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Fragmentos de una reflexión positiva Sara Kassir

Tiempo de reflexión

 

¿Quién diría que en tan solo un par de meses todo cambiaría en el mundo? Yo respondería: ¡Nadie! Porque simplemente los humanos estamos sumergidos en agua sucia, donde únicamente el más sagaz y astuto es el que consigue salir a flote y sobrevivir… Y sin venir a cuento, algo apenas visible se coló para instalarse en la mente y el espíritu de cada uno de nosotros, despojándonos de la suciedad que se nos pegó y aclarando nuestras ideas de una vez por todas.

Esto no es surrealismo ni uno de mis ideales tanto soñados, la epidemia ha logrado de veras barajar todas las cartas porque la partida que nos toca jugar no depende de quien gane sino de quien saldrá de ello con una lección aprendida y es justo lo que nos hará triunfar, evitando los errores más garrafales de la vida.

Seamos más concretos y pensémoslo de otra manera; si el Coronavirus ha salpicado todos los países (incluso las potencias económicas más invencibles) ¿Por qué éstas justamente no pudieron parar su propagación antes de que alcanzase las tasas más altas? Mientras que algunos países pobres, que cuentan con el PIB más bajo, han podido controlar la situación, contando con una gestión razonable e inteligente de la crisis, con el fin de salir de ello con las menores pérdidas posibles.

Este cambio repentino del orden mundial no ha concernido únicamente la economía y otros sectores de actividad, sino también nuestro bienestar común, ya que las emisiones de gases contaminantes han minimizado considerablemente en los cuatro rincones del mundo y esto, no ha sido posible ni siquiera al cabo de la celebración de las cumbres climáticas más destacadas de la historia. No obstante, la tierra no es la única que volvió a respirar tras la llegada del Covid-19, pero también nosotros, los humanos.

Estamos respirando nuevamente (y queremos seguir haciéndolo después) porque seguramente cada uno de nosotros se ha parado a pensar en cómo puede aportar su piedra a este edificio que todos queremos construir, con base sólida y componentes altamente resistentes. Todos hemos visto como los valores humanos se desmoronaron ante el recrudecimiento del capitalismo depredador que arrasa sin piedad nuestras vidas, dejándonos huérfanos sin principios y perdiendo la esencia de nuestro existir. Un capitalismo que se manifiesta diariamente en nuestro consumismo compulsivo y nuestras ganas de obtenerlo todo sin pensar que lo que realmente necesitamos no se valora con dinero. En definitiva, cada uno de nosotros puede hacer de su parte para salvar este barco que naufraga, teniéndonos todos a bordo.

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