Buenas noches Marruecos

Esglobal Vidas rápidas  Pablo Díez

 

La prevalencia del embarazo adolescente, región por región.

 

África subsahariana: matrimonios infantiles y conflicto

Una chica de 15 años amamanta a su bebé recién nacido en Freetown, Sierra Leona. Marco Longari/AFP/Getty Images

Los 20 países en los que es más común el embarazo prematuro son todos africanos. Destaca Níger, donde tienen lugar 204 nacimientos por cada 1.000 mujeres adolescentes. Detrás de Níger las mayores tasas corresponden a Malí, Angola, Mozambique, Guinea, Chad, Malaui y Costa de Marfil. En términos regionales, en África se producen 143 embarazos adolescentes por cada 1.000 chicas de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años.

La principal causa es la frecuente práctica del matrimonio infantil, fuertemente arraigado a lo largo y ancho del continente, sobre todo en las zonas rurales. Esta correlación entre casamientos tempranos y embarazo de menores explica con claridad por qué Níger presenta más casos que ningún otro país: allí el 87% de las mujeres se casan y el 53% tienen hijos antes de alcanzar la mayoría de edad.

El conflicto bélico y la violación son también el origen de muchos embarazos adolescentes. A su vez, el África subsahariana presenta el índice de utilización de métodos anticonceptivos más bajo del mundo, debido tanto a la precariedad de los servicios sanitarios como a la preeminencia de códigos culturales y religiosos que proscriben su uso.

Todo intento de mitigar el problema de los embarazos adolescentes a escala regional o nacional pasa por atacar tendencias generalizadas difícilmente refrenables como la prevalencia del matrimonio infantil. También sería de ayuda proporcionar un mayor conocimiento a las menores mediante una educación sexual apropiada, ya que ésta es minoritaria y frecuentemente se confina a la élite social.

Una iniciativa destacada es el programa Lovelife de Suráfrica, que trabaja en varias facetas –desde la prevención del SIDA a la reducción de los embarazos prematuros– fomentando el diálogo y el intercambio de información sobre cuestiones sexuales y reproductivas. Aunque no sea posible precisar en qué medida tiene que ver con este programa, lo cierto es que Suráfrica es un relativo caso de éxito dentro del continente, pues ha conseguido que la persistencia del embarazo adolescente menguara considerablemente en los últimos veinte años.

Subcontinente indio: Bangladesh registra la mayor incidencia

Una niña bangladesí de 14 años posa en su casa. Fue casada a la edad de 13 con un hombre de 27 años. Allison Joyce/Getty Images

Las tasas de embarazo juvenil en Asia difieren enormemente. Si bien los países ricos de Extremo Oriente presentan algunas de las cifras más bajas del mundo, el subcontinente indio es uno de los epicentros mundiales de este fenómeno, con una tasa regional de 73 embarazos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 19 años.

Bangladés, un titán demográfico, presenta una altísima incidencia (83 embarazos por cada 1.000 adolescentes) debido a la práctica común del matrimonio infantil y al requisito social de que la mujer casada quede embarazada pronto. En India, con 26 casos por cada 1.000 adolescentes, la prevalencia es mucho menor que en Bangladés y en otros lugares aquí reseñados, pero el peso demográfico del que pronto será el país más poblado de la tierra obliga a observar el fenómeno con especial atención.

Los embarazos adolescentes en India también suelen estar estrechamente relacionados con la práctica habitual del matrimonio infantil, sobre todo en las zonas rurales, y con el hecho de que muchas mujeres afrontan su vida conyugal en un profundo desconocimiento de cuestiones sexuales y reproductivas. El escaso acceso a métodos anticonceptivos agrava el fenómeno.

