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FUKUYAMA Y EL VALOR DE LA DEMOCRACIA “La democracia puede ser imperfecta pero no hay algo mejor ni se ha creado algo mejor…” Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. Director de la Corporación Olof Palme-Chile

Valores democràticos

El Dr. Francis Fukuyama es considerado como un filósofo aunque en realidad es más bien un politólogo que ha escrito una variedad de temas en el área del desarrollo norteamericano y mundial. Su libro “El fin de la Historia y el último hombre”, publicado en 1992, ha sido traducido a más de dos docenas de idiomas y ha sido muy controversial pues quiere acabar con la discusión filosófica y en él dice muchas verdades del mundo actual, aunque han pasado 27 años desde su primera edición.

Cuando Fukuyama anunció el fin de la historia, en una conferencia en la Universidad de Chicago en 1989, su idea se describió como “brillante y escandalosa”. Planteaba que, sobre los escombros de los totalitarismos de izquierda y derecha, sobre las caídas dictaduras sudamericanas y la agonizante Unión Soviética, la democracia liberal y el “libre mercado” se levantaban como única aspiración política razonable.

Fukuyama dejó a los académicos e intelectuales perplejos ante tamaña información; no pocos la consideraron errónea, otros desfachatada y muchos correcta; demostrar que estaba equivocado ha sido una interesante tarea intelectual que ha originado muchos, tal vez miles de papers. Él dijo que el mundo había encontrado su forma más razonable de organización social que no era otro que la democracia liberal acompañada del libre mercado. Lo que Fukuyama no consideró fue la fuerza de los monopolios, de los oligopolios y de los carteles de la droga, que finalmente conspiran en contra de la libre competencia.

Pero, como el mundo ha cambiado, Fukuyama también lo ha hecho; él ha visto con preocupación el avance, en algunas naciones, de la ultra derecha, del nacionalismo irracional y de la falta de solidaridad. Esto lo plantea en su nuevo libro “Identidad: la demanda por dignidad y las políticas del resentimiento”.

Para Fukuyama, los trabajadores y las clases bajas han sido más permeables a los que se proclaman anti políticos o apolíticos que a los movimientos de centro o de izquierda y como algunos “blancos”, por ejemplo en EE.UU. se consideran víctimas.

Fukuyama, en “El fin de la historia” plantea que la democracia liberal, acompañada del libre mercado, es la única opción política razonable; nos preguntamos ¿Cómo cambió su perspectiva política en los últimos años?

Fukuyama dice que “me gustan los mercados libres, pero creo que, en muchos sentidos, me he movido hacia la izquierda por un par de razones bastante buenas. Creo que en la década del 2000 las dos grandes catástrofes fueron primero la invasión estadounidense de Irak y luego la crisis financiera, y ambas fueron el subproducto de ideas conservadoras que fueron llevadas al extremo y condujeron a resultados muy malos. Y eso requería un replanteamiento…”.

Piensa que la globalización ha sido exitosa en muchos sentidos pues ha logrado reducir la pobreza en varias partes del mundo pero que, contradictoriamente ha desarrollado la pobreza, también, en muchas partes; por ejemplo, dice en EE.UU. ha producido un mayor nivel de desigualdad en varios estados. Y eso, para ser sanado, requiere, según Fukuyama más izquierda, lo cual también ha demostrado ser una equivocación en su análisis pues el no acerca su mirada a países como Cuba, Nicaragua, Venezuela, Haití y otros en donde la izquierda ha sido catastrófica no solo económicamente sino que también en materia de Derechos Humanos. ¿O tal vez Fukuyama quiso decir  centro izquierda, la cual si ha sido exitosa y también la Centro derecha, que son conceptos políticos poco entendidos por los norteamericanos?

Lamentablemente el profesor Fukuyama no podido auto convencerse de que sus ideas lo han traicionado pues, si bien su pensamiento se han movido hacia la izquierda (insistimos que es hacia la centro izquierda), debe reconocer que en su propio país fue electo un empresario como Donald Trump, quien es ultra conservador (por decir algo suave) que a veces es tan reaccionario que pone en jaque la estabilidad político-económica de la humanidad: por ejemplo, la guerra económica que ha entablado con la República Popular China. El pensamiento de Fukuyama también ha sido traicionado por la realidad en Europa con el avance el electoral de figuras que apuestan por el nacionalismo y en contra del socialismo y la socialdemocracia.

