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España: la libertad religiosa descafeinada

Amparada la libertad religiosa en el marco de la Constitución Española de 1978, quedaron atrás las prohibiciones a la diversidad religiosa en el territorio español impuesta por la dictadura franquista que defendía una fe unitaria e identitaria de España.

De esta manera, el aumento de los flujos migratorios internacionales de estas últimas décadas han ido derivando en la presencia  creciente de otras religiones  (protestante, budista, musulmana, judía, evangelista…) aunque con ello hayan surgido conflictos naturales que llevan asociados su reconocimiento y adaptación. 
La controversia en su financiación, en la facilitación o la complicación para abrir lugares  de culto y otras cuestiones propias de cada una de estas religiones minoritarias, como el uso del velo integral en los espacios públicos, no han sido problemáticas surgidas únicamente en España. Toda Europa se ha visto expuesta a este crecimiento.
Y si en vez de considerarse la diversidad religiosa como la posibilidad de expandir conciencias  (y por tanto crecer  como sociedad) es interpretada como una amenaza a lo ya conocido (y por tanto a temer), la dialéctica está servida. 
En tan solo una semana, el periódico “ElMundo” ha publicado tres artículos que no con ingenuidad desarrollan un único polo de la cuestión, criticando y creando alarma social con el fin de confundir a la población española. 
“Quejas de padres de alumnos de los colegios elegidos por el Consell para impartir Islam: ´Denigra a la mujer´” (16/7/18) escrito por Carmen Hernández  en su redacción valenciana, “Los islamistas planean crear un partido en España” (15/7/18), de Ángeles Escrivá, redactora jefe de este periódico y “La Eurocámara pide cerrar las mezquitas que no acepten los valores de la Unión Europea”, de Fernando Lázaro, ¿sección “Seguridad”? y con enlace al artículo de la señora Escrivá.
Parece que hay interés en arrojar semillas de desconcierto sobre lo relacionado con lo musulmán. Y cuando el discurso de las instituciones y de los medios es racista, prejuicioso y estereotipado, así se reproduce en la sociedad.
Ya el 11 de septiembre del 2010 y coincidiendo con el noveno aniversario del ataque terrorista a las Torres Gemelas de New York,  en su línea alarmista, la señora Escrivá editaba el artículo  “El imam más fanático reúne en Lérida a 3.500 seguidores.”, también a través de “Elmundo”. Y es que cuando uno lee este titular, se aleja de la realidad de lo ocurrido: tal convocatoria de personas no era más que  la congregación festiva  del rezo tras el fin de la fiesta del Ramadán. Otra cuestión que tergiversa  su escrito es que al hablar de “seguidores” del imam lo confunde  con un líder religioso que requiera de adeptos en vez de explicar que su función no es otra que encabezar  la oración.
Y este goteo incesante y cansino de mala intención en estas notas de prensa que inducen a la confusión, de declaraciones despectivas hacia lo  musulmán y  de discursos que tergiversan conceptos y malinterpretan ideas, obligatoriamente en el otro polo se crea la necesidad de tener que,  continuamente, demostrar inocencia.
El artículo alarmista de Ángeles Escrivá donde ´avisa ‘de que los islamistas planean crear un partido en España, da a entender que no existiera diferencia entre islamistas y musulmanes. A esta ignorancia se añade confundir un emigrante con el musulmán nacionalizado en España o el musulmán español.  España no autoriza a los extranjeros residentes la creación de partido político alguno (Ley Orgánica 6/2002 del 27 de junio). Duerma tranquila.
Lanzar la idea de que “alguien del exterior –de Túnez o Marruecos- está dando instrucciones” es querer plantear  el tema como “un asunto a lo James Bond”,  con ocultos intereses en la sombra, pero que no resultan más que un desprecio a la capacidad de la comunidad musulmana española que viene democrática y pacíficamente logrando su representación política en España, en ayuntamientos, a nivel local y regional y ahora con representación en el Congreso de la Nación.
