Ginebra/Sahara: Al día siguiente

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En Tindouf pero convergiendo sus tristes miradas hacia su pais: Marruecos

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Nadie en estos tristes campamentos duda de que la verdad acabará por prevalecer y volverán a su país: Marruecos. La mesa redonda de Ginebra era el primer eslabón de un sentido común que podría significar la liberación de decenas de miles de rehenes saharauis en Tindouf.
Falta por conocer el grado de la seriedad y de transparencia del régimen argelino. En todo caso, su deslizada presencia en Ginebra ha dado un a prueba cabal y elocuente del fondo del problema que ha creado por razones e intenciones a miles de a nos luz de la solidaridad y de los principios que enarbola.
Tiempo, pues, de reflexión, de perdón, de reconciliación y de sentido común. Tiempo de perdonarse a sí mismo y al prójimo. Tiempo de abrir los ojos y ver… la verdad… la realidad… en lo que se ha incurrido.
Tiempo de ver la mano tendida… de volver a los valores morales y religiosos, arrepintiéndose de  a ver sembrado el odio, la división y la discordia entre un país y sus hijos.
Tiempo de soluciones…. De los bravos.
 

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