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Hiroshima y Nagasaki, Una Historia que no Debe Repetirse Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD. – Docente – Chile

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Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD –Docente-Chile

El atraso más grande de la filosofía humana comenzó 16 de julio de 1945, hace 75 años, cuando Estados Unidos de América (EE.UU.) detonó una bomba atómica en las profundidades del desierto de Nuevo México. Una semana después, el presidente de ese país, Harry Truman escribió: “Hemos descubierto la bomba más terrible de la historia del mundo. Puede ser la destrucción del fuego profetizado en la Era del Valle del Éufrates, después de Noé y su fabulosa Arca”.

Pronto, la humanidad atestiguaría en Hiroshima y Nagasaki, las dos más grandes e importantes ciudades de Japón después de Tokio de la devastación ocurrida. De inmediato, ante la terrible devastación, los miles de muertos en la población civil comenzaron esfuerzos globales para mantener estas armas bajo control. Ahora que el progreso inicial del control nuclear con fines militares está en peligro, y el mundo corre el riesgo de tomar un camino muy peligroso, en especial con las amenazas nucleares de Corea del Norte, hacia lo que los expertos llaman sin empacho « intercambio nuclear ».

El 15 de noviembre de 1945 Harry Truman decidió junto a los líderes de Canadá y del Reino Unido (U.K.) actuar políticamente para impedir el uso de armas nucleares y usar pacíficamente la energía nuclear. Más tarde, exactamente ocho años después, el presidente de EE.UU. Dwight Eisenhower consideró muy oportuno este llamado lanzando un discurso “Átomos por la paz”. Mucho más tarde, el presidente John F. Kennedy enfatizó temas similares en su impulso para prohibir las pruebas nucleares atmosféricas, en especial las de Francia.

El Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970 considerado, hasta ahora, la principal medida preventivas fue, negociado por el presidente Lyndon Johnson, ratificado por el presidente Richard Nixon y finalmente firmado por todos los países excepto Israel, India y Pakistán, países que lamentablemente han estado a punto de usarlas, por lo menos en ataques verbales. Ese  acuerdo se basó en que los poseedores de armas nucleares, en ese tiempo,  (Estados Unidos, URSS, Reino Unido, Francia y China) eliminarían estas armas con el tiempo, mientras que todos los demás se comprometieron a no construirlas ni adquirirlas. Este pacto duró más o menos un cuarto de siglo, manteniendo a la humanidad tranquila. De esta manera, muchos países que podrían haber desarrollado armas nucleares no lo hicieron.

Se han ido desvaneciendo los recuerdos del holocausto atómico de Hiroshima y Nagasaki, aunque muchas naciones, incluido Estados Unidos, han comenzado a reconsiderar la lógica de la no proliferación, pero en 1990 India y Pakistán, dos países hermanados por su independencia, chocaron contra el club nuclear. En los años siguientes, Corea del Norte siguió adelante con su propio programa a pesar de la desaprobación internacional. En 2015 Irán acordó límites estrictos a cambio de un alivio de las sanciones, pero Estados Unidos acordó retirarse del acuerdo en 2018. Esto ha significado que Teherán haya reanudado el enriquecimiento de uranio.

El colapso de los esfuerzos (al menos en el papel) de Estados Unidos y Rusia ha retrasado aún más la causa de no proliferación. Estados Unidos al retirarse del Tratado de Misiles Anti-Balísticos en 2002 inició una tendencia que se alejó de la reducción negociada de armas y se dirigió a movimientos unilaterales. Con la disolución del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio en 2018 solo queda un acuerdo que limita el tamaño de las fuerzas nucleares estadounidenses y rusas, y ese tratado, conocido como Nuevo START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas), expira en 2020.

Algunos funcionarios están aceptando la locura de que se puede ganar una guerra nuclear. Los burócratas militares de ambos lados creen esto. Lo mismo mi cree el dictador de Corea del Norte Kim Jong Un, quien por ahora se dice que estaría muy delicado de salud, habiendo tomado el control de su país su hermana Kim Yo-jong. Lo mismo ciertos politiqueros. Debemos considerar que el peor enemigo de Corea del Norte es Estados Unidos país que debe instaurarse  como partidario del desarme negociado y arquitecto de la paz. ¿Para qué ese país juega con fuego? Estados Unidos no necesita todas las armas de su arsenal nuclear. Además, tampoco tiene el dinero para pagarlos sin restar valor a cuestiones más urgentes, como el presupuesto de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de un país que tiene la más alta tasa de contagio y muertes, en el mundo por el Covid-19. Ya que el costo estimado de modernizar la empresa nuclear, alrededor de $ 50 mil millones por año, es casi cinco veces el presupuesto de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Si el presidente Trump no repite como presidente de su país, la nueva administración puede reducir ese gasto, apoyando la reducción del gasto nuclear. Para eso deben extender los tratados actuales, buscar acuerdos de seguimiento y usar la gama completa de herramientas diplomáticas para evitar conflictos y escaladas militares, cuestión que al parecer les cuesta mucho a sus gobiernos. Setenta y cinco años después de Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos debe iniciar un nuevo camino  y dirigirse hacia un mundo libre de armas nucleares.

Albert Einstein pocos meses antes de morir en 1955 se lamentó diciendo “Cometí un gran error en mi vida”, Su aflicción venía del terrible holocausto nuclear ocurrido  casi 10 años antes, una masacre que aún no tiene comparación y de la que él en parte se sintió responsable, por no denunciar el uso de armas nucleares.

Durante más de setenta años, los partidarios de la disuasión nuclear han explicado enérgicamente que la destrucción total de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki tuvo los efectos deseados, ya que la conmoción y el terror fueron tan terribles que las autoridades japonesas decidieron capitular incondicionalmente. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial dio pie a otra guerra; la llamada Guerra Fría que tuvo en ascuas a la humanidad hasta la llegada al poder del líder soviético Mijail Gorbachov[1], quien recortó el gasto militar de su país y firmó un tratado de no proliferación nuclear con occidente y, a quien deberíamos honrar como verdadero mensajero de la paz.

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[1] Mijaíl Gorbachov fue elegido Secretario General del PCUS el 11 de marzo de 1985. La situación a la que se enfrentaba el nuevo líder del Kremlin era en general lamentable: la economía soviética se hallaba al borde de la bancarrota y la sociedad soviética se encontraba inmersa en una verdadera crisis moral caracterizada por la falta de compromiso ideológico y el escepticismo general.

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