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¿ESTAMOS FRENTE A UNA PRIMAVERA SUDAMERICANA? II Hoy: ChilePor: Dr. Adalberto Carlos agozino

Anàlisis

 

Octubre de 2019 posiblemente será recordado como el momento en que estalló una “Primavera Revolucionaria” que desestabilizó a las democracias de Sudamérica.

¿PRIMAVERA O CRISIS?

En 1968, la Primavera de Praga generó una bocanada de aire fresco en Europa Oriental. Pero en agosto los tanques de los países del Pacto de Varsovia aplastaron los deseos de libertad de los checoeslovacos y el Telón de Acero volvió a cerrarse.

En 2011, las Primaveras Árabes arrasaron con los regímenes dictatoriales del Norte de África y Medio Oriente. Pero pronto los aires de renovación, mayor libertad y democracia dieron paso al surgimiento de movimientos islamistas, guerra civiles y al establecimiento de dictaduras aún más opresivas de las que derrocaron.

Ahora parece haber florecido otra primavera revolucionaria en Sudamérica cuyos alcances aún no están claros, pero, al menos por el momento, desestabilizan al mundo andino representado por Ecuador, Chile y Bolivia.

CHILE

Hasta comienzos de octubre Chile era el país más estable de Sudamérica. Tenía la mejor educación de América Latina (el 80% de los jóvenes egresa de la secundaria), tiene la tasa de homicidios más baja de la región (3,46 por 100.000 habitantes), el segundo menos corrupto (puesto 27) y el mejor país de la zona en competitividad global, es decir, la capacidad de proveerle prosperidad a sus propios habitantes. Exhibe el ingreso per cápita más alto de América Latina -más de U$S 20.000-, con un crecimiento económico que se había estimado para este año en 2,5% del PBI (por encima del promedio regional) y una inflación de tan sólo el 2% anual.

Pero, a partir del 11 de octubre estalló una protesta social ininterrumpida que ha forzado al presidente Sebastián Piñera a declarar el “estado de emergencia” y el “toque de queda”, el sábado 19.

Ni la presencia de los militares patrullando las calles, algo que no ocurría desde 1990 cuando el dictador Augusto Pinochet Ugarte dejó el gobierno, logró calmar los ánimos o detener la rebelión social y la violencia callejera.

El detonante de las protestas fue el incremento del precio del viaje en el metro trasandino que paso de 800 a 830 pesos chilenos (un dólar a U$S 1,16). Aunque pronto se sumaron otras demandas. Entre ellas están las “pensiones de hambre” que cobran los jubilados, la privatización del agua, Chile es el único país del mundo donde esto ocurre. Este año el país sufre una mega sequía que agrava la situación de los tres millones de personas que no tienen acceso al agua potable. A ello se agregan los bajos salarios (un salario mínimo de U$S 450, el segundo más alto de la región, mientras que el salario mínimo en Venezuela es de U$S 8), las extensas jornadas laborales y muchos etcétera más.

Los manifestantes se movilizaban con consignas de “nos roban las AFP y los isapres (seguros de salud privados), “le vendimos todo a los privados”, “el neoliberalismo explotador de Pinochet” o “los sueldos son miserables” publicados en las redes sociales.

Es que Chile es el país más desigual en el continente con mayor desigualdad.

La protesta, que se inició con los estudiantes secundarios saltando las barreras del metro -lo que en Chile se denominan “evasiones masivas”– para no pagar el pasaje, fue sumando rápidamente a otros sectores y haciéndose más y más violenta.

El viernes 18 los manifestantes comenzaron a incendiar las estaciones del metro, buses y el edificio de la compañía eléctrica ENEL -cuestionada por el alza de las tarifas de electricidad y por una fallida política de actualización de medidores- y una sucursal del Banco de Chile.

Una semana más tarde, 79 de las 136 estaciones de metros sufrieron considerables daños. Además fueron atacadas cuatro líneas de buses, supermercados, bancos, hoteles, estaciones de venta de combustible (bencineras) y oficinas públicas de todo tipo que sucumbieron a la furia incendiaria de los manifestantes.