Ante la dificultad para mitigar el factor principal (los matrimonios con menores), profundamente arraigado, la reducción del embarazo adolescente en el subcontinente pasa por una mayor educación de las mujeres y por asegurar que su escolarización sea lo más larga posible. Ello no sólo puede otorgar a las chicas una mayor independencia, sino que el mero hecho de posponer la unión conyugal hasta el fin de sus estudios hace que se retrase la edad en la que quedan embarazadas –en Bangladés, el 54% de las chicas sin estudios dan a luz en la adolescencia, mientras que entre las que han completado su educación secundaria el número se reduce al 19%–.

El Banco Mundial y el gobierno de Bangladés gestionan conjuntamente desde 1993 un conocido programa para favorecer la asistencia de las chicas a la educación secundaria con el objetivo doble de favorecer su formación e integración laboral y de alejarlas de los matrimonios y embarazos tempranos. Si bien los datos disponibles sobre la eficacia del programa son limitados, todas las indicaciones apuntan a que sí ha logrado progresos.

América Latina: una edad de iniciación sexual temprana

Una joven madre descansa junto a su bebé recién nacido en Caracas, Venezuela. Leo Ramírez/AFP/Getty Images

Después de África y el subcontinente indio, la región con mayor número de embarazos adolescentes es América Latina, donde se registran 72 casos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 19 años. Los países más afectados son República Dominicana, Nicaragua y Guatemala, en los que la cifra se sitúa entre los 80 y los 100 embarazos por cada 1.000 adolescentes.

Las razones principales del fenómeno son distintas a las que pueden observarse en otras regiones, ya que no están tan relacionadas con la prevalencia del matrimonio infantil como con la crecientemente temprana edad de iniciación sexual –incluida la que es consentida– y las violaciones. En Nicaragua, donde el 28% de las mujeres da a luz antes de cumplir los 18 años, la violencia sexual explica buena parte de los casos, sobre todo porque, según el Instituto de Medicina Legal del país, el 88% de los más de 6.000 casos detectados anualmente tuvieron como víctimas a chicas adolescentes.

Según UNICEF, la cultura mediática extremadamente erotizada a la que está expuesta la población, unida a los bajos niveles educativos de los segmentos más vulnerables, agrava tanto el problema de la iniciación sin preparación o conocimiento como el de la violencia sexual, lo que requiere políticas educativas de gran alcance sobre salud reproductiva como prioridad para atajar el fenómeno.

La tasa general de fertilidad en América Latina se ha reducido desde los 70 como consecuencia de la expansión de métodos anticonceptivos. Pero estos últimos, aun siendo utilizados por las adolescentes, no han logrado rebajar tan sustancialmente el número de embarazos prematuros debido a la cada vez más temprana edad de iniciación sexual. Esto hace que las chicas tengan un mayor desconocimiento y en muchos casos no utilicen los métodos preventivos de forma correcta.

Un factor adicional es que países como Nicaragua o República Dominicana poseen unas de las legislaciones más restrictivas del mundo en materia de aborto. Éste no está permitido en ningún caso –ni por salvar la vida de la mujer, ni por su bienestar físico o mental, ni en caso de violación, ni por malformación del feto ni por insolvencia económica–.

Según un estudio elaborado por distintas organizaciones internacionales, lo que América Latina necesita para reducir los embarazos adolescentes es, entre otras cosas, un mayor acceso a métodos anticonceptivos para los segmentos sociales vulnerables, unos servicios médicos dispuestos a ayudar en la prevención en lugar de a emitir juicios de valor, e incentivos para impulsar la escolarización femenina mediante iniciativas como los subsidios estatales condicionados a la asistencia probada de las menores a centros educativos.

Estados Unidos: la excepción entre los países ricos

Celebración del día nacional en la prevención del embarazo adolescente en Times Square, Nueva York. Jason Kempin/Getty Images

Con una media de 24 embarazos por cada 1.000 adolescentes de entre 15 y 19 años, Estados Unidos es el país rico con mayor incidencia de este fenómeno. La abultada cifra, no obstante, se considera un logro, ya que el problema va declinando año tras año.

