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Fin de Trayecto La respuesta de Clara Rivero:  » la prueba fehaciente de la inexistencia de la RASD la ofrece Naciones Unidas. No hay en la ONU una silla con el nombre RASD »

Investigo, escribo, documento, opino. Sin embargo, me excede la compresión lectora de quienes me ‘leen’. Esta mañana recibí la carta de un lector. A menudo ignoro individuos y expresiones tóxicas pero el patetismo en la carta del señor Pizarro merece una respuesta.

Pizarro se presenta como profesor de historia y en su carta responde a los comentarios que hice sobre la publicación de Juan Carlos Moraga. Hace unos días cuestioné la utilización imprecisa de conceptos y una comparación histórica que no tiene sentido al referir a unas “minorías”, léase, “minorías” que NO han sido “pueblo milenario”, “pueblo”, “nación” o “Estado” en las estrictas definiciones de los términos. El activismo del Frente Polisario, acostumbrado a legitimar el secuestro de mujeres y las violaciones de los derechos humanos, que a diario suceden en Tinduf, desconoce que en el mundo libre existe la libertad de expresión, el respeto por la diferencia, el derecho a disentir y muchos otros valores y principios que nos orientan para convivir en un mundo diverso y plural. Expresar mis opiniones y críticas al texto de Juan Carlos Moraga, en nada afecta la consideración y el afecto que le tengo como persona y amigo, simplemente, considero que se debe hacer un uso correcto de los conceptos y de los términos al abordar e investigar un tema.
Nótese que si se concede que la (virtual) RASD existe, entonces habrá que precisar, seguidamente, que existe en territorio argelino, es allí donde la entidad totalitaria erigió su ‘república’. No obstante, la prueba fehaciente de la inexistencia de esa entidad la ofrece Naciones Unidas. No hay en la ONU una silla con el nombre RASD y quien se presenta como su representante es, en realidad, un activista más que debe registrarse como los demás peticionarios activistas, académicos, consultores, periodistas, etc., que asisten a las sesiones de la IV Comisión. Por supuesto, sé de lo que hablo porque he estado en la IV Comisión varias veces (2015, 2016 y 2017)
y allí he expuesto mis observaciones sobre la actualidad del Sahara, territorio al que viajo desde 2015.
He estado trabajando en terreno, entrevistando a la población que vive en ese territorio, a las autoridades y también he tenido reuniones con los responsables de las principales instituciones de derechos humanos en Marruecos. He recorrido el Sahara y he podido ver el desarrollo y las ingentes inversiones que Marruecos ha hecho en la zona, desde que recuperó el territorio, para procurar el bienestar de la población. Los esfuerzos desplegados por Marruecos en las provincias del sur no solo son económicos, también son políticos y garantizan las reglas del juego democrático y la representación política. Los saharauis eligen y son elegidos, pertenecen a los principales partidos políticos marroquíes, hay instancias de derechos humanos a nivel local y regional que reportan y monitorean sobre la situación de los derechos humanos a las instituciones nacionales.
El señor Pizarro padece una carencia e incomprensión lectora o, quizá, tiene una gran capacidad para la distorsión. De forma asombrosa tergiversa mis comentarios (que todavía están disponibles) y hace afirmaciones y señalamientos que no tienen nada que ver con las opiniones que expresé. Cualquier persona con un mínimo de sentido común está en capacidad de diferenciar que mis comentarios, así como los del profesor marroquí, Mehdi Mesmoudi, los del coronel Ortiz o los de Mario Concha, no son adversos a Marruecos y no tienen por qué serlos. La razón es simple: la marroquinidad del Sahara no está en discusión.
Sobre el Sahara marroquí mi posición es clara: en términos políticos, la autonomía propuesta por Marruecos permite una solución viable y realista al diferendo territorial del Sahara. En modo alguno considero viable el proyecto separatista de una organización totalitaria, auspiciada por Argelia debido a sus pretensiones sobre ese territorio para tener una salida al Atlántico, y que perpetuará esa mezcla brutal entre tribalismo y dictadura en una zona geográfica de gran complejidad.