Alrededor del 25% de los supermercados del país han sufrido serios daños y uno de cada cinco han sido saqueados. La cadena estadounidense de supermercados Walmart sufrió cuatrocientos eventos de saqueo en 125 de sus locales distribuidos por todo Chile. Algunos locales fueron saqueados hasta dieciséis veces y nueve de ellos fueron incendiados totalmente. En ocasiones los militares debieron permitir el saqueo de los supermercados con el compromiso de los atacantes de no incendiar las instalaciones.

La Cámara de Comercio de Santiago (CCS) calculó las pérdidas comerciales de más de U$S 1.400 millones de dólares tan sólo por la primera semana de protestas. De las pérdidas estimadas, U$S 900 millones de dólares corresponden solamente a los destrozos ocasionados por saqueos y destrucción de comercios minoristas, además de U$S 500 millones de dólares por falta de ventas por el robo de especies y los días en que los comercios permanecieron cerrados. Las estimaciones de la Cámara consideran que los incendios, saqueos o destrozos superan los 25.000 locales y de ellos 10.000 pertenecen a pequeñas o medianas empresas.

Los destrozos se produjeron en todo el país andino, desde Arica a Magallanes, aunque curiosamente no se produjeron disturbios semejantes durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, cuando el pasaje en el metro aumentó en $80 pesos chilenos. Las víctimas fatales provocadas por los incidentes se elevaron a 20 -tres de ellas son de nacionalidad peruana-, los heridos superan el millar de personas (entre ellos más de 300 carabineros y militares) y tres mil chilenos han sido detenidos por las autoridades y procesados por la justicia.

Mientras que la mayoría de los ciudadanos se limitan a expresar su descontento en forma pacífica golpeando sus cacerolas en las calles, grupos minoritarios de violentos se dedicaron a llevar a cabo ataques incendiarios sistemáticos y bien coordinados.

Las protestas terminaron por convertirse en vandalismo puro y simple. Estas protestas lucen en las calles como un movimiento enorme y bien organizado, pero carecen de líderes identificables, se convocan sobre todo a través de las redes sociales por agrupaciones minoritarias de ultraizquierda como los eco anarquistas denominados Individualistas Tendientes a los Salvaje.

Entre los protagonistas de las protestas y los saqueos hay personas mayores, el activismo más violento está protagonizado por jóvenes de entre los quince y veintitantos años. Son los miembros de llamada “generación centenial”.

El viernes 25 de octubre se llevó a cabo la protesta pacífica más numerosa de la historia de Chile con una participación de entre 800.000 y 1.000.000 de asistentes concentrados en la Plaza Baquedano de la capital chilena, una ciudad de siete millones de habitantes.

La concentración se realizó en tono festivo. Los asistentes entonaban canciones populares durante los años de la dictadura de Augusto Pinochet (1973 – 1990), saltando y golpeando cacerolas, agitaban banderas chilenas y mapuches.

El presidente Sebastián Piñera respondió a la movilización levantando el toque de queda y el estado de emergencia y pidiendo a todo su Gabinete de Ministros la renuncia para acallar la crisis social. Pero esto no detuvo las protestas y los saqueos que se repitieron con igual o mayor intensidad el lunes 28 y el martes 29 multiplicándose los choques con las fuerzas de seguridad y los militares.

El miércoles 30, el gobierno de Sebastián Piñera comunico que debido a la situación de violencia imperante en Chile el país se veía forzado a renunciar a ser la sede del Foro de Cooperación Económica Asia – Pacífico prevista para los próximos días 16 y 17 de noviembre y de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2010 (COP 25) que estaba prevista para las dos primeras semanas del mes de diciembre (entre el 2 y 13).

Hasta el momento la protesta violenta en Chile no se ha detenido. Todo parece indicar que lo único que puede poner fin a las protestas es la renuncia del presidente Piñera y a la reformulación en profundidad del llamado “modelo chileno” de desarrollo.

(Continuara)

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