Cronica desde TindufCrónicasFeatured

El grogy por el gancho de derecha americano: Las alucinaciones del Polisario

Divagaciones

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Esto se llama alucinación o divagación. Sus agentes en el Sahara marroquí, especialmente en Layun buscan y vuelven a buscar: no hay rastro de “carros de combate” ni “pertrechos militares” en las calles de la ciudad. Normalidad que aburridora. La gente y sus labores, la ciudad y sus encantos.

En Mahbes, Farssia, Guergarat etc misma normalidad, misma tranquilidad. El Polisario alucina o entrega a aficionados, aprendices y gente en ciernes su propaganda de “guerra”. Descubriéndolo, su quinta columna en Layun u otras ciudades del Sahara marroquí han comenzado a desmarcarse de las subdesarrolladas ¡milicias que no sabe ni mentir. Ven atónitos lo que su Polisario trata infructuosamente de ocultar: países africanos, árabes e incluso Haití latinoamericana que abren consulados en Layun o Dajla.  Se necesita ser o bien, ingenuo o bien idiota para no descubrir que el mito Polisario está desapareciendo a pasos acelerados. Es la agonía.

En los campamientos argelinos de Tinduf, el mentor y creador aprieta los tornillos en las entradas y salidas. Todo indica que va a comenzar el gran éxodo hacia su país: Marruecos.

Incluso en Rabuni se dan permisos de salida a cuenta gota. “Todo el mundo quiere irse”.

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