Cronica desde TindufCrónicasFeatured

El Sahara y la España (nuevamente) de pandereta ¡Lamentable!

El precio de ciertas coaliciones

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

En España, desde 1975 se han sucedido muchos gobiernos, de derecha y de izquierda, pero nunca una coalición tan enigmática y abstractamente variopinta como la actual.

Desde Adolfo Suarez e incluso antes hasta Pedro Sánchez, pasando por Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy, o José Luis Rodríguez Zapatero nunca ha habido un vice presidente tan inepto como inapropiado.

La ideología del cachondeo… España se merece más y mejor. Pero, en fin. Marruecos ha cohabitado con otros monos y otras camisas a flores que sacaban del irrealismo y de la anacrónica su fuerza y sus argumentos. Todo el mundo en España sabe cómo se ha acabado. España y marruecos han podido construir una relación estratégica al amparo de Podemos o no Podemos.

Amistades e incluso solidaridades peligrosas, hay intereses supremos de la nación y ambiciones de un partido. Confundir entre ambos sería peor que un crimen, un error.

El creado por Argelia por obvias razones y finalidades geopolíticas, problema del Sahara dura desde hace casi 46 años, gracias a incongruencias de unos y los malos cálculos de otros. Para vislumbrar un desenlace hace falta más que un mono y mejor que una camisa a flores y pantalones vaqueros.

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