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-I- El eco-socialismo-feminista frente a la crisis civilizatoria Iñaki Barcena Catedrático departamento de Ciencias Políticas y de la Administración UPV-EHU

Estudio

 

« Los seres humanos construyen su historia, ellos solos, pero sujetos tanto a las condiciones que vienen del pasado como a las existentes en el presente« . F. Engels

El presente artículo es un pequeño homenaje a un maestro, amigo y compañero de trabajo al que conocía desde mucho antes de empezar a trabajar con él, en la UPV-EHU, porque Periko, como le llamaban en el mundo sindical fue el abogado defensor de mi padre en el año 1969. Durante treinta años hemos compartido despacho, pasillos, reuniones, muchos viajes y congresos, campañas y movilizaciones y de él hemos aprendido que se puede y se debe ser un académico cabal y riguroso sin reducir ni un ápice el compromiso social con las buenas y justas causas. Va por ti, Pedro.

Introducción.

El objetivo del artículo1 es tratar de dibujar algunas de las nuevas líneas de esta hibridación ideológica que se están produciendo en los últimos años entre ecologismo, feminismo y socialismo. Por un lado, como respuesta al denominado pensamiento único y ha proclamado fin de las ideologías y por otro para intentar encontrar los puntos de encuentro y las ideas fuerza que pueden generar un reforzamiento ideológico eco-socialista-feminista. Conscientes de los choques y de los desencuentros ideológicos que han existido entre estas tres familias de pensamiento y acción, nuestra intención es ofrecer alguna luz y algunas razones que puedan hacer posible la convergencia ideológica entre ellas.

1.       El eco-socialismo-feminista frente a la crisis civilizatoria.

El eco-socialismo-feminista trata de conformar una respuesta ideológica a la profunda crisis civilizatoria que vivimos urbi et orbe, una propuesta de sólidas bases teóricas y múltiples propuestas prácticas de confrontación ideológica tanto con el “pensamiento único” como con el “fin de las ideologías”. Decimos crisis civilizatoria, término empleado muy a menudo pero pocas veces definido, en el sentido y contenido que le da Paco Fernández Buey. Para el recientemente fallecido académico y director del Centre d’Estudis de Moviments Socials de Cataluña, más allá de ser una crisis económica y ecológica se trata de una crisis “no sólo global sino total”. Compartimos también su apreciación de que “la palabra clave es la insostenibilidad: si no es sostenible la base material del mantenimiento de la vida humana sobre la tierra, evidentemente tampoco puede mantenerse sobre ella el tipo de civilización que ha sido causa de tal perturbación” (2009:41). Por eso, más allá de los interesados silencios académicos, políticos e institucionales que no se atreven a usar determinados términos, consideramos con Fernández Buey que es una crisis del capitalismo y del pensamiento y de los valores de la denominada cultura occidental. Es decir, hablamos de una crisis ecológica y energética, de una crisis económica y social, de una crisis del patriarcado y de la democracia, y de una crisis sin precedentes del sistema de instituciones y valores que han dirigido los destinos del mundo en los últimos tres siglos.

Y no se trata solamente de que sigan sin cumplirse los ideales de la modernidad establecidos en la Revolución Francesa -Igualdad-Libertad-Fraternidad- sino que tras el colapso del socialismo

1 Este artículo fue presentado en el curso de verano “Ideologías e identidades políticas de la

Posmodernidad” dirigido por el profesor Francisco Letamendia y celebrado en Bilbao (UPV-EHU) del 21 al 23 de Julio del 2014.

burocrático en la URSS y el resto de países del Este europeo y con la caída del Muro de Berlín en 1989, el poderío del ideario liberal capitalista que ha ocupado cada rincón del Planeta está en grave crisis. Y lo está porque como dicen los y las defensoras del eco-socialismo-feminista, la relaciones entre nuestro sistema de producción y de consumo y la base físico-biológica del mantenimiento de  la vida (los ecosistemas naturales) son insostenibles, las desigualdades socio-económicas siguen en aumento y se han incrementado escandalosamente tras el estallido de la burbuja financiera (2007- 2008) y además las mujeres no están dispuestas a seguir siendo una vez más, las eternas perdedoras de las crisis y revoluciones que en el mundo han sido.

