Hotel Continental de Tánger   Por Mariluz (*)

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Mariluz

     Creo que no se puede entender qué es el hotel continental, y por qué es famoso, sin hablar un poco de Tánger. Para que os hagáis una idea, tenéis que entender que a mitad del siglo pasado era una de las ciudades cosmopolitas por excelencia, de la misma manera que hoy podríamos citar a Nueva York, Londres o Barcelona.

Hotel Continental

     ¿Qué pasó para que se convirtiera en referencia mundial Tánger?: en el 1925 se declaró como ciudad internacional, lo que se tradujo en que multitud de países (Francia, España, Gran Bretaña, etc.) participaban en el orden de la ciudad, incluso aportando cada uno su propio banco y moneda. Y si a eso sumamos que el famoso pintor Eugène Delacroix la promocionó como uno de las únicas ciudades donde todavía se podía apreciar los vestigios de las antiguas civilizaciones, tenemos todos los ingredientes para que la ciudad se convirtiera en parada obligatoria de artistas, millonarios y curiosos en general.

      En ese sentido, el Hotel Continental de Tánger fue una de sus mayores señas de identidad. Si durante aquella época la ciudad fue famosa por despertar el interés de escritores como William Burroughs, pintores como Henri Matisse o incluso músicos como los Rolling Stones, el hotel no podía ser menos, y es por ello que entre sus huéspedes podemos contar con escritores de la talla de Pio Baroja o políticos como Winston Churchill

     La situación del hotel es envidiable:, en pleno casco antiguo y pegado a la medina, concretamente en la zona que da mirando al mar. Si alguna vez entráis en el hotel es posible que os invada una sensación contradictoria, producto del placer de observar un museo viviente y, a la misma vez, no disponer de todas las comodidades y ventajas que le podríamos pedir a un hotel hoy día. Y eso es debido a dos características que tiene el hotel, una buena y la otra mala. La buena es que se conserva prácticamente como era antes; la mala, que se conserva prácticamente como era antes. Nada más entrar en el hotel nos encontraremos con el vestíbulo, de gran amplitud, y la recepción a continuación. Y es éste el que podemos entender como punto principal del hotel, ya que todo, espacios comunes, habitaciones, etc. van a parar y se estructuran en torno a éste.

     Las zonas comunes se conservan muy bien, y representan un placer para la mirada: decoración colorida, muebles estilo colonial, el minucioso trabajo con los mosaicos, incluso el añadido de algunas reliquias árabes; Es imposible que no se tenga la sensación de haber hecho un viaje en el tiempo observándolo. Entre sus espacios podemos destacar su restaurante y la cafetería, e incluso dispone de un bazar donde adquirir algún producto artesanal.

      Si bien el hecho de conservar en su gloria el edificio puede hacer un favor a los espacios comunes, a la hora de hablar de las habitaciones se trata de una decisión ciertamente más discutible. Es un hotel que pertenece a la memoria de Tánger, que por tanto merece la pena verlo, y en el resulta imposible no maravillarse por la decoración de sus zonas comunes.

      Es encantador, primero, por su situación envidiable en la muralla norte de la preciosa medina de Tánger, a la espalda del barrio dar Barud y dando al mar; segundo, por su personal y el servicio de desayuno; y tercero, por su condición de museo viviente, sobre todo en lo referente a las zonas comunes. Y ni que decir tiene la sensación que produce saber que se está durmiendo donde otros personajes importantes lo hicieron antes.

 (*) Sobre la autora

Me llamo Mariluz, soy ceutí de nacimiento y, además de ser una de mis principales pasiones desde pequeña, tengo la suerte de que Marruecos se haya convertido también en mi trabajo. Además de diplomada en turismo, soy agente de viajes, gerente y redactora en Siente Marruecos