios no había más que una sola expresión: Señor, acepta de nosotros esta obra de. Tu Eres el Omnisciente. Señor Haz de nosotros musulmanes, Indícanos los ritos que debemos observar y Acepta nuestro arrepentimiento, Tu Eres el Indulgente y el Compasivo por excelencia”.

En poco tiempo, Ismail y su padre pudieron elevar el edificio, apareciendo los signos de este bendito templo. Ismail aportaba piedras y preparaba herramienta mientras que Abraham se dedicaba a construir los muros. Indudablemente estaban dotados de una fuerza divina para poder terminar este gigantesco trabajo y encargarse solos a cumplir la construcción de esta Santa Casa.

El Templo se elevaba a una gran altura, con sus muros muy altos… tan altos que obstaculizaban la labor de Abraham quien no podía continuar la construcción. Le era muy difícil transportar las piedras a la parte alta construida, pidiendo a su hijo traer una piedra sobre la que podría alcanzar la parte alta del edificio: “Mi querido hijo, apórtame una piedra para que pueda continuar construyendo los muros y al mismo tiempo para ver lo que hemos construido hasta ahora”.

Ismail se fue a buscar lo que su padre le pidió, encontrando una piedra que actualmente esta incrustada en el muro en un ángulo de la Kaaba.

Abraham utilizó esta piedra para continuar su trabajo e Ismail continuó aportando todo lo que le pedía.

Abraham trabajaba incansablemente para terminar su trabajo lo antes posible. De la modo que cuando terminaba la construcción de un lado, se apresuraba a construir otro hasta terminar la construcción. La Santa Casa surgió entonces con todo orgullo. Era un lugar de visitación y un asilo seguro para los hombres que, desde entonces, no cesan de efectuar allí visitas rituales. Fue entonces cuando Allah realizó el voto de Abraham cuando éste pidió un día, al dejar a su familia sola en el desierto: “Haz de manera que los corazones de una categoría de hombres  sintieran el afecto por ellos, Aliméntalos de frutas, tal serán agradecidos”[9].

 LOT[10]  

 

Abraham salió de Egipto, regresando a la Meca en compañía de su sobrino Lot, instalándose en este santo país después de haber transportado con ellos todas las riquezas que poseían: dinero y ganado. El lugar era muy pequeño para acoger a la numerosa multitud. Entonces Lot abandonó la ciudad, donde estaba con su tío y su familia, efectuando una parada en Sodoma. Pero…! Qué desgracia ! La gente de la zona era perversa. Tenían muy malas intenciones y pecaban, sin temor ni verguenza, abiertamente. No se avergonzaban de sus actos. Al contrario, hacían gala de estos actos reprehensibles. Llevaba una vida disoluta y libertina. Por ello se convirtieron en el pueblo más impúdico que nunca había existido en el mundo. Malos como eran, practicaban el bandolerismo y traicionaban a sus amigos sin escrúpulos o pudor. Perseguían a las caravanas, incluidas las pasajeras, robando su dinero y sus bienes, atacando a los peatones, desvalijándolos dejándolos en la desgracia y la malaventura. Los que tenían la mala suerte de ser su presa, eran abandonados en el desierto, no pudiendo hacer otra cosa sino deplorar su perdida.

En efecto la gente de Lot era licenciosa y libertina a la que ni la religión ni la vergüenza podía disuadir a cambiar esta abominable conducta. Daban espalda a todo consejo y no escuchaban ni la voz de la razón ni las admoniciones de unos cuantos hombres honestos, que, por gracia de Allah, habían logrado preservar su clarividencia y su razón.

Como si estos sedientes espíritus no se limitaran a hacer estos actos reprensibles, como si estos corazones cegados nunca hayan conocido el sentido de la bondad¸ con una sed insatisfecha de cometer los pecados y a no sentir nunca la satisfacción, la gente de Lot, para alcanzar el punto álgido de su vil conducta, inventaron acciones exorbitantes de una inmoralidad nunca conocida antes ni será conocida después: en vez de mujeres, satisfacían sus deseos carnales con los hombres cometiendo actos contra la naturaleza.”Os entregáis a la concupiscencia en vuestras relaciones carnales con los hombres en vez de mujeres. Sois paganos. Practicáis la homosexualidad, el bandolerismo y cometéis entre vosotros atrocidades” les acusó Lot. Si se limitasen a cometer escondidos la ignominia, por lo menos que traten de volver arrepentidos a Allah, entonces el mal seria menos grave. Pero lo más graves es que imponían a la gente seguir su infamia, de acordarles fe, de aliarse a ellos y de imitar sus horribles acciones. La gente de Sodoma perseveraba en su mal comportamiento hasta que la ignominia se propagó por toda la ciudad, haciéndose cada vez más grave.

