Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
40 países del Consejo Mundial de Derechos Humanos apoyan la marroquinidad del Sahara.
África, cada vez más marroquí, menos argelina. El mundo descubre con estupor, la impostura argelina. Fuente de grandes problemas, su milicia del Polisario o lo que de ella queda, pierde peso hasta en el gulag argelino de Tinduf.
Como dice el refrán marroquí: si ves el tamborista precipitarse es porque la música se acaba.
El régimen militar argelino está entre dos salidas: o bien optar por abrir los ojos y el sentido común o bien ir hacia donde los argelinos no desean y no merecen.
Ni Changriha cree aun en la posibilidad de poder arrebatarle su Sahara a Marruecos. El falso problema ha sido definitiva y debidamente zanjado.
Sin Sahara marroquí y sin Marruecos ¿Qué le queda a Argelia?
Lo dijimos a menudo: Mañana puede ser tarde… muy tarde. No hay ni olor de posibilidad. Todas las dilatorias maniobras le han quedado en agua de borrajas. Seguir sería un suicidio.
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