Hay una tristeza que no hace ruido.
La de mirar un teléfono que no suena. La de esperar una visita que nunca llega. La de tener tantas cosas para contar y descubrir que nadie tiene tiempo para escucharlas.

A veces pensamos que la soledad comienza cuando nos quedamos sin compañía.
Pero no.
La verdadera soledad comienza cuando sentimos que ya no somos importantes para nadie.
Esta tarde, contemplando las montañas de Tafí del Valle, pensé en cuántas personas estarán esperando una palabra nuestra.
Y comprendí algo que me estremeció.
Quizás mañana tengamos tiempo para llamarlas.
Pero quizás mañana ellas ya no estén.
Por eso, no esperes.
Llamá a tus padres. Abrazá a tus abuelos. Buscá a ese amigo que hace tiempo no ves.
Porque algunas personas no necesitan que les cambiemos la vida.
Solamente necesitan saber que todavía forman parte de la nuestra.
SOÑEMOS JUNTOS.
Siempre se puede.

