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El Kaiser Kais Saíd, Abdel-Wahed OUARZAZI Profesor de economía y analista

Anàlisis

Abdel-Wahed OUARZAZI
Profesor de economía y analista

El Kaiser Kais Saíd (KKS), presidente de Túnez, nos despertaba, al igual que Guillermo II, último emperador alemán (Deutscher Kaiser), con inquietantes improntas totalitarias con su ya consumado golpe de estado.

¿Quo vadis Kaiser Kais Saíd (KKS)?

El KKS había apostado fuertemente en promocionarse, a través de discursos grandilocuentes y controvertidos, en base a un lenguaje retórico y una oratoria propios de dictadores de otros tiempos, blandiendo el dedo índice amenazante contra sus adversarios.

La llamada “Revolución de los Jazmines” puso fin a décadas de dictadura en Túnez para iniciar su transición democrática en 2011. Varios gobiernos fallidos agravarían todavía más la crisis política, económica y social del país. Lo que provocaría la ira de los tunecinos optando por el populista KKS que prometía algo más que el paraíso.

El KKS llegó a la candidatura con una labia hitleriana erigiéndose en contestatario contra todo atisbo democrático. Sus discursos prepotentes, muy discutidos por la prensa, levantaron controversias por su falta de respeto hacia sus contrincantes mostrándose así desafiante a todo pensamiento opuesto.

Al ganar las elecciones presidenciales en la segunda vuelta contra Nabil Karoui, el KKS se convirtió en el primer independiente electo que alcanza la presidencia de la República. Seguidamente, el 25 de julio de 2021, dio su golpe de estado suspendiendo el Parlamento y destituyendo al jefe del gobierno, Hichem Mechichi. Y cuando el poder judicial se rebeló contra él, destituyó a más de 60 magistrados acusándoles, sin prueba alguna, de corrupción y connivencia con el terrorismo.

Aquello fue el inicio de una deriva desenfrenada hacia el totalitarismo en medio de una crisis política, económica y social alarmante. Prohibió viajar a políticos, detuvo figuras destacadas, cerró medios de comunicación y redes sociales de la oposición y desmanteló varias organizaciones que se oponían a las medidas del presidente.

Más tarde se aprobaría la nueva Constitución, votada por tan sólo un 27% de los censados, tras el llamamiento al boicot de la oposición. Lo que demuestra el poco apoyo que tenía este dictador, quien confeccionó un texto constitucional a su medida, desmantelando el espíritu de la Primavera Árabe y, por ende, la incipiente democracia tunecina. Una Constitución que no ha hecho más que agudizar la división del país y deslegitimar el poder de este tirano.

Ya antes del referéndum constitucional, estallaron coléricas manifestaciones por todo el país, saldándose con detenciones masivas. Las sospechas de una Constitución autocrática, de corte presidencialista, que otorgaba amplios poderes al presidente y un control absoluto de la nueva “república del Kaiser Kais Saíd”, se confirmaron. Un poder, que se articula preferentemente alrededor de los decretos-ley propuestos al Parlamento por este autócrata. Un informe elaborado por la UE sentenció que las derivas del KKS eran profundamente lesivas para el pequeño país norteafricano.

Túnez lleva muchos años recurriendo al FMI para resolver sus dificultades económicas y financieras. Y el dictador ha vuelto a solicitar urgentemente una refinanciación para evitar el hundimiento del país. Ya que, sin la cual, las reservas internacionales de Túnez irían a pique. Y las perspectivas indican más depreciaciones del dinar tunecino, un aumento de reembolsos y de cargas asociadas a la deuda soberana. Las reformas planteadas por el FMI para sanear la economía del país podrían hacer mella en unos ciudadanos ya empobrecidos, además de amenazar la paz social y la estabilidad política.

Este panorama, caótico, lo aprovecharía la Junta Militar argelina para aumentar más la tensión en la región. Argelia había amenazado con el corte de gas para la red eléctrica de Túnez y con mantener el cierre de fronteras. Esto último impedía el comercio mayoritariamente tunecino.

Presiones que se disolvieron en promesas, que el presidente títere, Tebboune, propuso al KKS, además de 150 millones de dólares en depósitos en el Banco Central Tunecino (BCT).

Así, el KKS, en su desesperación, vio cómo el precio del gas subía y del que depende absolutamente el país tunecino para su red eléctrica. También vio la billetera de una Argelia que se está forrando con beneficios caídos del cielo. Igualmente vio cuán está sufriendo la Junta militar argelina en reanimar al agonizante grupo terrorista del Polisario.

El poder político-militar argelino, en su proceso de autodestrucción, está siempre dispuesto a entregarse al mejor postor. Además, ahora que sus arcas están llenas, las va a vaciar, de nuevo, en la compra de voluntades en detrimento de su sufrida población.

Claro está, en estas condiciones, el KKS es una inyección más de eutanasia en el trasero de una Argelia que lleva años en modo suicidio. Ante esta debilidad, el tirano tunecino no ha dudado en aprovecharla recibiendo al terrorista Ghali, presidente de una república imaginaria.

Hoy, el KKS está “a pedir de boca”, porque al otro lado le esperan cheques nominativos ya librados. Acabará forrado y los tunecinos empobrecidos. Un pueblo muy querido por los marroquíes. Es más, la querencia es recíproca que el KKS acaba de traicionar.

Este tirano no tenía ningún motivo para enemistarse con Marruecos, pero sí muchas ansias de protagonismo. Su cambio de postura, interesado, no deja de ser un pan para hoy y hambre para mañana. Una decisión, delicada, que rompe la política de equilibrio entre los vecinos. Y el alineamiento con Argelia contra Marruecos supone, además de una estupidez diplomática, un suicidio político.

¿Tan mal está el país tunecino para que el KKS acepte este infame trueque? Lo que sí es evidente es que los totalitarismos se atraen y el tirano de Túnez acabará abrazando el bando ruso (Cuba, Venezuela, Argelia e irán). De hecho, no cesa de rehuir y contestar groseramente las advertencias de la comunidad internacional para que vuelva al redil de la democracia.

El KKS está haciendo de Túnez su propia exhibición, exponiéndolo al aislamiento y a grandes dificultades de carácter político, económico y social. Y en efecto, su egocentrismo le aleja del verdadero proyecto de país y precipita irremediablemente su caída.

A diferencia de Guillermo II, quien fue victima de su charlatanería, el KKS será derrotado, además, por la inercia de sus propios actos.

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