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Elpais (Jugo Naranja) PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS El artista sudafricano William Kentridge, premio Princesa de Asturias de las Artes

El polifacético creador cuenta en su obra con sus dibujos, pinturas, grabados, ‘collages’, esculturas y fotografías

Como los grandes pintores del Renacimiento, William Kentridge (Johannesburgo, 1955) fue capaz de dotar al dibujo de un poder de cambio, una herramienta al servicio de la emancipación social. Casi sin querer, fundó una Accademia de seguidores enamorados de su trazo obsolescente, consiguiendo el reconocimiento de un formato nunca suficientemente valorado desde la modernidad.
 
William Kentridge es descendiente de lituanos y alemanes judíos. Sus bisabuelos fueron un profesor de hebrero y un shochot (matador ritual) en Ciudad del Cabo, y su padre un prestigioso abogado especializado en la defensa de las víctimas de torturas durante el apartheid. Profesor de grabado, actor, guionista y director de cine y teatro, Kentridge vive y trabaja en Johannesburgo. En 1999, el Macba presentó su primera retrospectiva en España. Desde entonces, su obra ha estado presente en exposiciones y eventos a lo largo del planeta, con una recurrencia a menudo desgastante desde que el avance en las técnicas de la imagen digital ha ido en paralelo con una mayor estimación de determinados recursos pasados de moda, en esa tendencia anti-disneyzación del cine y el dibujo (Raymond Pettibon, Tacita Dean, James Coleman).
El enfoque de los dibujos de William Kentridge no es una línea, como cabría en un digno heredero de Hogarth, sino el borrado, por el cual las huellas de las líneas vagas e ininteligibles permanecen en la página, formando una niebla de carboncillo. Este tipo de revestimiento se denomina “palimpsesto” y fue usado en las más tempranas técnicas de grafismo hechas por el ser humano, en las cuevas donde se representaban animales superpuestos unos sobre otros, como los bisontes que tapan grupos de presas. Cámbiese animales por personas fusionadas, superpuestas o divididas, como un comentario a las muchas cuestiones identitarias.
El artista convierte ese pastel de capas difusas en un dibujo animado que proyecta sobre una pantalla, en la que los personajes vuelven a aparecer y desaparecer como si rodaran por el tambor de un zootropo. El propietario de minas Soho Elkstein, el artista Felix Teitelbaum (que mantiene un idilio secreto con la esposa de Elkstein) o la topógrafa negra Nandi son algunos de los personajes creados por Kentridge en películas que se alimentan de historias del contexto de su país y el postapartheid, en una era de postnacionalismos y de responsabilidad europea en la explotación del continente africano. Kentridge es el ejemplo de cómo una trabajo que desde los setenta se mantuvo en una distancia geográfica y conceptual del centro, acaba siendo central en el arte contemporáneo.
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