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Hacia el reencuentro hispano-marroquí (elPeriodico)

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La buena vecindad es un requisito esencial para el progreso económico y social en ambos países

internacional OUJDA UXDA MARRUECOS

                            OUJDA UXDA MARRUECOS

Transcurrido ya un mes desde el inicio de la crisis diplomática hispano-marroquí, nos encontramos ante un momento decisivo para consolidar la desescalada. Las últimas declaraciones del gobierno español apuntan a una creciente flexibilidad con relación al asunto del Sáhara, que lleva ya 45 años enquistado en la política exterior española. De igual forma que los ciudadanos sufren las consecuencias de esta tensión entre estados, también las empresas se ven afectadas por el conflicto.

Marruecos es el séptimo cliente de productos y servicios españoles y el segundo destino no europeo de nuestras exportaciones, detrás de los Estados Unidos. ICEX contabiliza unas 21.800 empresas exportadoras a Marruecos, por un valor de 8.454 millones € en 2019. La balanza comercial bilateral es favorable a España, pues nuestras importaciones son también importantes pero inferiores, de 6.962 millones €.

Durante años, Marruecos se ha consolidado como un centro de fabricación de bajo coste cercano, con excelentes infraestructuras y acceso privilegiado tanto al mercado europeo como al americano, gracias a sus acuerdos comerciales bilaterales. En el entorno poscovid, las empresas buscan cadenas de suministro más cortas y países como Marruecos ganan protagonismo. Actualmente son ya 1.500 las empresas españolas instaladas en el país vecino, un tercio de ellas catalanas, con una inversión acumulada de unos 5.000 millones €.

Marruecos es también una excelente plataforma para los negocios con el África subsahariana. La activa diplomacia marroquí y la pujanza de sus empresas de servicios, como la banca o los seguros, ha convertido al país alauí en el segundo mayor inversor en el África subsahariana. Son varias ya las empresas españolas que, con sus socios marroquís, licitan por contratos públicos en Mauritania, Mali o Níger.

Los vínculos económicos entre los vecinos son por tanto muy relevantes, al igual que el peso de los 800.000 marroquíes residentes en España y unos 300.000 nacionalizados españoles de origen marroquí, un importante colectivo de trabajadores y, cada vez más, también empresarios. La buena vecindad es un requisito esencial para el progreso económico y social en ambos países. Marruecos es además una pieza clave en la estrategia europea para con África.

La deriva de muchos países del Sahel –asolados por el cambio climático, la pobreza y el terrorismo– aconseja una solución para el Sáhara que aúne la voluntad popular con la estabilidad institucional y la viabilidad económica. España se enfrenta aquí al histórico conflicto entre Argelia y Marruecos, dos grandes vecinos del sur, que algún día también deberían dejar de darse la espalda.

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La solución para el Sáhara debería implicar a sus múltiples actores y considerar las propuestas presentadas por Marruecos ante la ONU. España puede aquí jugar un papel clave de mediación, como ya ha hecho en otros conflictos del mundo árabe. Mientras, las relaciones entre dos estados vecinos unidos por muchos lazos deberían regresar a la normalidad, más aún dado el carácter estratégico de esta relación para ambos y para Europa. Los respectivos embajadores, Díez-Hochleitner y Benyaich, gozan de una alta consideración y podrían contribuir a la distensión si reciben el mandato de trabajar en esta dirección.

El mundo empresarial está por el reencuentro, como manifiestan las intensas relaciones que nuestra patronal ha seguido manteniendo con nuestro homólogo en Marruecos, la CGEM, a pesar de la tensión política. Una vez más, apelamos a que los políticos sigan el buen ejemplo de empresarios y ciudadanos de ambos lados del Estrecho y trabajen intensamente por un pronto reencuentro. 

De: elPeriodico

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