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Guergarat. De la racionalidad a la emotividad: un secuestro de la verdad fallido Adil Atabi Fakia

Tribuna infomarruecos.ma

 

 

La evolución de la guerra mediática financiada en gran parte por nuestro país vecino Argelia ha ido moviéndose del terreno informativo al emocional. Presenciamos como ha sobrepasado la habitual dinámica de desinformación vs. información, y se ha centrado en la emotividad vs racionalidad.

Lamentablemente, no es una guerra de contenidos, sino de impactos emocionales desvirtuando las realidades y las verdades. Cuando las personas deslizan el dedo por su smartphone, o consultan la gráfica de sus muros de Facebook, en unos instantes pasan por su vista imágenes y titulares que captan o no su atención. Y es ahí donde entra en juego esa disputa entre lo racional y lo emotivo.

A raíz de lo acontecido en Guergarat, vemos como en España a modo de ejemplo, hay un creciente número de páginas webs, periódicos y revistas digitales que han basado su alcance mediático en la simple combinación de imagen y titular con el efecto de manipulación que esto produce. El uso simplista de titulares y contenidos de lectura rápida se combina con memes, y la producción de videos etc.es un intento fallido de transgiversar los acontecimientos. No importa que después la supuesta noticia o información resulte falsa si lo momentáneo tributa al objetivo permanente que busca mover el componente emotivo.

Esta dinámica no es nueva, y ha sido motivo incluso de litigios contra algunas cadenas españolas de dudosa imparcialidad (que han manipular fotos, vídeos, datos) y hay sentencias firmes al respecto. Y en todo caso esperemos que se vuelvan a producir.

Lo mínimo que se puede decir es que, resulta paradójica la contradicción en lanzar mensajes por parte del “Frente polisario” de victimismo manipulando imágenes de genocidios ocurridos en otras partes del mundo y a la vez alardear de haber conseguido replegar al ejército marroquí, incluso capturar varios de sus soldados y mandos. Incluso la manipulación tiene que contar con unos mínimos de lógica, ausente en las difamaciones relatadas.

Por otra parte, y nos menos importante, llama la atención el silencio predominante en algunos medios financiados, afines al régimen argelino y su títere “frente polisario” sobre lo acontecido desde hace meses en el paso fronterizo de Marruecos con Mauritania (Guergart). ¿Acaso se puede concebir como acto pacífico el obstaculizar durante meses espacios de conexión entre dos países ajenos? 

Difícilmente se puede sostener tal afirmación, puesto que la comunidad internacional ha sido testigo del esfuerzo diplomático del estado marroquí, intentando evitar la confrontación. La intervención no ha sido un ataque, sino un acto de ejercicio de la obligación de restablecer el orden y garantizar la permeabilidad de su frontera con Mauritania.

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