Cronica desde TindufCrónicasFeatured

El Polisario y su “Congreso” Un apéndice en muy mal estado

Prohibido pensar!

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

La ingratitud es una forma de ser de los miembros de la cúpula del Polisario. Es de notoriedad pública. Lo demostraron en más de una ocasión, con más de uno. Pero, nadie en estos tristes campamentos podía imaginar un día que esta ingratitud alcanzara un día, como ahora, al mentor y tutor argelino.

El coronel Ghadafi ha muerto. ¡Viva quien de más! Resulta que algunos “altos cargos” de lo que queda del Frente Polisario no se ocultan para acusar a Argelia de “no hacer nada” y de “ser incapaz ante Marruecos”.

Uno de estos “altos cargos” ha sido convocado e interrogado en una mazmorra de Rabuni, conjuntamente, de manera humillante por elementos de la inteligencia militar argelina y su homóloga polisarista.

Cuentan testigos oculares que el hombre no se acordaba hasta de su propia madre. Sus verdugos le “inculcaron”, durante tres días en una mazmorra, las lecciones de cómo se debe respetar religiosamente a Argelia. 

Los mismos testigos oculares afirman que el hombre no era el único en la jerarquía del apéndice argelino, que pensaba así, “pero en Tinduf, es determinantemente prohibido pensar”.

 

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