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Emigracion/Inmigracion: ni un solo dia sin pensar en los niños Imrani Idrissi Hamid

La información que se difunde en varios medios y durante varios periodos de tiempo puede servir para que la sociedad tome conciencia de cierta problemática, pero luego vuelven a relegarse al olvido en pos de otras informaciones más novedosas o que requiere la actualidad del momento.

Imrani Idrissi Hamid
Pero no queremos que se olvide la problemática que hoy ponemos sobre la mesa por llevar varios años sucediendo. Sus protagonistas, los más vulnerables,  merecen no caer en el abandono: los niños.
Son más de 10.000, según las cifras citadas en enero de 2016  por la agencia de inteligencia policial, Europol, los niños desaparecidos al cruzar las fronteras europeas.
1 de cada 3 refugiados o migrantes que llegan a Europa es un menor.
La huida de sus países de origen de muchas personas, en su gran mayoría por conflictos bélicos o por una situación de violencia y persecución o por motivos de hambruna y penuria económica, hacia lugares donde esperaban ser acogidos y dónde mejorar su situación indescriptible e insufrible en muchos casos, ha chocado con otra dura realidad: el caos de la organización en los países de llegada, donde pocas agencias registraban la entrada, fallo de las autoridades de las fronteras a la hora de aplicar las leyes…
¿Y los niños palestinos? Refugiados y reprimidos en su propio país
1 de cada 3 refugiados o migrantes que llegan a Europa es un menor.   
Y  estos son datos que en un primer lugar puede asombrarnos, pero que requieren  un ir más allá y exigir respuestas: ¿Dónde están? ¿Qué ha pasado con estos niños 10.000 niños perdidos?
La ciudadanía es sensible en general a las historias donde la muerte y el sufrimiento alcanzan a los más vulnerables, nuestros niños, porque cada uno de esos pequeños son parte del futuro de la humanidad, protagonistas que no saben de guerras ni entienden por qué está pasando lo que está pasando, vulnerables en todos los sentidos.
El 2 de septiembre del 2015 se materializó todo el sufrimiento de los refugiados en una sola imagen: el cuerpo ahogado del niño kurdo de 3 años Alan Kurdi.  La sociedad empatizó de inmediato y su respuesta fue generosa. Países como Reino Unido, Alemania y Canadá expresaron su intención de aceptar más refugiados, e incluso más líderes europeos aceptaron compartir la responsabilidad de todos los refugiados que llegaban principalmente por la vía de Grecia e Italia.
Pero después de pasar del tiempo, muchas de estas promesas no se han cumplido. La Europa de los valores está tan muerta como el cuerpecito de Alan. Es un grito de desesperada necesidad: que todos los Gobiernos confluyan hacia un plan de acción basado en el principio de la solidaridad.  De nuevo se anteponen otras informaciones que dejan atrás ese dolor, quizá por su insoportabilidad, por considerar quizá al emigrante y al refugiado como una amenaza al Estado del bienestar, pero somos responsables. No porque hayamos iniciado esos conflictos, no porque hayamos embarcado en las pateras a quienes pretenden huir de ellos… pero al menos tenemos el deber y la responsabilidad de exigir a los políticos el mantenimiento de las promesas que hicieron, porque son los representantes y su palabra dada merece crédito. Si dejan a la deriva a miles de personas con las que se comprometieron ¿por qué debemos  esperar que responsablemente respondan a los planteamientos electorales prometidos?
Un ejemplo anecdótico de la forma de actuar en política, donde uno se escuda en su obligación de hacer lo que no quería hacer, lo dio David Cameron al negarse a acoger a 3.000 menores que habían llegado a Europa por alegar que ello produciría un “efecto llamada” y  favorecer así los peligrosos y a veces mortales viajes en los que se embarcan estos niños. Curiosamente, acusado por la oposición por su falta de humanidad, su señora,  Samantha Cameron es embajadora de Save the Children, ONG que viene clamando porque los Gobiernos atiendan al drama de los menores.
Es grotesco pensar que nadie sabe en realidad qué ha sucedido no con uno, ni dos, ni una docena de niños desparecidos. Estamos hablando de 10.000 criaturas  e independientemente de su situación migratoria, sus derechos están consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño. ¿De nuevo se hacen las leyes para dotar al ser humano de toda su dignidad mostrada en los papeles pero sin que se garantice su cumplimiento?
Diferentes ONGs y otras organizaciones de infancia, como Ayuda en Acción, solicitaron formalmente en el Congreso de los Diputados un Plan Europeo de Protección para los menores no acompañados o separados de sus familias. Existe el temor, no desacertado, de que muchos de esos niños hayan caído en manos de traficantes de personas, que terminen empujados a la prostitución o trabajando en condiciones de esclavitud.
Así lo denunciaba jefe de personal de Europol, Brian Donald, “existen mafias de tráfico de menores cada vez más eficaces, con base en Hungría, Alemania, Italia y Suecia. Son organizaciones criminales bien organizadas, que ven en los niños una oportunidad de riesgo bajo y negocio alto”.
Y lo triste es observar que mientras las organizaciones criminales desarrollan su “negocio” de forma “bien organizada”,  la Unión Europea no puede garantizar una acción coordinada, eficaz y basada en la cooperación de todos sus estados, lentitud en sus gobiernos para tomar decisiones, y ni su normativa vigente puede atender satisfactoriamente la dimensión que ha adoptado el fenómeno migratorio. Peor aún, la UE no se está adhiriendo a las políticas que ella mismo creó para proteger a los niños.
“Europa, una madrastra que pierde 10.000 niños refugiados” (Vida Nueva Digital) no es un buen título para expresar lo que está ocurriendo en la civilizada y desarrollada sociedad europea, y aunque estremezca el hecho, este es cierto. Se apunta a que aunque algunos de ellos hayan logrado reagruparse con sus familiares, datos que tampoco quedan recogidos, muchos otros han caído en manos de mafias y organizaciones de explotación sexual y esclavismo, sirviendo de correo para el tráfico de drogas, e  incluso en mafias de donaciones de órganos.
Esta tristísima realidad es confirmada por el responsable de Europol: “Ya hay cárceles en Alemania y Hungría cuya población está casi exclusivamente compuesta por individuos relacionados con el tráfico de personas derivado de la última crisis migratoria“
La política de cuotas que dijo asumir la UE y que se ha incumplido sistemáticamente, asi como las devoluciones en caliente, claramente en contra de los derechos humanos deben servir a Europa para replantearse sus marcos de actuación y la definición de sus funciones.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado este 3 de octubre a España por dos devoluciones en caliente acaecidas en Melilla el verano del 2014. Y lo que más llama la atención es cómo lejos de asumir con compromiso la intención de no volver a incurrir en su falta, su respuesta ha sido la de modificar leyes que le permitan actuar con mayor libertad, aunque eso suponga ir en contra del principio de no devolución y que ha sido criticado por el Comisario de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, sino que más allá,  ante esta denuncia, el Ministro de Interior español,  Juan Ignacio Zoido, respondiendo a una pregunta en el Parlamento español, echa balones fuera y relanza la responsabilidad a Marruecos como si fuera el último responsable de lo sucedido.
Ante esta forma de hacer política difícilmente se pueden hallar soluciones y progresos sociales. De nuevo un llamado a la exigencia real y comprometida de los gobernantes ante los conflictos que tristemente cada vez más inundan el panorama mundial. Mas en primer lugar un llamado a nuestra propia responsabilidad, a no volver la cara hacia otro lado ante las injusticias  y más si estas llevan consigo el rostro de un niño
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