Y en relación a “sus fuentes” que dicen que hay un “llamamiento dirigido a los jóvenes universitarios a afiliarse a los partidos políticos de España con la intención de formarse para sustentar una participación política activa y un futuro liderazgo” solo podemos mencionar que la propia temporalidad con la que los estudiantes residen en España les dificulta dicha “incursión” y carecen de derecho a participar de proceso electoral alguno.
En el 2010, la creación del  “Partido del Renacimiento y de la Unión de España”, PRUNE,  debía aclarar que su partido no era  islámico o islamista: “No somos terroristas, detestamos y condenamos el uso de la fuerza. No queremos imponer nada a nadie. El PRUNE tiene en consideración el Islam, pero siempre respetando la Constitución Española y las leyes” y uno de sus principales objetivos era “luchar con la demonización de todo lo que resulte musulmán”
Y es que el  desconocimiento que existe y que se favorece al  mezclar Islam,  islamismo, musulmán  moro, árabe, yihadista… todo ello en un cajón de sastre que termina siendo “desastre”, no hace más que ser aprovechado para aturdir a la población y más cuando la línea más radical y xenófoba parece crecer en toda Europa y de la que España no es excepción.
El germen de esta y otras informaciones similares es lo que llega sin filtrar a las conversaciones entre amigos, a las redes sociales, a los colegios… y embarran todo. La comunidad musulmana no supone un peligro para las generaciones de españoles ni para su cultura y valores, ni “los musulmanes suponen una amenaza para la democracia”, como difundía en “un curso de verano” el ex portavoz del PP Ignacio Cosidó, ya hace diez años, pero que son argumentaciones habitualmente expuestas por los que se acercan a la línea de extrema derecha y absorbidas por una parte de la población.
Cuando “ElMundo” se hacía eco de las “Quejas de padres de alumnos de los colegios elegidos por el Consell para impartir Islam: ´Denigra a la mujer´” es una información aceptada ignorantemente por una parte de una ciudadanía confusa.
La nota recoge el malestar de algunos de los padres en la comunidad valenciana donde en este próximo curso se pondría en marcha, de forma piloto en seleccionados centros,  la impartición de enseñanza religiosa musulmana. Esta formación, pese a que la ley la recoge y garantiza desde hace más de quince años, es ya impartida en solo ocho comunidades autónomas.
Recordemos que la ley 26/1992 recoge el acuerdo de cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España, que “garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos de gobierno que lo soliciten, el derecho de los estudiantes de infantil, primaria y secundaria, a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes públicos, privados y concertados, siempre que, en cuanto estos últimos, el ejercicio de aquel derecho no entre en contradicción con el carácter propio del centro”
La realidad es que después de tanto tiempo y según un estudio demográfico elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) en 2017, “el 95% del alumnado musulmán carece de clases de religión.” 
El gobierno puede aprobar leyes todas las que quiera si su intención es no cumplirlas. Y esa irresponsabilidad a todos los niveles favorece la intención en contaminar más lo que la propia desinformación termina infectando, no es profesional ni ético ni recomendable. 
Y obviando la postura de Escrivá y otros “periodistas” que llevan esa línea, lo que verdaderamente resulta torpe y recriminable es la difusión de estas publicaciones en algunos medios de prensa marroquíes, sin analizar la postura de esta gente que con su ignorancia o su perversidad incitan al racismo y la xenofobia y suponen un ultraje para las decenas de miles de inmigrantes que residen pacíficamente en España.
Y no se trata de que la gente se convierta a la religión musulmana, como cantan los seguidores del “adorado” icono futbolístico Salah: “Si anota un par más, me haré musulmán”.  Pero sí se trata de aceptar que el  propio desconocimiento de algo es la base para generar temor en el psiquismo humano. Porque cuando uno conoce es capaz de integrar. Y cuando uno es capaz de integrar está en el verdadero camino del entendimiento, la tolerancia y la paz.
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