En espera de otro bidenazo en España: Argelia y su diplomacia catastróficamente “visionaria”

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España/Argelia: lo real y lo ficticio
Said Jedidi es periodista y escritor. Director de ingfomarruecos.ma y de conacebntomarroqui.blogspot y embajador de la Paz por el Circulo Universal de Embajadores de la Paz (Suecia/Francia)

Oficiosamente, casi oficialmente (en Argelia se confunden) se da a entender que “Argelia esperará el 23-J en España para restablecer sus relaciones con España”.

Probablemente comenzara con parar la vergonzosa ola de pateras y balseros argelinos hacia España.

En la transición entre Trump y Biden se había repetido la misma canción… la misma redundancia.

De hecho, en España como en Marruecos nadie ha llorado con la ruptura de la junta militar argelina. Mejor aún: se ha congratulado.

Este tipo de enigmáticas ilusiones que en la Argelia del viejo Changriha no sorprenden a nadie, aunque, eso sí, recuerdan lo que ha afirmado Jean-Louis Leve en su reciente “Le Mal algerien” de que “Argelia no es un país, sino un régimen”.

Un régimen que va de autosugestión en autosugestión y en desliz en desliz sin acertar ni una, fallando en todas.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, asume que la responsabilidad del batacazo también es suya: « Lo mejor es que los españoles tomen la palabra ».

Los españoles no los cabos y sargentos argelinos…

De todos modos, los que aun recordaban en España, al régimen militar argelino y su milicia han sido literalmente barridos del mapa político. Quedan tanto los ganadores como los perdedores del 28-M que no ignoran lo que hay en juego:

más de mil filiales españolas establecidas en Marruecos, la futura línea TGV atrae mucho a Madrid, la inmigración, la lucha contra el terrorismo, la responsabilidad compartida en tanto que ribereños entre dos continentes, la organización tripartita (con Portugal) de la Copa del mundo de fútbol 2030 y … un legado común, un presente compartido y un futuro en el que España y Marruecos como dijo sabiamente, el llorado rey Hassan II “están condenados a entenderse”.

Pero, bien es sabido que los regímenes militares no ven más allá de sus narices.

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