Cronica desde TindufCrónicasFeatured

« El Polisario, la decadencia de una organización congelada en el tiempo »: Avanzado estado de descomposición

Coletazos!

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna pueda llegar.

 

En un inconfundible esfuerzo de desesperación, la cúpula de la milicia del Polisario trata de “satisfacer” al mentor argelino que, dicho sea de paso, cree, cada vez menos, en la capacidad de su criatura a levantar la cabeza.

Cuatro gatos españoles por aquí, otros por allí, muchas banderas y un tanto de slogans cubanos del comienzo de la revolución no parecen convencer al mentor que, como antes dicho, gasta, cada vez menos, en esta pérdida empresa separatista.

¡Coletazos! En la cúpula todos quieren irse. Los sobornos y las amenazas no parecer persuadir a nadie. La nave toca fondo y los mentores no parecen dispuestos a seguir en el desastre polisarista. La “generosidad” del difunto coronel Gadafi se fue con él. Peor que ayer, mejor que mañana. El juego gira ahora en torno a quién quiere presentarse a jefe de la milicia. Las amenazas y la coacción van a dejar, mascara por aquí, mascara por allí, al refugiado Al Ghali Al Mustada Assayid, único al frente de la banda y de la ayuda humanitaria internacional.

Lo que mal ha comenzado, mal termina. Las ratas ya han comenzado a subir a bordo del navío a la deriva.

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