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“EL REGRESO A LA LEY DE LA SELVA” Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna infomarruecos

« Estamos dispuestos a dejar nuestra sangre en la calle »

 « Hablar ahora y no lamentarme cuando empiecen los saqueos ». 

 Es lamentable y preocupante escuchar a un dirigente social en una situación tan crítica como la que atraviesa la Republica argentina con epítetos  como Sangre en las calles y eventuales saqueoscomo aquellos tiempos no muy lejanos que todos queremos olvidar. Me refiero a Juan Grabois, un abogado, escritor y referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. En las sociedades primitivas los hombres se hacían justicia por sí mismos. Las sanciones que se imponían eran ilimitadas y no guardaban ninguna proporción con el daño causado. Después hubo un progreso. Vino la famosa Ley del Talión, con la célebre fórmula del ojo por ojo y diente por diente. Pese a lo bárbara que hoy nos parece, ella (la Ley del Talión) representó un gran avance en comparación con la represalia ilimitada anterior, porque estableció, al menos, una proporcionalidad entre el daño inferido y la respuesta de la víctima. Fue, de alguna manera, una limitación en el ejercicio de la justicia por mano propia. Más tarde nadie pudo hacerse justicia por sí mismo. Debió acudir al juez a que la hiciera. El viejo precepto del Derecho Romano de que nadie debe ser juez de su propia causa, es una ardua conquista de la humanidad en el tiempo, es una esencial conquista del Derecho. El Juez es el que posee la autoridad para instruir, tramitar, juzgar, sentenciar y ejecutar el fallo en una causa. Nunca la parte ofendida puede arrogarse el derecho de ser juez en su propia causa porque nunca podría ser objetiva ni imparcial. Ser juez es tener la prudencia de lo justo, es tener la virtud moral y el criterio ético suficiente para discernir lo justo de lo injusto; es contar con criterios objetivos para aplicarlos a situaciones concretas. El acto y sus consecuencias deben imputarse al actor, quien debe responder por ello. Para la justicia, todos los hombres tienen derechos iguales en tanto son seres humanos. Sin embargo, para algunos, no todos los hombres son iguales. ¿Qué tipo de hombre o civilización es la proclama una venganza primitiva con derramamiento de sangre inocente o no? El viejo principio de la ley del más fuerte. La infracultura del poder de saqueo o impunidad constituye el elogio de delitos que ofician de justificación moral y revancha social. El reclamo  de sangre en las calles o la eventualidad de saqueos o estallidos sociales es como un culto al castigo justiciero, justificado, racionalizado, más allá de toda convicción legal, ciudadana, religiosa o moral. La justicia por mano propia presupone la denegación de defensa, el retorno del poder de muerte a manos de la sociedad civil sectorizada en clases. Si la mano  de quien detenta el poder deviene fácil y recesiva, entonces una mano propia debe autorizar de facto el poder de fuego ciudadanoSe quiere a la justicia por mano propia como una restitución al ciudadano victimizado. Esta trágica retroacción constituye la diversificación del monopolio en gatillos fáciles sectorizados. Supone una vuelta al discurso de predominio de la ley del más apto en cuanto a las propias manos y un regreso de la ley de la selva a la que todos debemos impedir.

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