Cronica desde TindufCrónicasFeatured

El Polisario y sus alucinaciones ¿A quién quiere engañar?

Desequilibrio mental

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Desde el episodio de El Guargarat y la vergonzosa huida en todas direcciones, a la cúpula del Polisario no le quedan más que “guerras virtuales”.

Ayer volvió a anunciar un ataque contra este puesto de amortiguamiento. Inmediatamente después, las FAR, aunque era innecesario, dio, pruebas en la mano, que El Guergarat nunca fue atacado.

¿A qué juega el Polisario? O mejor dicho ¿Qué le queda por jugar? Las poblaciones de este gulag argelino de Tinduf ni son ingenuos ni son perezosos. Los “ataques” del Polisario son comentados de diferente tono den ironía y de vergüenza. Nadie en estos campamentos ignora que, a excepción de chiquilladas y de fanfarronadas, el Polisario es incapaz y el mentor argelino lo sabe y se lo dio a conocer.

Justifican el sueldo. Los generales de Argel ya les dijeron que no sirven para nada. Ayer mismo recurrieron a las pruebas marroquíes.

Allí no pasa nada. Pero algo se debe inventar. En Argel no son pocos los políticos que creen que los días del Polisario son contados.

Entre amo y doméstico parece que ka corriente pasa cada vez menos.

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