¿A caso podemos afirmar que se habían acomodado al amor de cometer errores tan enormes y tan repugnantes? Difícilmente, sino Allah nunca les Hubiera Enviado a un mensajero para predicar con su Mensaje.

Cada vez que la gente de Sodoma era asolada de una parecida maldición, optaba voluntariamente por el extravío, desviándose conscientemente del camino recto y avalando las insinuaciones de Satanás quien desde el alba de la existencia juró seducir a la gente, conduciéndola hacia la agitación y la tentación. Allah Instituyó a Lot como mensajero, Encargándolo de instar a su gente al monoteísmo, siendo para ella el salvador que la guiara en el camino recto. Lot era, pues, el ser elegido para advertir a esta gente  contra sus ignominias. Desde entonces predicaba con el mensaje de Allah.

Pero… ¿Cómo era su reacción?

La gente de Sodoma no tenía oído receptivo ni los corazones abiertos. Se dedicaban obstinadamente a la infamia y preferían una vida disoluta y libertina, superando todos los límites y las delimitaciones de la lógica. Era pagana que pese a las repetidas advertencias no volvía a la razón. Aquella gente sentía una fuerte tentación de cometer aquellos actos criminales. Sus espíritus insensatos, dirigidos por el diablo y dominados por la maldad los habían incitado a deliberar en torno a Lot para expulsarlo de la ciudad, comenzando a amenazarlo y a advertir a los que le habían acordado fe que iban a ser, como él, expulsados de la ciudad. Éstos no habían cometido ningún pecado sino se limitaron a declararse inocentes de lo que hacían sus conciudadanos. “Por todas respuestas, sus clamaban: ¡expulsad de vuestra ciudad a esta gente que parece ser casta!”.

¿Qué error habían cometido Lot y los suyos?

Lot no hizo más que execrar las acciones perversas de sus conciudadanos, santificándose de sus oprobios y retirarse de sus ignominias, incitándolos a seguir el camino de la verdad y a volver a Allah.

Al presentir su insumisión y su tendencia hacia el mal, Lot los aconsejó infructuosamente temer el castigo de un día convenido. Hacían oído de mercader ante sus múltiples e insistentes advertencias y llamamientos a tomar muy en serio las represalias del Señor.

A pesar de todo, Lot no perdió en ningún momento la esperanza de convencerlos a volver a la razón. Día y noche predicaba, anunciándoles que las consecuencias de sus malas acciones y de sus perjuicios, serán grave, perseverando ellos en el error y en el extravío, rechazando escuchar la voz de la razón, manifestando su rigurosa adhesión a sus acciones perversas y provocando a Lot, pidiéndole irónicamente provocar el castigo con que les amenazaba e infligirles lo que  merecían como lo pretendía.

Lot pidió a Allah de Ayudarle contra esta gente corrupta y corruptora, infligiéndola un castigo cruel. Por ser obstinados y paganos, le solicitó desencadenar contra ellos la retribución conveniente.

En efecto, Allah los Castigaría según su insolencia, porque, en realidad eran como una epidemia de cuya proliferación se toman las precauciones o incluso como un órgano podrido del que se debe extirpar una ablación. Eran corruptos que sembraban la inmoralidad en la tierra de Dios, impidiendo a la gente seguir el camino recto y desoyendo las admoniciones del mensajero, rechazando definitivamente seguir el camino de la verdad.