Como sucede al analizar cualquier problema social en EE UU, existen considerables diferencias entre unos grupos étnicos y otros. Así, el número de casos de embarazos tempranos entre los afroamericanos y los hispanos fue el doble que el de la población blanca.

Existen además profundas diferencias geográficas, no sólo entre unos estados y otros, sino en el interior de los mismos: mientras que los condados urbanos registraron 18,9 embarazos por cada 1.000 adolescentes, en los rurales ascendieron a 30,9. Ello se deriva no sólo de que los ingresos entre la población rural suelen ser menores, sino también de su menor nivel educativo tanto general como en lo relativo a cuestiones sexuales y reproductivas. Asimismo, la mayor presencia en el campo de rigorismos religiosos que desincentivan o proscriben el uso de anticonceptivos también agrava el contraste.

La progresiva reducción de este fenómeno, aun dentro de su gravedad, es en parte el resultado de una política gubernamental muy activa para atajarlo. El Departamento de Salud lanzó en 2010 un ambicioso programa de mitigación del embarazo adolescente con diversas iniciativas dirigidas a grupos de riesgo y que desembolsó algo más de 100 millones de dólares entre Estados, organizaciones no gubernamentales, escuelas y universidades para financiar iniciativas de control de los embarazos tempranos que van desde el fomento de los anticonceptivos hasta el de la abstinencia.

Tras la aprobación del plan de gasto del Congreso en diciembre, la dotación económica del programa continuará al menos hasta abril de 2017 –a pesar de que la comisión de Asignaciones había decidido en agosto dejarlo sin fondos–. Pero está por ver si la nueva Administración Trump, que debe parte de su apoyo a las comunidades más tradicionales y religiosas, estará dispuesta a continuar financiando ciertos programas preventivos.

Europa Occidental: la lucha de Reino Unido por abordar el problema

Las manos de un hombre sostienen preservativos en una tienda que los distribuye con el fin de que los jóvenes tenga un fácil acceso a este método anticonceptivo, Londres. Leon Neal/AFP/Getty Images

En esta parte del mundo pueden encontrarse algunas de las sociedades con los índices más bajos de embarazos prematuros. En los Países Bajos se registran sólo cuatro por cada 1.000 adolescentes y, en general, en la mayor parte de Europa suelen oscilar entre los seis y los nueve.

Según la Organización Mundial de la Salud, la clave para abordar el fenómeno en Europa es fomentar la educación sexual de manera más temprana, de tal forma que los menores la hayan recibido antes de su iniciación –a ello se atribuye la bajísima tasa de los Países Bajos–.

El Reino Unido, sin embargo, lleva decenios cargando con un problema de embarazo prematuro muy superior al de los países de su entorno. Actualmente se producen 15 por cada 1.000 adolescentes, una tasa que, a pesar de ser muy alta en su contexto geográfico, es considerablemente inferior a la de hace pocos años –en 2006 el número de casos ascendía a 26,4 por cada 1.000–.

Los embarazos adolescentes son mayores en el Reino Unido que en los Estados del entorno a pesar de tener una tasa muy alta de uso de anticonceptivos, un dato éste que desconcierta a los estudiosos del fenómeno. No obstante, con los recientes recortes sanitarios la prescripción de ciertos anticonceptivos está viéndose restringida, lo que podría revertir los avances logrados.

Las autoridades han sido conscientes de este problema durante decenios y han lanzado varios planes para atajarlo. Una de las más conocidas iniciativas de los últimos años es la Estrategia sobre Embarazo Adolescente adoptada en 1999 por el Gobierno laborista, que se proponía reducir el número de casos a la mitad en 2010 –no lo consiguió entonces, pero sí seis años después, en 2016–. El programa, que sigue siendo la base de las actuales políticas públicas en la materia, se centra en la educación sexual y en el fomento de una actitud abierta y exenta de juicios por parte de los servicios médicos.

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