Fukuyama explica lo que está sucediendo a través de distintos factores; por ejemplo de que la izquierda se olvidó de la clase trabajadora y comenzó a ver desigualdad en grupos minoritarios, en grupos raciales, mujeres, personas por la igualdad

“Uno de ellos fue que la izquierda comenzó a definir la desigualdad de manera diferente. En el siglo XXI, la desigualdad fue vista como la victimización de un amplio grupo de personas, y no del  proletariado o la clase trabajadora. Así, con el tiempo, la izquierda comenzó a centrarse en grupos específicos que enfrentan formas específicas de injusticia: minorías raciales, minorías étnicas, mujeres, personas LGBT (son las siglas que identifican a las palabras lesbiana, gay, bisexual y transgénero), Creo que en el proceso, empezaron a perder el contacto con la gente común de clase trabajadora”. Al suceder esto, el populismo de izquierda fue desbordado por el populismo de derecha cuya lectura social y su narrativa explicaban mejor la situación de la clase media en el ámbito económico-social.

Para Fukuyama, el error de la izquierda ha sido pensar más en las desigualdades que en las igualdades. Dice: “todos queremos ser reconocidos como iguales y nos enojamos mucho si se nos considera inferiores a otros. Pero eso pronto se traduce en una demanda para ser reconocido como especial o incluso mejor”. El problema es que la llamada clase media se siente desplazada ante el culto a las elites gays, lesbiánicas, bisexuales, etcétera, que ha sido considerada por la izquierda populista como prioridad en sus luchas olvidándose de los trabajadores.

Por otra parte, Fukuyama plantea en sus nuevo libro que: “La raza, o la etnia de la inmigración no es lo más importante: es su integración… Creo que es importante que los gobiernos controlen los niveles de inmigración, porque, aunque es beneficiosa, si pasa con demasiada rapidez las personas se desorientan y eso genera una reacción política. Eso pasó en el Reino Unido con el Brexit: tanta gente se trasladó al Reino Unido en un período tan corto de tiempo, que un montón de gente nacida allí sintió que perdía el control de su propio país”.

El profesor Fukuyama dice que hay peligro de la extinción de la democracia en varios países y continentes. Es algo muy peligroso. “No tienes un sistema democrático si la gente no cree en él. Creo que lo que ha ocurrido es que existe una gran decepción con la calidad del gobierno de muchas democracias, particularmente en relación al tema de la corrupción, porque a veces la democracia es la cura para la corrupción, pero a veces también es la fuente de la corrupción”. Eso significa que para mantener la democracia, las libertades, y la calidad de vida, es necesario que los gobiernos ataquen con fuerza la corrupción y en Latinoamérica, en especial el tráfico de drogas y estupefacientes que crean corrupción a grandes niveles.

“Los líderes democráticos necesitan ser elegidos y a veces la forma más fácil de ser electo es sobornar a los votantes dándoles cosas, o dar puestos o nombramientos a sus aliados políticos, y por lo tanto, una gran cantidad de democracias no son capaces de otorgar un servicio público de manera efectiva. Así comenzaron las cosas en Brasil: fue una protesta por los buses y las tarifas de los buses, y por la corrupción en los servicios de San Paulo”. Dijo Fukuyama, y no deja de tener razón pues el pueblo se harta de ser ignorado por sus gobernantes. Las granjerías políticas son corrupción y es más, una gran corrupción que es captada por el público. La meritocracia al parecer es inexistente y los nombramientos, generalmente, son por presiones políticas, amiguismo o ayuda en dinero para las campañas electorales.

Así, como en Brasil, han emergido movimientos neo-políticos para acabar con la corrupción pues la percepción general es que toda la élite política tradicional es altamente corrupta. Hoy hay una tendencia a despreciar a las élites, ya sea por las que se beneficiaron de la globalización mientras otras personas no tenían las herramientas  para hacerlo.