Allah Escuchó la rogatoria de Lot, Tomando en consideración su solicitud y Enviando a Sus Emisarios a la ciudad, embriagada del vicio y la maldad. La verdad es que los habitantes eran inicuos por lo que merecieron el castigo. Al comienzo los emisarios visitaron a Abraham, pensando éste que se trataba de huéspedes de paso a los que debía acoger con honores y tratar con miramiento. Al invitar a sus huéspedes a compartir la comida con él, se retiraron. Entonces se asustó; inquieto por su aspecto pero permaneció silencioso. Al constatar su aparente perturbación, le dijeron: “No temas. Somos emisarios del Señor. Te anunciamos, en tanto que buena noticia, el nacimiento de un hijo lleno de sabiduría”. A raíz de lo cual se sintió aliviado, disipándose su inquietud. Reuniendo sus fuerzas les preguntó: “¿De qué se trata, o mensajeros? Respondiendo ellos: “Hemos sido enviados para un pueblo criminal que se niega a escuchar la razón y el llamamiento de Lot y que, a raíz de su insumisión, se convirtió en pagano. Vamos a infligir a esta gente un castigo perpetuo como retribución a los actos  reprensibles que había cometido como, entre otros, la abominación, la infamia, la homosexualidad, la traición, la maldad y los atracos. Vamos a hacer que mueran los habitantes de esta ciudad que son inicuos”.

Abraham se sintió triste hasta el punto de que se disponía a pedirles acordar a esta gente un plazo y postergar el castigo, tal vez vuelvan hacia Allah a arrepentirse del grave pecado del que fueron los primeros en cometer desde la existencia de la humanidad.

Es permitido pensar que Abraham temió por el destino de su sobrino porque éste no podía, de modo alguno, apreciar sus acciones perversas sino, seguramente detestaba sus criminales actos. Obviamente Abraham se apitoyaba por su sobrino, un hombre casto que merecía estar expuesto a un parecido castigo. Los emisarios le recomendaron paciencia, ordenándole comportarse razonablemente y de tener confianza en la misericordia de Allah. Le pidieron cesar su tristeza y dejar de mostrarse desesperado, dejando que las cosas transcurren de manera normal y que Allah Era el Único Concernido a Acordar a esta gente su clemencia. Le explicaron cómo la gente de Sodoma había insistido en su ignorancia, prefiriendo seguir el camino de Satanás a pesar de las múltiples y repetidas advertencias. Le anunciaron, además, que Lot estará a salvo que nada le ocurrirá ni a él ni a los suyos a excepción de su esposa que figuraba entre los descarriados. Su mujer había optado por el camino del libertinaje, sumándose a su gente.

Cuando los emisarios abandonaron a Abraham, se presentaron en Sodoma[11], tomando el aspecto de jóvenes apuestos que disponían a entrar en la ciudad, objeto del vicio y envilecimiento. En el camino encontraron a una joven sacando agua de un pozo, pidiéndole hospitalidad. Aunque vacilante, temió por ellos porque sabía que su gente les podía hacer daño, pidiendo a su padre ayudarles. Por ello les pidió esperarla para ir consultar con su padre al respecto. Se fue corriendo hacia donde se encontraba su padre: “O, padre, personas nos piden hospitalidad. Se trata de jóvenes muy apuestos con rostros realmente iluminados con una luz divina. Están en la entrada de la ciudad. Quisiera alojarlos para esta noche pero mucho me temo que nuestros conciudadanos nos deshonorasen si llegaran a descubrir que están con nosotros”.

El padre era el venerable enviado Lot y la joven su hija. Lot se quedó perplejo ante esta sorpresa, preguntando a su hija al respecto e insistiendo a conocer su verdadera identidad. Pidió la opinión de su hija, consultándola sobre lo que debía hacer y la conducta que debía adoptar, vacilando mil veces antes de aceptar recibirlos en su casa, ignorando que postura tomar al respecto. Sintió una fuerte tentación de responder negativamente…con una excusa. Pero ¿Cómo negarse a ayudarlos? Se le ocurrió una idea: poner al tanto a los visitantes de lo que pasaba en la ciudad, tal vez, asi, le excusarían, dejándole tranquilo, dispensándole de esta enorme responsabilidad.

¿Qué hacer?

