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  “EL MAR Y EL ÚLTIMO SOLITARIO” Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna de infomarruecos.ma

  

Lejos de mis ensueños y letargos que me inspiraron a volar y la imaginación encendida por el deseo de escribir. Sin más compañía que el silencio y el rasguñar de un papel en blanco, mi corazón empieza a hablar.

Me invade la soledad. Esa nostalgia y añoranza con nombre de mujer, de virgen, de copla, de tristeza me acompaña. Sonido solemne que convoca a dolores y angustias sufridas en el desamparo. 

En esa la lejanía de los consuelos que brindan los corazones, me pierdo en la madrugada. La pluma y el papel son mis únicos testigos. Camina  el alba con el peso de mi alma. El senderito de mi  inspiración se hace confuso y el  ensueño aflora con sentido. La soledad se agiganta entre las abismales grietas del inmenso océano que en alucinación diviso.

Como  una gota de agua o una mariposa blanca sobre  el manto de seda azul, una sombra fantasmal  aflora del mar refulgente. Un desconocido sin forma ni color emerge de las espesas espumas encrespadas. Trozos de ánforas, estrellas de mar, rocas, montañas y pinos de Galicia se agitan a su alrededor. 

Es Manfred el último eremita. La mitología gallega se estremece ante su nombre como un árbol cósmico entre el mar, la tierra y el cielo. En las tierras del apóstol un sueño profético se hace realidad. Entre los acantilados e islotes se observan figuras encorvadas buscando al marisco apetecido.

 Desde lo alto, se divisa la  frágil figura fantasmal que chapotea entre las peñas donde rompe el oleaje y se sumerge como un niño entretenido en las heladas aguas de la costa de la muerte. La imagen se muestra indiferente, como un extraño embriagado de mar, viento y horizonte que dibuja con sus manos esculturas de piedras uniformes. Entre el silbido del viento y los colores de la marea, e l hombre alza  su mirada. Su  rostro de mar y piel era ajeno a esta dimensión en donde los sentidos cobran vida.  Es “Man” el ultimo  anacoreta.  El que a modo de Diógenes, el excéntrico filósofo griego que viviendo en su barril, con su manto, zurrón y báculo desafío al mundo con su libertad sin límites. Manfred de Camelles el rebelde con causa, que se despojó de todo y abandonó el mundo para encontrarse con el planeta. Su barba y cabellera enmarañada, se confunden entre las fuerzas salvajes de las olas y la maleable roca marina.

El loco gallego  vestido con su eterno taparrabos  recorre la costa entre el oleaje marino en busca de los restos que el mar traía. Las vértebras de cetáceos, las astillas de barcos y maderos de otros hemisferios, eran su tesoro. Las piedras y agua  eran su hogar y su obra de arte. 

Una  maraña de  colores, formas y  restos fueron tomando forma. El mar se había convertido en su compañera,  su nido y su paraíso. Él atlántico del norte lo había atrapado para siempre. El lodazal de petróleo derramado sobre  su paraíso  fue su destino cruel.

El mal genio de un mar embravecido, y el pantano negro del petróleo extendido nunca  pudieron desmembrar los colores de su arco iris. Vivió siempre en libertad, braceó contra corriente y  alcanzó la felicidad absoluta. El  mundo  fue su casa y el árbol, las piedras y el mar su choza. 

El último ermitaño será  siempre una roca inmóvil contra la cual se rompen en vano todas las olas. Tímido y solitario, envuelto de viento, sol, mar y  rocas alcanzó su felicidad eterna.  

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