Respecto a esto Fukuyama dice que “Es peligroso (que esto suceda) porque cualquier sociedad necesita de élites, o de personas con la educación y las habilidades para hacer que ella funcione. Generalmente ese desprecio no le sirve a una democracia. A veces las propias élites, cometen errores. Se aíslan de la opinión pública y no entienden las consecuencias de las opciones que recomiendan. En otras palabras, se burocratiza lo cual es el peor mal que puede ocurrirle a una democracia pues se crea una casta burocrática que piensa que el poder son ellos; es decir, los burócratas quienes engañan a Presidentes, Reyes, Primer ministros, etcétera.

Fukuyama insiste en los errores y plantea que: “lo que sucedió con el libre comercio. Es que casi “todos los economistas dijeron que el libre comercio era bueno. Pero, de hecho, en determinados países se estaba perjudicando a los trabajadores. Entonces anunciaron compensaciones. Pero la compensación nunca llegó”. El problema según lo vemos es que ya casi no existen economistas sino que econometristas[1] que trabajan desde un escritorio con modelos matemáticos que pueden ser teóricamente perfectos pero que no piensan en que los seres humanos son eso, seres, personas, y no cosas. Y uno de sus efectos fue esta gran reacción contra la globalización y contra las élites que la impulsaron: la élite necesita estar conectada con la gente.

“Lo otro que pasa es que las personas hoy están mejor educadas y, debido al auge de Internet, tienen acceso directo a la información, en formas que antes no existían. Al principio todos celebramos, porque significaba que la información era más accesible; pero también significaba que la desinformación era más accesible”. Esto es totalmente cierto pues día a día vemos como se desinforma a la población con lo que llamamos eufemísticamente “fake news” para no decir derechamente mentiras en la Red.

Fukuyama recuerda que hace algunos lustros teníamos verificadores de datos (información) y periodistas capacitados profesionalmente para examinar las historias antes de publicarlas, de los cuales en la actualidad quedan pocos, muy pocos. Ahora cualquier persona puede poner lo que quiera en Internet, sin verificarlo. “Y eso se ha convertido en una especie de arma de guerra política que además retroalimenta la percepción de que no puedes creer en nada, que nada es realmente cierto. Y eso está socavando la base de conocimiento compartido necesaria para tener un sistema político democrático”, dice Fujiyama.

Fukuyama, aseveraba que la historia terminaba, pero que no daría origen a un mundo perfecto, pues la democracia también tenía sus problemas, al menos no sufriría un colapso masivo como el del comunismo en el este europeo.

El profesor Fukuyama piensa que el impacto transversal de su libro “El fin de la historia” creó una especie de histeria colectiva entre los académicos tanto de izquierda como de derecha y se crearon bando en pro y en contra de sus ideas. Piensa que su trabajo correspondió a “un gran cambio que estaba ocurriendo en la política mundial, porque se publicó pocos meses antes de la caída del muro de Berlín y de este gran avance de la democracia en el este europeo y los ex gobiernos comunistas que luego se expandió por Latinoamérica, África y Asia”.

“Fukuyama dice que no es bueno ser pesimistas en exceso sobre lo que acontece en la actualidad en el mundo. “Hemos tenido un revés para la democracia. Varias democracias han avanzado en la dirección equivocada, pero sigue siendo la forma dominante de organización en el mundo, e incluso países autoritarios como la Rusia de (Vladimir) Putin todavía sienten que tienen que pasar por el ritual de las elecciones porque no tienen una forma alternativa de legitimidad que ofrecer para reemplazar a la democracia como forma de gobierno”. En otras palabras las auto calificadas democracias, disfrazadas de perfectas no son otra cosa que una estafa a la imaginación y al resto del mundo como la de Rusia con Putin, la de Venezuela con Maduro y pare usted de contar.

De esta manera, viendo las cosas con optimismo, Fukuyama dice: “(…) creo que la democracia sigue siendo una idea muy poderosa y sigue siendo la principal idea para organizarnos políticamente hoy en el mundo”.

e-mail:conchame@gmail.com

[1] Los econometristas, econometras o económetras (economistas cuantitativos) han tratado de emular a las ciencias naturales (física, química) con mejor o peor resultado a través del tiempo. Hay que considerar que tratan con uno de los fenómenos más complejos que conocemos, el comportamiento de las personas y su interacción y, al parecer, no lo logran entender vistos sus resultados…

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