Lot se sentía impulsado por la generosidad, inclinado hacia acordarles lo que buscaban. ¿Cómo podía tomar consideración de estas futilidades y negarse a mostrarse generoso para con ellos? Estas dificultades y estos obsta culos eran, para él, secundarios ante el llamamiento de la generosidad. Entonces salió discretamente sin ser observado por sus conciudadanos, acelerando la marcha antes de que fuera descubierto.

Desde su llegada a Sodoma, se le impidió frecuentar a la gente y se le prohibió invitar a nadie a su casa. En el fondo habían aceptado su presencia obligada. Sus conciudadanos desconfiaban de él como si estuviera afectado por una enfermedad contagiosa cuya propagación temían. Constituía una amenaza por lo que le imponían todas las prohibiciones, privándolo de la libertad de movimiento y exigiéndole restricciones sobre manera de obrar. Creían que se protegían porque, desde su llega, Lot manifestó abiertamente su oposición a su forma de ser y su manera de actuar. Era el primero en denigrar sus infamias y a desmarcarse de sus atrocidades.

Avanzando de puntillas, fingiendo comportarse normalmente, Lot llegó hasta donde se encontraban los emisarios, recibiéndolos generosamente e invitándolos a seguirle. Avanzó silenciosamente a su frente para mostrarles el camino. Sentía un miedo atroz y se consideraba responsable si algo sucediera a sus huéspedes. ¿A quién debería pedir socorro si la noticia llegara a propagarse entre sus conciudadanos o si éstos vayan a buscarlo?

Lot no poseía arma alguna para defender a sus huéspedes, siendo, además denigrado, entre su pueblo. Pese a todas estas dificultades, tomó una firme resolución de llevar a sus huéspedes a su casa, no confiando más que en Allah y marchando atentamente para no atraer la atención. Frente a lo cual no tenía otro remedio que tomar las precauciones y rogar a Allah a Ayudarle. No obstante, su esposa que era una de las descarriadas, una perversa que había elegido el camino de los libertinos, al ver a los huéspedes divulgó el secreto. Inmediatamente después, al conocer la noticia, la gente de Sodoma se precipitó individualmente o en grupos en busca de los huéspedes de paso por la localidad. Al ver a la multitud enrabiada congregarse ante su casa tuvo miedo. ¿Quién podría disuadir a esta gente perversa, impidiéndola de cometer un acto criminal contra sus huéspedes? Lot decidió dirigirse a la multitud para tratar de convencerla, implorándola infructuosamente a ocultar su maldad y a cesar de practicar la homosexualidad. Eran libertinos insolentes, paganos ignorantes por ello se negaban a escuchar su llamamiento y sus suplicas.

Lot trató de cerrar todos los desenlaces ante ellos, cerrando las puertas para impedirles satisfacer sus necesidades carnales sobre sus huéspedes. Sus conciudadanos eran tan ignorantes que subestimaban la reacción de Lot. Sus almas les habían sugerido cometer la infamia en pleno día. Lot se sentía impotente al borde del desmayo. ¿Por qué esta gente se negaba a escuchar su oración? ¿Por qué no reflexionan? Les dijo: “Allí están las esposas que Allah Ha Creado para vosotros. ¿Las dejáis para dedicarse a los machos en actos contranaturales? regresad a arrepentirse ante Allah. Pedidle perdón, tal vez os Pueda perdonar. Vais a sufrir las consecuencias de vuestras costumbres asquerosas”. ¿Pero qué hacer si esta gente estaba cegada y si sus espíritus estaban achispados? Insistían obstinadamente en sus pasiones y se volvían locos para satisfacer sus necesidades animales cueste lo que cueste. Frente a esta situación, Lot les propuso sus hijas: “Conciudadanos, aquí tenéis a mis hijas a vuestra disposición. Estàn mas indicadas para vosotros. Temed Allah. No me cubráis de oprobio, abusando de mis huéspedes. ? No hay nadie honesto entre vosotros?”.

  ¿Cómo fue su reacción?

“Tu sabes que no tenemos ningún derecho sobre tus hijas ni siquiera alguna atracción por las mujeres. Tu sabes lo que queremos”, le contestaron irónicamente. Al borde del delirio, Lot se sentía deprimido, desesperado. Un violento dolor y un tumultuoso sentimiento lo invadieron. Desplegaba enormes esfuerzos para salvar a sus huéspedes, para protegerlos contra un eventual ataque, gritando: “Ah, si tuviera algún poder sobre vosotros o encontrase un apoyo. Si tuviera la fuerza para haceros frente. Si tuviera la capacidad os obligaría a renunciar a lo que hacéis. Si tuviera esta fuerza os pagaría según vuestro merito y os sometería a la razón”.

