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EL PROBLEMA DEL OTRO Elias D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

Una de las formas de entender la vida, es considerarla como un problema que debemos resolver, como un camino a recorrer que nos plantea proyecciones, decisiones, dificultades y contratiempos.

En esta consideración es necesario sostener como previo análisis, que la vida no se recorre en soledad.

Es decir que no podemos sostener que nuestro recorrido es independiente de los demás, del otro, de los semejantes que nos rodean, como de la naturaleza, el hábitat en el cual nos movemos.

Es cierto que la consideración esencial, como la mayor responsabilidad, que surge de nuestra condición de libres y de hombres dignos, es nuestro camino, nuestros problemas, nuestras dificultades y nuestras decisiones.

Pero esa consideración no puede obviar el carácter social de todos nosotros, y la alteridad en la que cual existimos.

Los problemas surgen de las dificultades propias de la condición humana y del crecimiento; la dificultad puede ser consecuencia de circunstancias nuevas que ignoramos, de errores de apreciación o de soluciones, o de actitudes externas que conspiran en contra de nuestras decisiones.

El primer problema surge en el nacimiento, conocido como el trauma del canal del parto. El feto está cómodo en el vientre materno, nadando en el líquido amniótico, sin dificultades y sostenido por su madre, de repente es expelido al exterior y para subsistir debe adaptarse y aprender de inmediato su nueva condición.

Debe respirar, y llora, como consecuencia de su cambio de condición de confort a la condición de ahí esta tu vida, arréglate, vívela.

Es un problema pero una gran bendición que nos permite realizarnos como personas.

A partir de ahí y con la ayuda de nuestros progenitores, cuidadores, familiares y quienes nos acompañan aprendemos a enfrentar y solucionar los problemas de la vida.

No son sólo nuestros, hay problemas cruzados con problemas ajenos y también problemas de otros que nos aparecen.

¿Qué hacer? Ser responsables de los problemas de los otros, no significa tomarlos sólo como nuestros, o pretender que nosotros podemos solucionarlos, porque el otro no puede o no sabe.

Significa ponerse en el lugar del otro, y junto con él y con su criterio y su deseo lograr las soluciones adecuadas.

El problema dispara un impulso, el motor anímico que mueve nuestra voluntad, acompañado por lo que somos, lo que pensamos y creemos.

Nos vemos enfrentando a la adversidad, en nosotros y en nuestros hermanos, los otros, y depende de como afrontemos el desafío, la correcta o incorrecta solución al mismo.

El problema del otro nos plantea la disyuntiva de comprender quienes somos en realidad; porque como resolvemos nuestros problemas será también la manera como intentemos resolver con nuestros hermanos sus problemas.

¿Qué nos impulsa? El miedo, el rencor, la disputa, el deseo de sobresalir, de ser el Salvador, o la armonía, la conciliación, la bondad y la solidaridad.

El rescate del otro, involucra el rescate de uno mismo, con la realidad de sentirse necesitado para que en conjunto, en común se resuelva su problema. Es distinto que sentirse necesario, como una asimetría desigual con nuestro hermano.

Porque sino la asistencia lograría una frustración en él, se consideraría incapaz, y necesitado de permanente ayuda, lo cual no es así.

Todos nosotros estamos en un camino, cuyos eslabones se proyectan en nuestra historia y en la historia de la humanidad.

Esos eslabones logran que cada uno pueda capacitarse a partir de la colaboración de quienes pueden dar la capacitación.

Así como a nosotros nos capacitaron asi debemos nosotros capacitar a los demás para que puedan resolver por sí sus propios problemas.

El problema del otro es nuestro problema, porque todos los problemas de los hombres son comunes, y todos vamos juntos recorriendo la misma senda en pos de nuestro crecimiento, de nuestro progreso y de nuestra felicidad común.

No puedo ni debo crecer si tu no creces conmigo, no puedo ser feliz, sino acompaño con mi felicidad la felicidad de mis hermanos.

El misterio del ser, es que no sólo es, sino que somos, un conjunto de hermanos, que vive, crece, sufre, disfruta y es feliz en comunidad.

El otro

El otro soy yo

si no lo comprendo

perdido estoy

Creo vivir mejor

solo queriendo

mí propio confort

Pero en el hondon

del corazón sediento

se siente el clamor

de quien espera amor

del hermano hambriento

de quien no es yo

más el mismo dolor

o la alegría que siento

es para los dos

 

 

Elias D. Galati

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