En este anecdotario, se recopilan divertidas y perspicaces anécdotas protagonizadas por algunos de los escritores más célebres de la historia. Desde las ingeniosas respuestas de Jean Cocteau sobre la suerte hasta el ingenio mordaz de Dumas padre y las observaciones sagaces de Víctor Hugo, estas historias nos ofrecen una visión amena de la mente creativa de los literatos más renombrados.
Preguntado Jean Cocteau si creía en la suerte, dio una respuesta que ningún escritor sincero podría dejar de suscribir: ”Por supuesto que creo. ¿De qué manera, si no, podría uno explicar el éxito de los demás?”.
Balzac y Dumas padre se odiaban no demasiado cordialmente. En una oportunidad en que ambos se encontraban en el vestíbulo de un teatro, dijo Balzac:
-
Cuando ya no sirva para nada, escribiré dramas.
Y contestó Dumas, por entonces cotizado dramaturgo:
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Pues empieza ya mismo.
Preguntada la novelista austríaca Vicki Baum si creía que una mujer era capaz de guardar un secreto, respondió que sí, siempre que no supiera que era un secreto.
Un crítico reprochaba a Alejandro Dumas, hijo, el haber empleado la expresión ”vacío doloroso que ocasionan los momentos de debilidad”. “¿Desde cuándo una cosa vacía puede producir dolor?”, ironizó, recibiendo la siguiente contrarréplica de Dumas: “¿Acaso nunca ha tenido usted dolores de cabeza?”.
Cuando Máximo Gorki visitó Nueva York, sus anfitriones lo llevaron a pasar un día a Coney Island, el gigantesco parque de diversiones. Allí vio túneles misteriosos, norias gigantescas, prestidigitadores y laberintos. Al término de la tan prolongada visita, y al serle requerida su opinión sobre lo que había visto, comentó muy serio: “Ustedes los norteamericanos deben ser un pueblo muy triste”.
Se paseaba majestuosamente Víctor Hugo por su jardín cuando llegó Leconte de Lisle.
-
No adivinará usted en qué estaba pensando – dijo el dueño de la casa.
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En alguna nueva obra…
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No, no. En lo que le diría cuando me encuentre ante el Creador.
Sn vacilar, dijo de Lisle:
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Pues le dirá “Querido colega…”

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En este anecdotario, se recopilan divertidas y perspicaces anécdotas protagonizadas por algunos de los escritores más célebres de la historia. Desde las ingeniosas respuestas de Jean Cocteau sobre la suerte hasta el ingenio mordaz de Dumas padre y las observaciones sagaces de Víctor Hugo, estas historias nos ofrecen una visión amena de la mente creativa de los literatos más renombrados. Preguntado Jean Cocteau si creía en la suerte, dio una respuesta que ningún escritor sincero podría dejar de suscribir: ”Por supuesto que creo. ¿De qué manera, si no, podría uno explicar el éxito de los demás?”.Balzac y Dumas padre se odiaban no demasiado cordialmente. En una oportunidad en que ambos se encontraban en el vestíbulo de un teatro, dijo Balzac:Cuando ya no sirva para nada, escribiré dramas.Y contestó Dumas, por entonces cotizado dramaturgo:Pues empieza ya mismo.Preguntada la novelista austríaca Vicki Baum si creía que una mujer era capaz de guardar un secreto, respondió que sí, siempre que no supiera que era un secreto.Un crítico reprochaba a Alejandro Dumas, hijo, el haber empleado la expresión ”vacío doloroso que ocasionan los momentos de debilidad”. “¿Desde cuándo una cosa vacía puede producir dolor?”, ironizó, recibiendo la siguiente contrarréplica de Dumas: “¿Acaso nunca ha tenido usted dolores de cabeza?”.Cuando Máximo Gorki visitó Nueva York, sus anfitriones lo llevaron a pasar un día a Coney Island, el gigantesco parque de diversiones. Allí vio túneles misteriosos, norias gigantescas, prestidigitadores y laberintos. Al término de la tan prolongada visita, y al serle requerida su opinión sobre lo que había visto, comentó muy serio: “Ustedes los norteamericanos deben ser un pueblo muy triste”.Se paseaba majestuosamente Víctor Hugo por su jardín cuando llegó Leconte de Lisle.No adivinará usted en qué estaba pensando – dijo el dueño de la casa.En alguna nueva obra…No, no. En lo que le diría cuando me encuentre ante el Creador.Sn vacilar, dijo de Lisle:Pues le dirá “Querido colega…”








