Cronica desde TindufFeatured

El Polisario o el imperio del horror: “Derecho” a torturar

Caraduras!

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Hablar de derechos humanos en Tindouf suena como un pulpo en un garaje. ¿Acaso pueden evocar derechos humanos los que militarizan a los niños, matándolos en cursos sobre manejo de explosivos o los que venden a los hijos de los demás para su evangelización en España en nombre de unas vacaciones ficticias?

¡Caraduras y sin vergüenzas, ellos y los que los protegen o apoyan! Que se acerquen a las prisiones, mazmorras y cárceles subterráneas en pleno desierto o a los centros de detención en Argelia. Miles de jóvenes sufren inimaginables torturas físicas y mentales solo porque se atrevieron a expresar una idea….

Ellos bajo tierra en temperaturas que superan los 45 grados y sus verdugos de la cúpula del Polisario en piscinas de hoteles de cinco estrellas en Las Palmas o en Vitoria.

Y las familias… y los padres llorando por un hijo destrozado cuando aprendía a manipular explosivos o convertido a cambio de un puñado de euros en los, diferentes puntos de Andalucía bajo el disfraz de una “vacaciones para todos”.

Hablan de derechos humanos cuando, desde sus prisiones o de sus mentores argelinos surgen voces susurrando oraciones para que Dios Imponga su justicia.

Las organizaciones internacionales condenan, pero ellos siguen matando… siguen torturando… siguen desafiando la voluntad de la comunidad mundial y sus valores éticos y morales en el respeto de la vida humana.

Ellos creen que tienen derecho de torturar… de asesinar y de hacer sufrir.

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