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Entrevista a Driss Jebrouni Maribel Posadas.- Tánger                                            El exilio republicano español en Marruecos

 Tal día como hoy, un 14 de abril de 1931, se proclamó la II República en España, que ocho años más tarde fue arrebatada al pueblo español por la Guerra Civil que el general Francisco Franco inició con el levantamiento militar de julio de 1936 y que terminó con la derrota republicana el 1 de abril de 1939.

Durante la contienda y la dictadura, numerosos republicanos españoles se exiliaron al extranjero: Francia y México fueron dos de los principales países de acogida, pero también lo fue Marruecos. En el norte vivían en la clandestinidad al estar bajo Protectorado Español, mientras que en el sur podían vivir con mayor libertad

Maribel Posadas
Los republicanos españoles empezaron a venir como refugiados a Marruecos “desde el comienzo de la guerra, especialmente a Casablanca, para protegerse de la represión política de Franco”, señaló a Diario Calle de Agua el ensayista e hispanista marroquí Driss Jebrouni
Es “difícil” hacer un cálculo del número de republicanos españoles exiliados en Marruecos porque “la gran mayoría vivía en la clandestinidad”, indica. En el norte, más aún, por estar “bajo dominio de Franco”. “Se sabe que en Casablanca (como zona no española del Protectorado) hubo 5.000 exiliados políticos españoles en el barrio de Maarif, constituyendo la mayor colonia extranjera de la ciudad”. Rabat también acogió a muchos de estos españoles, sobre todo en el barrio del Océano, junto al Atlántico
Asimismo, se estima que en Tánger había hasta 45.000 españoles, aunque muchos de ellos habían llegado antes de 1936 y no estaban en la ciudad del Estrecho por motivos políticos, sino económicos desde que Tánger era zona internacional, explica Jebrouni.

Entre ellos, había importantes nombres como el fundador del sindicato Comisiones Obreras, Marcelino Camacho (Soria,1918), primer secretario general del mismo entre 1976 y 1987 y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981; o el periodista Eduardo Haro Tecglen (Madrid, 1924-2005).

Camacho luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil (1936-1939) y tras la victoria franquista fue juzgado y condenado a trabajos forzados en Tánger hasta que en 1944 se fugó del campo y viajó exiliado a Orán (Argelia), donde también había una gran colonia de inmigrantes españoles, algunos llegados antes del conflicto por motivos económicos y otros por motivos políticos, como el propio Camacho. Más tarde, se fue a Francia hasta que en 1956 fue indultado y regresó a su país.
Haro Tecglen dirigió en Tánger desde el año 1967 el ‘Diario España’ y en Tetuán fue redactor jefe del ‘Diario de África’, al tiempo que ejerció de corresponsal en esta ciudad para la agencia Efe desde el año 1946. Jebrouni afirma que de él “se sabía que era de izquierdas, mientras que la mayoría permanecieron en la clandestinidad e incluso cambiaron de identidad”, especialmente en el norte. Haro Tecglen recogió el ambiente de la ciudad durante el exilio español en su libro ‘Hijo del siglo’ (1998).También vivían en Tánger, Ruano y Lucientes, de la CNT, que tras su estancia en Marruecos se fue a México y París, y regresó a Tánger, donde murió. Entre los exiliados no sólo había activistas políticos, sino también artistas e intelectuales, como el periodista de ‘Diario España’ Julio Zarraluque o Carlos Sampelayo, también periodista e intelectual del mismo rotativo, y dibujante.En Tetuán había también “familias muy conocidas” como la familia Guerra o la familia Alcaraz, de las que más tarde se supo que eran republicanas. En Casablanca “gozaban de más libertad y se reunían en los cafés para hablar de sus ideas”, cosa que “también hacían en el norte pero de forma más escondida y discreta”, asegura. En Tánger, el Café Fuentes, en el Zoco Chico, y el Madrid, en la playa, fueron testigos de estas reuniones.

Driss Jebrouni era un adolescente en los años 60 y recuerda algunas de esas tertulias en la cafetería Moderna de Tetuán: “Los universitarios se reunían allí, había un republicano catalán, no me acuerdo de su nombre ahora… pero nos sentábamos allí, yo era adolescente y lo escuchábamos”. Esto supuso, de alguna manera, “una toma de conciencia para los jóvenes marroquíes, lo que influyó en el movimiento independentista y en la conciencia de izquierdas”, asegura.Muchos de ellos, cuenta, no regresaron porque “hicieron sus vidas aquí y abrieron sus propios negocios; eran agricultores, regentaban empresas, bares, y en zonas como Souk Larbaa o Kenitra trabajaban en fincas y cortijos”. Julio Zarraluque recogió esta experiencia en el libro ‘Los que no volvieron’, recuerda Jebrouni.

Sin embargo, durante la Guerra Civil española los refugiados en Marruecos no eran sólo ‘rojos’, sino que también había franquistas en el norte. “Algunos pretendían continuar aquí la guerra; todos se creían unos héroes, pero en la retaguardia”, asegura José Luis González Hidalgo en ‘Tánger 1936-1939’. Pero esta convivencia no fue pacífica, aunque sin llegar a los niveles de España: “Hubo enfrentamientos entre los dos bandos con pistolas durante la guerra, y quedaron las marcas de las balas en la Cafetería Fuentes. Después, vivieron en paz”.“Incluso hubo fusilamientos. Cerca del aeropuerto de Tetuán se dice que hay fosas comunes”, asegura Driss Jebrouni.
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