Cronica desde TindufCrónicasFeatured

El Polisario y su mentor Acorralados

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

Un militar argelino, destacado en los campamentos de Tinduf se preguntaba en jun alarde de desafío y desprecio a sus anfitriones polisaristas: “¿Hasta cuándo este despilfarro?”.

Menos de 24 después, el hombre había desaparecido, siendo, según sus colegas, “llamado a otras misiones”. Aun así, otros, desafiando el orden establecido por el antiguo-actual régimen en su país repiten la misma consigna.

En Tinduf, amos y domésticos piensan lo mismo. Otra cosa seria revelarlo. “Esto puede costar la vida”, comen taba un dirigente del Frente “harto hasta las coronillas” como se autocalifican él mismo.

Sin ilusión… sin esperanza. El ímpetu de los 70 ha desaparecido y con él lo que afirmaban los dirigentes antes de enriquecerse ilícitamente a expensas de esta pobre población.

“Hoy no hay más que los incrédulos o los tontos que creen aun en las promesas de Ghali y sus caciques”. Afirmación de M.BLV quien dio más de tres cuartos de su miserable vida al Polisario y sus fechorías, que, por otra parte, resume el estado de animo de la gente y de gran parte de sus dirigentes.

Marruecos está cerca y os espera.

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