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EL HECHIZO Elías D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

Hechizo es la acción de someter la voluntad de alguien o modificar el destino. También es la atracción misteriosa e irresistible que producen sobre alguien los encantos de una persona o de una cosa.

Es la magia para someter la voluntad de varones y mujeres, convencerlos que hagan cosas que habitualmente no harían o aborrecerían.

En el mito griego Circe hechizó a los compañeros de Ulises que intentaba volver a Itaca, su país  y quiso hechizarlo a él, pero no pudo porque Hermes le había dado el antídoto, una hierba mágica llamada moly.

Circe es la mujer maga, que como todas las mujeres magas de la Grecia antigua (Ariadna, Pandora, Helena, Danae) portaban un mensaje encriptado que se iba abriendo a medida que desplegaban el mito desde el lugar que ellas ocupaban.

Estaban en un lugar superior y desde allí con su poder de seducción hechizaban.

Toparse con la hechicera es una tentación, una distracción en el camino.

Entonces el individuo, el grupo, la comunidad afectada por el hechizo vive en el mito y el mito se le vuelve realidad.

Es totalmente irracional, por lo tanto muy difícil de contrarrestar, salvo que en el plano del sentimiento, de los afectos del corazón se logre un influjo similar

En los primeros siglos de nuestra era en Egipto existía el hechizo como parte de un sistema para someter la voluntad de las personas, que tenía por objeto hacer arder el corazón, con un conjuro que invocaba el agua, la tierra y los demonios, y asimismo lograr que hicieran lo que el que conjuraba deseaba.

El hechizo ponía a la persona o a la comunidad en manos de la hechicera.

En nuestro mundo actual, en nuestra post modernidad existen mitos, hechizos, hechiceras y hechiceros que afectan a las personas, a ciertos grupos y a comunidades enteras.

Hay un gran poder de seducción, y una propensión irracional al sometimiento al mito, a lo desconocido, a lo que logra evadirnos de la realidad, muchas veces agobiante y trágica escapando más allá de nosotros mismos.

El hechizo está vinculado fundamentalmente a la ignorancia y a las situaciones que afectan a las personas y a las comunidades, en especial, la pobreza, la vida sometida, la falta de alegría y de valores, y la carencia de modelos culturales, existenciales y sociales.

El hombre vive mal, se siente mal, y no logra salir de esa rueda que gira sobre si mismo y lo desgasta y anula.

Cree que es imposible que salga por sí de su situación y abandona la racionalidad, entregándose a pensamientos y sentimientos que lo entristecen y embargan de angustias.

Entonces surge la magia de lo irracional, de lo desconocido, de lo que no puede comprender, pero que lo seduce, lo calma y lo atina en otra forma de poder soportar la existencia.

El individuo y los pueblos muchas veces recurren a este mecanismo de transferencia de la realidad para poder soportar angustias insoslayables, en especial la pobreza, la miseria, la injusticia y la desazón.

La falta de educación y la situación crítica de los grupos en la sociedad, hacen que se genere el hechizo de quienes saben aprovechar las debilidades y las carencias del pueblo.

Pero como se sale de esa situación; como se logra establecer un vínculo racional y equilibrado entre el poder y el que lo acata.

No hay otro modo que una buena educación, que brindarle a todos sin excepción la sabiduría necesaria para que puedan pensar y elegir por si mismos, que es la única manera de ser libres.

Que vaya acompañada de un sistema social que respete la libertad, la justicia, el equilibrio y la voluntad de cada uno.

Es una tarea titánica, porque hay que entrar en el fondo del alma, bucear en los sentimientos del ser, y convencerlo que debe ser quién es, por él mismo, y que debe ser respetado en su concepción y en su elección.

La tentación del hechizo es enorme, la satisfacción del hechizante es fabulosa, y la aceptación del hechizado completa.

Es una fuente de placer, perverso, retorcido, que hace detener el progreso de las comunidades y retroceder en los valores individuales y la dignidad de la persona humana.

En la actualidad existen innumerable variantes del hechizo, todas guardan la connotación social que viene desde la antigüedad; se nutre y se desparrama en la comunidad, en especial aquellas que se encuentran partidas o desequilibradas, donde hay unos y otros que no comulgan, o mayores o menores, mejores y peores, buenos y malos, adeptos o enemigos.

Tiene connotaciones políticas y económicas, y marca aún más las diferencias sociales.

Más hay un hechizo que puede torcer el destino, es el hechizo del amor, del amor sincero, bondadoso, justo, libre, adecuado a cada cual y respetuoso de la diversidad y la condición de cada uno.

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