Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Ghali-Gate: Muy mal asunto

De mal a peor

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

“Esto nunca se ha visto en los anales políticos de España”. Salvador J. se refería a la incapacidad del gobierno español de encontrar “una mentira potable” para justificar su patinazo con su vecino del sur.

Salvador afirma que las profundas discrepancias entre los principales componentes de la coalición en la Moncloa es un secreto de Polichinela.

De tal modo que, a medida que se desvelan algunos entresijos de la ilegal acción, auspiciada por el presidente del gobierno, que mancillan la imagen del país, algunas personalidades de las autoridades públicas no ocultan su deseo de desmarcarse de este gobierno y de su chapuceada gestión de la crisis con Marruecos.

De la estancia del genocida argelino-polisarista en un hospital de Logroño, el gobierno español se ha mostrado incapaz de dar el menor indicio de transparencia o de fiabilidad sobre su transacción con el régimen militar argelino para recibir y proteger contra la justicia del país al jefe de sus milicias en Tinduf.

Lo que, lógicamente, ha constituido un terreno fértil para agravar la crisis con Marruecos, herido en su amor propio y en su confianza en los gobernantes españoles pese a los no pocos indicios de su deslealtad.

Una improvisada conspiración contra Marruecos, pero más que esto, contra la justicia, sinceridad y la transparencia en España misma.

Para encontrar una salida al error, hace falta mucho más que soltar a adiestrados periodistas para atacar, insultar y calumniar a Marruecos y sus símbolos.

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