Dicen los historiadores, que cada tiempo tiene su signo, un hecho extraordinario, una circunstancia o una forma social de vida.
Pero hay un signo que atraviesa transversalmente la historia, es la pobreza.
Siempre hubo pobreza, siempre hubo pobres y parece que siempre los habrá.
Me impacta el relato evangélico, cuando Maria Magdalena hecha un costoso perfume en los pies del Señor, y los discípulos protestan diciendo que ese dinero podría haberse empleado para los pobres, el Señor les contesta a los pobres siempre los vas a tener.
La pobreza se define como la necesidad, la estrechez, la carencia de lo necesario para el sustento de la vida, y el pobre como un necesitado, o menesteroso, que no alcanza al digno nivel de vida.
Sin embargo el mundo no es pobre, si tomamos en cuenta los recursos naturales, la riqueza de los suelos, de la tierra, y todo lo que se produce en ella, como en el mar y en el aire, hay un superávit excesivo sobre las necesidades de la vida en este mundo.
Entonces, que es lo que impide crear un sistema, una forma de vida, una sociedad que permita que todos puedan vivir bien y no haya pobreza.
Porque el tema, como muchas de las circunstancias que rodean a las sociedades e inquietan a los hombres, no es solucionar la pobreza, sino generar condiciones de vida donde no haya pobreza.
Pero la historia y los tiempos que vivimos, nos golpean con la dura realidad, hay pobres, y siempre hubo pobres.
¿Es una condición humana?
Evidentemente no, el hombre ha sido creado para vivir dignamente, ser feliz, procrear y valerse de su trabajo para un buen pasar.
Que es lo que impide generar condiciones de vida dignas para todos, evitando la pobreza.
Porque en el mundo no solo hay pobreza, también hay miseria, y condiciones indignas de vida en muchos lugares.
Podemos señalar diversos motivos para ello, problemas de distribución, de poder, de acumulación de riqueza, de ganancias desmedidas, de discriminación tanto personal, como social, como de grupos o comunidades enteras.
La tierra sobra, pero hay lugares despoblados, como otros densamente poblados, donde la gente vive apiñada.
Las riquezas sobran, pero hay muy ricos y muy pobres, demasiado pobres, indigentes.
No ha comprendido el hombre que la vida es comunitaria, que es de todos, que como vivan los demás también es como debe sentirse uno.
No ha comprendido que todos somos hermanos, que tenemos la misma dignidad, los mismos derechos, y merecemos la mejor vida.
En lugar de generar un mundo de belleza y felicidad, hemos creado lugares donde la vida es imposible, tan inhóspitos que cuesta vivir.
Hemos generado comunidades de una pobreza tal que afecta a la dignidad humana, que hiere al sentir y al honor de la persona.
Todo lo cual acarrea el segundo signo transversal de la historia, la violencia.
Porque si bien el hombre debe amar la paz. siempre hubo violencia.
Porque se viola sistemáticamente un principio elemental que es la justicia, y si hay miseria e injusticia habrá violencia.
La pobreza no es justa, no hay justicia en una sociedad si hay pobres, pero en todas las sociedades hay pobres, y todavía no se encontró un sistema que impida que se genere.
Recorro la historia de la humanidad, en las crónicas de todos los tiempos y todos los lugares de la tierra; recorro las calles de mi ciudad, de mi país y de los países de la tierra, encontrando en todos un lugar común, las diferencias en la vida de las personas, la pobreza y hasta la miseria extrema.
Es el signo de los tiempos, contra el cual algunos hombres quieren luchar y convertir, pero acaso no habría que pensar en constituir un modelo social adecuado, equilibrado, lograr que todos puedan vivir bien, sin pobreza.
Me vuelvo a preguntar, que quizo decir el Señor cuando dijo a los pobres siempre los van a tener consigo.
Acaso una amonestación, una condición para que no olvidemos nuestra responsabilidad y nuestro deber.
Si hay pobreza, es porque también nosotros somos pobres, pobres que no hemos sabido construir un mundo de justicia, equilibrio y paz.

