CrónicasFeaturedTú, por ejemplo

Excavación en la memoria Ahmed El Amraoui

Tribuna

 

Puede el coronavirus encarcelar nuestros cuerpos e impedir que salgan y contactar el mundo de las cosas, pero no puede – ni él ni otra cosa- prohibir nuestras memorias y almas de vivir como siempre lo han hecho. Y no es siempre verdad que cuando el uno empieza a recordar el pasado ya es síntoma de vejez en vez de soñar como señal de juventud.

El pasado es la historia, y muchas veces (de pequeño) oía al profesor repetir lo del: buen olor de la historia. Sin llegar a concebir la metáfora.

Aquél viernes del 22 de agosto 2008 era un día muy especial en Córdoba, la ciudad que respira e inspira historia, y no hay otro sitio en Córdoba mejor que el casco histórico: te ata y te deja boquiabierto ¿y cómo no?

Al lado de la mezquita /catedral (la mezquita de los omeyas), se serpentea Guadalquivir distribuyendo bienes a los campos vecinos, y alivio del calor sofocante de agosto a los turistas.

En el otro lado tienes a Averroes sentado en el corazón del tiempo, con su mirada atenta a los recién llegados, los que intentan atender la clase sigilosamente.

Basta con tener eso dos emblemas para desear estar aquí más tiempo, y si por acaso te hace tarde, puedes albergar en el hotel de los omeyas en el callejón justamente frente a la portada mayor de la mezquita/catedral.

Nada más pasar el umbral de la mezquita, ya estábamos en la plaza de los naranjos que a lo mejor era para la oración de las dos grandes fiestas: el día del sacrificio y la fiesta del fin del Ramadán; ahí cogimos la cola para entrar, primero había que pagar la entrada:

  • Usted de dónde es ?

  • De Marruecos .

  • Pues entra sin pagar, y quite usted la gorra.

  • Y Usted ?

  • Ha venido de los Estados Unidos y no habla español.

  • Pues bien: un euro y adelante.

Vale la pena estar aquí más tiempo, y a por más fotos por si acaso no volverás a verla ni por dentro ni por fuera. había un silencio total como si fuera el tiempo de los rituales. Solamente la gente haciendo fotos y mirando los detalles de una civilización que ha dejado Huellas clavadas en la memoria humana.

Al salir, ahí había una figura morena que nos miraba y que me parecía querer decirnos algo, nos dirigimos a un muro cercano para contemplar al rio, los coches a caballo, y el olor de los excrementos te devuelven a Marrakech en el mismo tiempo.

La misma figura ce acercó y nos saludó; empezando a explicar algo de la historia de las dos ciudades: Córdoba y Marrakech. Y cuando inició el tema de Averroes, empezó a decir cosas equivocadas que yo corregí y añadí más sobre su vida y sus libros, que él al final se quedó mudo.

  • Oiga usted habla árabe, pero su acento es muy raro para mí, pocas veces me escapan los acentos de mi país; y los de los hispanos, pero el suyo me es raro, ¿de qué zona de Marruecos es usted ?

Bajó la cabeza sin decir nada por un momento.

Di un pequeño codazo a mi amigo que parecía no pillar nada.

  • Pues te lo digo yo, y que no se moleste, es usted de los campamentos argelinos de Tinduf, ¿verdad?

  • Humm, pues sí. Contestó mirando al suelo.

  • Esta usted libre en su elección, pero ¿qué hace aquí en Córdoba que no hay mucho trabajo para extranjeros?

  • Estaba en Barcelona, he venido aquí porque nos facilitan y agilizan tener la nacionalidad en tan solo seis meses. Y cambió enseguida el tema para decir: seguramente quieren asistir a la oración del viernes. Dentro de poco llamara el almuédano a la oración y lo hace solamente ese día. Si van conmigo les guiaré.

Así fuimos con él, adentrando en la Judería (el mallah), en unos callejones idénticos a los de Jamaa el Fna.

Y siguió diciendo: –  hay un español musulmán que estudió en Marruecos mucho tiempo. Su casa es la mezquita y en al mismo tiempo es un museo pequeño donde expone cosas del pasado.

En una habitación pequeña – de entre quince y veinte metros cuadrados- con alfombras rojas o marrones limpias, y arcos como entradas; entró un señor con una barba no muy nutrida. Saludó y empezó la jutba (sermón) del viernes en castellano con los versos Coránicos y los Hadices en un árabe no tan perfecto pero entendible.

Al acabar, salimos a comer, después de despedirnos de aquel chico de casi treinta años.  Así fuimos a comer en el restaurante de la misma persona que nos guio en la oración: el Imam. (el imán como lo llaman aquí equivocadamente).

Después de una pequeña parada en el mismo hotel de los omeyas donde íbamos a pasar la noche, fuimos a ver a la Medina-zahara a unos siete kilómetros de la ciudad. Está ubicada en una colina, de donde los soldados del Califato podían vigilar todo. Quedan solamente las ruinas. El único sitio casi restaurado era la sala del rey, por lo demás, el gobierno necesitaba más dinero para poder acabarlo todo como dijo el vigilante contestando a nuestra curiosidad.

Al volvernos a nuestras bases en el hotel, sentíamos el olor de la historia. Y sentíamos los enlaces con esta ciudad, sobre todo cuando el dueño del hotel me preguntó sobre el: «EL» que lleva mi apellido, porque es usado como el articulo definido en el español. Le expliqué el asunto como si fuera un gramático. Y  le expliqué también de donde vino  el nombre de su hotel.

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