Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
Ni siquiera el refugiado Al Ghali Al Mostafa Asayid, jefe de la mafia polisarista cree aun en el proyecto separatista de Argelia en el Sahara marroquí.
Como ratas en el momento del naufragio los caciques son los primeros que, si no intentan porque es peligroso, preparar el “día siguiente”.
Próximos colaboradores del jefe de la milicia, han revelado que, a pesar de las garantías del mentor argelino, Al Ghali vacila en cuanto a sus próximos pasos. Sus fieles le aconsejaron que esto se ha acabado y que solo queda Argelia que trata de picotear algo.
Algunos de estos dirigentes ya le han aconsejado al jefe de la milicia que “antes de que sea tarde, debemos abrir un canal de negociación con Marruecos lejos de Argelia y lejos de sus cálculos». La suerte de los que se han atrevido a pensar en voz alta no se conoce hasta ahora.
Importante fracción de la dirección del Polisario cree que la solución consiste en descartar a Argelia y ocuparse la banda armada personalmente de sus “asuntos”.
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