La gente de Sodoma estaba tan cegada, descarriada y apasionada por su embriaguez que la reacción de Lot les sorprendía. Ignoraban la razón de esta crisis de cólera. Estaban como un caballo lascivo, abandonado que deja de domar su furor de pasión.

Lot se reveló, manifestando una violenta oposición, defendiendo encarnizadamente a sus huéspedes hasta quedarse sin fuerza, penetrando ellos por fuerza al encinto de su casa, encontrándose Lot en una delicada situación. Comenzaron a atacar a sus huéspedes. Lot se sentía deshonorado, cubierto de oprobio, desplegando enormes esfuerzos para rechazar a los atacantes. Sintiendo los emisarios piedad por él, le consolaron, tranquilizándolo: “O, Lot, somos enviados de Allah. Hemos venido a ayudarte, a protegerte. Esta gente jamás llegara hasta ti ni a los tuyos. Fracasarán, sin duda. Los atacantes comenzaron a sentir miedo de ellos, volviendo con las manos vacías y jurando causar el máximo de daño. Por la mañana, Lot se despertó sano y salvo. ! Gloria a Allah que Hizo Disipar esta nube gris, descartando la amenaza. Allah lo había colmado con Su gracia. ¿Cómo tener miedo de las amenazas de unos descarriados si la Misericordia de Allah está con él?

Al día siguiente, los emisarios pidieron a Lot salir con su familia del pueblo al ponerse el sol, porque la ciudad será objeto de un castigo perpetuo, aconsejándole no llevarse a su esposa con él porque sufriría el mismo destino que su pueblo pagano. Le ordenaron acelerar la marcha sin mirar atrás cuando intervenga la orden de Allah y de manifestar una firmeza y una valentía ante lo sucedido.

A finales de la noche, Lot salió con su familia, abandonando la localidad si contemplaciones. Al llegar a la salida del pueblo, escuchó un ruido horrible, dándose cuenta de que comenzaba el castigo de Allah. La tierra fue sacudida bajo la intensidad de un brusco temblor de tierra. Allah hizo llover piedras ígneas que caían incesantemente. Las casas se vaciaron de sus habitantes como retribución por lo que hacían sus ocupantes: “Cuantas ciudades hemos hecho perecer, por su injusticia y que hundieron sobre ellos mismos, cuantos pozos se llenaron, cuantos palacios fuertemente construidos están ahora desiertos. En esto, había, ciertamente un signo pero la mayoría de ellos eran paganos.

[1]    Es más que probable que Allah Insinuó a Abraham transportar a su hijo lejos de él para que su corazón no se llene de otro amor que no sea el de Allah y para que siga devoto como antes. Este es el verdadero significado de la buena fe.

[2]    Nombre de un pozo en la Meca

 9     Se trata del principio de la carrera que efectúan los peregrinos musulmanes durante el peregrinaje

 10   Las filas (de ángeles)  (as-Sâffât): 102-212.

[4]

[5]   Aceptar la fatalidad que improvisa la voluntad divina es la base de la buena fe. Además, ello no impide de modo alguno, que el hombre aspirase a estar más favorecido. Se siente satisfecho por lo que le sucede y busca lo que haría de su vida futura más tranquila y mas prospera..

[6]    El profeta, Allah le bendiga y le de la paz dijo: “Velad por lo que os es útil. Entregaos a Allah y no seáis desesperados”.

[7]   O Caaba,  muy antiguo templo de la Meca llamada en otros tiempos la Casa de Allah y que es objeto anualmente de la peregrinación de los musulmanes.

[8]     La vaca (al-Baqara): 125-129; La familia de Amran (al’lmran): 96; Abraham (Ibrahim): 35. El peregrinaje (al-Hadj): 26.

[9] Abraham (IBrahîm): 38.

[10]

[11]    Una de las ciudades donde vivia la gente de Lot. Se llama también Zedome.

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