Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Ghali-Gate: Argelia y sus cómplices

Sombras...

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

En el derecho internacional acoger y proteger a un prófugo, acusado de crímenes de lesa humanidad es hacerse su cómplice.

El régimen militar argelino y sus asalariados (políticos) en España ha arrastrado (engañado) a España y su gobierno a un costoso sacrificio de relaciones estratégicas con Marruecos, resultado de decenios de esfuerzos, de imaginación y de sentido común.

Y, como todas las acciones delictivas, el Ghali-Gate ha entrado en una nueva y vergonzosa etapa: corrupción y cundo no intimidación.

No se sabe aún si es también con complicidad española, Argelia recurre, desde hace días a vanas tentativas de sobornar a los demandantes contra su marioneta polisarista para retirar sus recursos judiciales a cambio de jugosas contrapartidas financieras y, lo que es más grave, a una campaña de intimidación contra los querellantes como fue el caso ayer mismo en Layun por su quinta columna en la ciudad que agredió el jueves, 20 de mayo, a Uleya Saadi, miembro del Comité Central del MSP y esposa del activista de derechos humanos, Fadel Braica, en plena calle cuando se dirigía a una Academia de idiomas en la ciudad de El Aaiún.

Una carrera contra reloj para blanquear lo “inblanqueable”. Vana ilusión de los generales de Argel y sus cómplices españoles que, habida cuenta del elevadísimo número de cargos contra su “protegido” genocida van a tener que comprar medio mundo.

Así las cosas, todo el mundo espera que las autoridades locales de Zaragoza por donde entró el genocida y las de Logroño en cuyo hospital fue acogido, dieran explicaciones fiables y cabales de donde vino la orden y las instrucciones de recibir, proteger y regatear la justicia del país a tan criminal personaje.

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