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EL COVID – 19 AFECTA MÁS A LAS CLASES SOCIALES MÁS POBRES Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD. – Docente – Chile

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Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. – Docente, Chile

El estatus socioeconómico determina la incidencia de COVID-19 y la mortalidad relacionada en Santiago, Chile

La pandemia de COVID-19 ha afectado a las grandes ciudades de manera particularmente dura. Un grupo de científicos chilenos ha proporcionado un un importante estudio de la incidencia y mortalidad de las enfermedades, y su dependencia de los estratos demográficos y socioeconómicos en Santiago de Chile, que es la ciudad capital del país sureño, ciudad totalmente segregada.

Los análisis efectuados muestran que existe una fuerte asociación entre el nivel socioeconómico y los resultados de COVID-19 y la capacidad de salud pública. Uno de los graves problemas es que las personas que vivían en los municipios santiaguinos más prósperos tuvieron una baja movilidad al contrario de las personas que vivían en municipios con un nivel socioeconómico bajo con alta movilidad.

Se encontró en dichos estudios una fuerte asociación entre el nivel socioeconómico y la mortalidad, medida por las muertes atribuidas a COVID-19 o el exceso de muertes. También se encontró  que las tasas de mortalidad por infecciones en los jóvenes son más altas en los municipios de bajos ingresos. Estos resultados destacan las consecuencias críticas de las desigualdades socioeconómicas en los resultados de salud, dice el estudio chileno, al cual las organizaciones de DD.HH. y gubernamentales poco han estimado.

Hay que entender que la pandemia originada por la crisis del COVID-19 vino para quedarse por largo tiempo. Los científicos chilenos apuntan a que “si bien muchos estudios han descrito la transmisión del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, en América del Norte, Europa y partes de Asia, la caracterización de la pandemia en América del Sur ha recibido menos atención, a pesar del severo impacto en muchos países durante la temporada de invierno.”

Lo casos confirmados, del coronavirus son una medida importante de salud pública para saber del nivel de propagación de infecciones causadas por el virus y posiblemente no sean un indicador confiable de incidencia debido a los sesgos por el  comportamiento de búsqueda de salud a nivel de la población, capacidades de vigilancia y presencia de personas asintomáticas en todas las regiones de Chile, dicen los investigadores, pues las muertes relacionadas con COVID-19 así como su exceso proporcionan una imagen alternativa y potencialmente menos sesgada de la intensidad de la epidemia debido  en parte a que los sesgos de verificación pueden ser menos pronunciados para las muertes que para los casos confirmados, ya que las personas que mueren por COVID-19 tienen más probabilidades de haber experimentado síntomas graves.

Por otra parte otros factores, como el nivel socioeconómico, que se correlaciona con el acceso a la atención médica, sobre la carga de mortalidad y morbilidad, sigue siendo una cuestión abierta particularmente importante para las ciudades con disparidades económicas significativas.

La incidencia y la mortalidad atribuidas a la pandemia y su asociación con el estado demográfico y socioeconómico en el área metropolitana urbana de la capital de Chile, conocida como « Gran Santiago » una ciudad de poco más de 7 millones de habitantes distribuidos en áreas muy desiguales,  a diferencia de muchos otros países, estableció un sistema de informes notablemente completos y puso a disposición del público muchos conjuntos de datos claves sobre la pandemia.

Para comprender las disparidades en el sistema de atención médica, los científicos analizaron la capacidad de prueba y las demoras en los municipios. Luego demostraron las asociaciones de estos indicadores de salud con factores demográficos y socioeconómicos. Todo esto junto, muestra resultados que las disparidades socioeconómicas explican una gran parte de la variación en las muertes por COVID-19 y el subregistro, y que esas desigualdades afectaron de manera desproporcionada a las personas más jóvenes; hoy, en el país con 8 millones de inoculados las personas más jóvenes, de 54 años hacia abajo, son las que están mayormente contagiadas y ocupando camas en las Unidades de Cuidado Intensivos.

El Gran Santiago está compuesto por 32  municipios urbanizados y alberga a 7,15 millones de personas, representando el  36% de la población del país, que ha reportado el 55% de los casos confirmados de COVID-19 y el 65% de las muertes atribuidas a esta pandemia. El estatus socioeconómico estos municipios varía enormemente, con Vitacura teniendo el valor más alto y La Pintana el más bajo y esta diferencia se refleja en el impacto de la pandemia durante el invierno del hemisferio sur de 2020. La máxima  incidencia durante el año pasado en Vitacura fue de 22,6 casos semanales por 10,000 individuos durante mediados de mayo, mientras que La Pintana reportó un máximo de 76,4 casos semanales por 10,000 individuos durante la primera semana de junio. Las muertes atribuidas por COVID-19 siguen un patrón temporal similar (aunque retrasado) al número de casos de COVID-19 notificados. Por ejemplo, la tasa más alta de 4.4 muertes semanales por cada 10,000 personas se observa en San Ramón, un municipio relativamente pobre, mientras que Vitacura reportó un máximo de 1.6 muertes semanales por cada 10,000 en junio. Estas desigualdades sociales impactan las tasas generales de mortalidad de COVID-19.

En consecuencia, con el fin de comprender la verdadera carga de COVID-19, es fundamental considerar los factores demográficos y socioeconómicos y sus consecuencias para la respuesta de salud pública no solamente de Santiago de Chile sino que en todas las ciudades del mundo. Los análisis de los científicos chilenos se basaron solo en datos de la capital de Chile, una ciudad altamente segregada pero esto no significa que esta ciudad, cosmopolita sea una muestra importante en el desarrollo de la pandemia.

Los investigadores chilenos manifestaron que sus resultados se alinearon con la literatura reciente sobre los riesgos de salud desiguales en el ámbito mundial, que ha destacado cómo las poblaciones social y económicamente desfavorecidas son más vulnerables a la carga de las epidemias. La aumentada evidencia sugirió que tales diferencias también se han manifestado en el contexto de la pandemia de COVID-19. También sugirieron que “dado que las vías que modulan estos resultados diferenciales no se comprenden bien, se necesitan con urgencia cuentas integrales, de modo que se puedan planificar estrategias de salud pública más resilientes y con conciencia social antes de futuras pandemias.

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