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Generación Kennedy: desafían las viejas estructuras y van por el cambio  Por Horacio Raña*

Los políticos X que desafían las viejas estructuras con tecnología, carisma y belleza física

El triunfo del austriaco Sebastian Kurz en las elecciones del pasado domingo que lo depositaron a las puertas de ser el jefe de Gobierno más joven de Europa (31 años), ratificaron el camino que vienen construyendo con arrolladora potencia un grupo de políticos que revolucionan sus países desde diferentes posiciones ideológicas pero coincidentes en « programas 2.0 », y a los que ya se conoce como la « Generación Kennedy ».
A pesar de las más de cinco décadas que los separan, se los vincula a John F. Kennedy por representar una esperanza que se sustenta en la juventud, la inteligencia y el espíritu renovador, todo eso sazonado con la defensa de lo tecnológico, de respeto al medio ambiente y de cuidado del aspecto personal que reclaman las sociedades actuales.
La lista, por el momento, la encabeza el presidente francés Emmanuel Macron (39), pero es también figura estelar el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau (45), y se anotan el titular del Partido Democrático Liberal alemán Christian Lindner (38) y el ruso Alexei Navalny (41),  tal vez el mayor dolor de cabeza que deba enfrentar el mandatario Vladimir Putin.
No se asocian por la razón etaria -ya que por ejemplo no entran en este grupo ni el italiano Mateo Renzi ni el griego Alexis Tsipras- sino por ser cultores y difusores de las nuevas tecnologías y de la conservación de sus cuerpos « made in fitness center ».
Políticamente son, sobre todo, carismáticos. Pero a la vez desafiantes de las viejas estructuras y como integrantes de la llamada generación X o los Xers, se consideran la última oportunidad de renovación.
¿A quiénes desafían con su irrupción en los puestos de poder? A los integrantes de la llamada « generación baby boom », es decir aquellos nacidos  entre 1946 y 1964 durante lo que se conoció como una explosión en la tasa de natalidad tras la Segunda Guerra, sobre todo en países anglosajones.
A los que como George W. Bush, Bill Clinton, Francois Hollande o Angela Merk, entre otros, forman parte de la generación que comenzó a bregar por los derechos de la mujer, de los homosexuales y de las minorías pero a la vez por su longevidad en sus puestos frenan cualquier atisbo de renovación.
Sin embargo, se diferencian también de los jóvenes antisistema porque ellos mismos son producto del sistema al que buscan modificar. El caso de Macron fue muy bien definido por la doctora en Sociología e investigadora española Olivia Muñoz-Rojas.
« Puede que Macron sea un referente para la generación X por su edad, aunque paradójicamente su discurso halla más eco entre, por un lado, los baby boomers y la llamada ‘generación silenciosa’ nostálgica de (Charles) De Gaulle y el consenso de la posguerra, y por el otro los millennials que no creen en las ideologías y sistemas de partidos tradicionales ».
El presidente francés, conocido entre otras cosas por gastar miles de euros en cremas de belleza faciales y en mantenerse físicamente en estado, encontró en Trudeau no sólo un aliado político.
El premier canadiense es un declarado feminista, partícipe también de todas las marchas de orgullo gay y desafiante de su poderoso vecino Donald Trump al enrostrar que no sólo no expulsa inmigrantes sino que le dio asilo a más de 300.000 de ellos. Es un sex symbol que se jacta de practicar yoga y que es capaz de atraer a millones de usuarios que por redes vieron su clase de computación cuántica.
El triunfante Kurz, apodado « Wunderwuzzi » (niño prodigio), logró transformar el anquilosado Partido Popular de Austria en uno moderno -incluido el cambio del color negro que ostentaba-, alejándolo de las estructuras conservadoras y llevándolo a la era digital.
El mayor logro hasta este domingo había sido su intervención en la crisis europea de 2015, al negociar exitosamente con sus vecinos de los Balcanes un freno a la inmigración con un discurso mucho más moderado que el de la extrema derecha. Pero con tal habilidad que prometió varias restricciones para los refugiados, logrando cosechar también votos de los más conservadores.
A Lindner se lo empieza a conocer como « el Macrón alemán ». Fanático de las nuevas tecnologías, utiliza las redes sociales para mostrarse en su casa, vistiéndose, afeitándose o haciendo gimnasia.
Crítico de la inmigración y los refugiados, no dudó en recurrir a cirugías e implantes capilares para mejorar su imagen y políticamente mal no le fue: con su Partido Democrático Liberal logró el 10% de los escaños en las elecciones del pasado 23 de septiembre y se presenta como el principal posible socio para que Merkel pueda formar gobierno.
El ruso Navalny, también cultor del cuidado físico, edificó su carrera política en base a las denuncias por corrupción contra el Kremilin, haciendo de Youtube y las redes sociales la mejor plataforma para difundir su mensaje. Así, los blogueros e internautas del país lo tienen como uno de sus más populares seguidores. Putin lo encarceló dos veces y eso terminó jugando en su favor.
Escasos de imaginación, a Shinjiro Koizumi también lo llaman « el Macrón de Japón ».
Con 36 años y rasgos físicos « necesarios », puede llegar a pelearle el cargo de primer ministro a Shinzo Abe en las elecciones convocadas para el próximo domingo.
Y no son pocos los que incluyen en este grupo a dos mandatarios culturalmente alejados de Occidente pero que en sus países rompen con las estructuras tradicionales: el rey de Bután, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck (37 años), y el príncipe heredero de Dubai, Hamdan al-Maktoum (34).
El butanés se casó con una plebeya -Jetsun Pema- con la que comparte su amor por el arte y las tareas de ayuda social. El príncipe árabe, en tanto, es más conocido como Fazza, puesto que así firma sus poemas- y su perfil de Instagram cuenta con más de cuatro millones de seguidores. 
Poeta, soltero y multimillonario (su fortuna se calcula en 3.000 millones de dólares), un cóctel que lo hace muy atractivo y que él potencia a través de las redes sociales donde publica fotos saltando en paracaídas, compitiendo en torneos ecuestres o haciendo gimnasia. Diferente de las rígidas estructuras de otras dinastías, sin dejar de ser árabe y musulmán.
Todos van por el cambio o ya lo están implementando. Muchos de ellos no se conocen, pero saben que los une el mismo hilo conductor de estar frente al desafío de ser la nueva generación de la política. Y aceptan el convite. 
 *Jefe de la sección Internacionales de la agencia argentina Télam
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