Mis dudas no tienen que ver con lo evidente, con lo que ha hecho Marruecos en esa región, tienen que ver, en cambio, con lo que no se ve a simple vista, con la persistencia de una estructura tribal que mina los esfuerzos de democratización y también niega y viola los derechos de los individuos que integran esa comunidad en nombre de unas tradiciones. Las tradiciones, principios o valores de unas minorías, sean estas étnicas, religiosas e incluso sexuales que vulneran la individualidad son inaceptables en cualquier lugar del mundo. No tengo ningún problema en reiterar que me interesa el individuo sobre las comunidades y, puedo repetir, las veces que haga falta, que con alegría percibo cambios en las nuevas generaciones de saharauis que tienen deseo de superar el tribalismo impuesto por el grupo porque se sienten más cómodos en su condición de ciudadanos, con derechos y obligaciones constitucionales, del Reino de Marruecos que como saharauis.
El señor Pizarro se muestra nostálgico del ex golpista y presidente venezolano, Hugo Chávez y, por lo mismo, no es de extrañar que considere que puede haber dignidad en las acciones del Frente Polisario. Pizarro olvida que su admirado comandante sentó las bases de la Dictadura chavista y que el proyecto totalitario del chavismo empezó con el glorioso comandante hasta llevar a Venezuela a lo que es hoy y cuyos efectos de derrame sentimos en toda la región y, especialmente, en Colombia. Cualquier persona que alguna vez haya leído mis artículos sabe cuál es mi posición frente a los populismos y a las dictaduras latinoamericanas y respecto al trasnochado proyecto separatista del Polisario. Incluso, en estos años, me he dedicado a investigar y a develar la relación y apoyo de esos populismos y dictaduras con el Polisario. Pizarro, además de leer el informe de HRW sobre Marruecos, tendría que leer los informes de HRW sobre las dictaduras de Venezuela y de Nicaragua. Se sorprenderá.
Es evidente que un Centro del Magreb, al que Pizarro hace referencia, debe ocuparse e interesarse en los países que integran el Magreb. Es una cuestión de sentido común. De hecho, apoyé esa iniciativa en su fase inicial, pero tomé distancia posteriormente al considerar que algunas manifestaciones contradicen los valores democráticos que inspiraron la creación de ese Centro. No estoy interesada en compartir espacios o escenarios con individuos que, por motivos ideológicos, respaldan y simpatizan con las dictaduras de Venezuela y de Nicaragua y no tienen claro que esos regímenes son DICTADURAS, con todas sus letras.
Respecto a la referencia que hace Pizarro sobre la invitación que me hiciera el activismo del Polisario para visitar los campamentos de refugiados en Argelia, sinceramente, no llegué a considerarla. No me interesa asistir a un espectáculo tan deplorable donde mujeres secuestradas y coaccionadas por su tribu y por el Polisario venderán una causa y hablarán del enorme ‘poder’ que ostenta la mujer saharaui, que en la práctica y en la cotidianidad, no existe. Al contrario, seguiré indagando y documentando los secuestros de estas mujeres que tienen nombres y que han sido despojadas de sus derechos, mujeres a las que les arrebataron sus sueños individuales para someterlas a la vida cautiva de la tribu.
El señor Pizarro está equivocado. Marruecos no se derrumba, Marruecos avanza y se posiciona con fuerza en el continente africano y, en buena hora, se aproxima a América Latina.
Analizo, observo y comento el presente de Marruecos, leo a sus escritores y a sus intelectuales, me comunico a menudo con Marruecos, con autoridades y con ciudadanos. Por supuesto, también me permito pensar en el futuro de ese país por el que tengo un profundo afecto y que he tenido la posibilidad de recorrer de norte a sur. Y lo seguiré haciendo. 

Clara Riveros

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