2.      Contra el pensamiento único, vuelven las ideologías.

Si miramos y nos fiamos de lo que observamos, llegaremos a la conclusión de que la mayor parte de las cosas verdaderamente importantes van a peor. El agua limpia, las reservas pesqueras, los espacios naturales, los bosques, la energía fósil, la biodiversidad o el tiempo que las personas tienen para dedicar a cuidar y relacionarse con los demás son bienes cada vez más escasos y degradados. La brecha económica que separa a las personas enriquecidas de la gran parte de los seres humanos empobrecidos y expoliados crece de forma obscena. El enorme aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, fruto de la actividad humana sobre todo en el mundo rico, o la proliferación de productos químicos ajemos a la dinámica de la biosfera, están alterando los equilibrios dinámicos y cambiantes de la naturaleza que explican la existencia de la especie humana. El cambio global es de tal calado que ya hay quien propone que nuestra era geológica pase a denominarse Antropoceno, ya que la especie humana se ha erigido en el principal configurador de las dinámicas biogeofísicas de la Tierra”. Así comienza el prólogo el libro colectivo “Claves del ecologismo social” (AAVV, 2009) editado por Ecologistas en Acción dónde podemos encontrar un extenso elenco de académicos y activistas (Yayo Herrero, Ramón Fernández Durán, Marta Pascual, Carlos Taibo, Marta Soler, Jorge Riechmann, Alicia Puleo…) con breves textos que dan las claves para entender las bases ideológicas del pensamiento político eco-socialista-feminista.

  1. Marx escribió que la ideología principal o dominante de cada ciclo histórico o cada sociedad era precisamente la de la clase social dominante. En ese sentido, hoy existen pocas dudas de que a pesar de la grave crisis que padece el neoliberalismo, denominado “pensamiento único” por Ignacio Ramonet, sigue siendo la ideología dominante. Pero decía Marx, el proletariado industrial, la clase social destinada a dirigir la revolución socialista, también crearía su propia conciencia de clase, esto es, el socialismo, como consecuencia de la convivencia en unas mismas condiciones objetivas, de trabajo y vida social, en una sociedad capitalista. Es decir, que el capitalismo ha engendrado las condiciones, no solo para crear su propia ideología dominante, sino también para crear una ideología de rechazo. En la actualidad, por las condiciones económicas, sociales y políticas que existen en el mundo a comienzos del Siglo XXI, creemos que al socialismo como respuesta ideológica al sistema capitalista, le hacen falta las patas del ecologismo y del feminismo para atender las respuestas ideológicas que la crisis civilizatoria demanda.

Siendo cierto que en determinadas condiciones de urgencia, el capitalismo ha llegado a defender e impulsar sistemas e idearios políticos como el fascismo o el franquismo, en el seno de los cuales se produce una super-ideologización que puede incluso poner en cuestión los pilares del “laissez faire, laissez passer”, también lo es que en contextos socio-económicos más normalizados o equilibrados, la clase social dominante ha llegado a aceptar cambios en la estructura económica, en la legislación,

en la moral o en la cultura dominante, con el objetivo de interiorizar o neutralizar las críticas de otras ideologías, como por ejemplo el socialismo, el feminismo o el ecologismo, en la búsqueda de legitimación y de asunción del consenso básico del sistema de pensamiento y acción dominante. Y así, hemos conocido el Estado Social de Derecho o el denominado Estado del Bienestar, arrancados a las clases capitalistas dominantes por la izquierda y el sindicalismo, las políticas de igualdad de género y los Institutos y Ministerios de la Mujer o las reformas medioambientales propuestas por el “imposible capitalismo verde” por recordar la obra del eco-sindicalista belga Daniel Tanuro. Es decir, se acepta perder algo, lo indispensable, para no perderlo todo. Sin embargo, para los y las defensoras del eco-socialismo-feminista el capitalismo como sistema social y económico ya no puede integrar sus reivindicaciones, el pensamiento único deberá aceptar que tiene ante si pensamientos alternativos.

En opinión de autores como D.Bell, K.Popper, S.Lipset, E. Shils o R. Aron, entre otros, las  ideologías del siglo XIX y XX fueron muy apasionadas, generando movilizaciones y revueltas, amplificando los enfrentamientos entre religiones y llegando a apuntalar sistemas totalitarios. Pero una vez pasada la época del enfrentamiento sangriento entre la izquierda y la derecha, y una vez alcanzado el consenso social en Occidente tras la IIª Guerra Mundial, se anunciaba el declive de las ideologías. Desde esta perspectiva, se había llegado al final de las lógicas revolucionarias para encarar el cambio social al menos en Occidente y se hablaba de un panorama ideológico residual y distinto tanto el ámbito del socialismo soviético (Segundo Mundo) como en el llamado Tercer Mundo. Es evidente que a estos autores o no les parecía relevante o no les interesaba el nacimiento de la nueva izquierda en los años 60 y 70 del pasado siglo (Barcena,2010)

Desde el punto de vista del funcionalismo conductista, las ideologías han distorsionado y simplificado la complejidad social y podrían seguir teniendo sentido en los continentes atrasados o “subdesarrollados”, pero no en el marco político occidental. Es decir, los discursos ideológicos perdieron su fuerza con el nuevo paradigma político que se abrió en Occidente tras la II Guerra Mundial, en el que el pluralismo, la tolerancia y la racionalidad fueron sus valores fundamentales. Como si ellos se movieran “más allá de las ideologías” y la suya no fuera una postura ideológica más.

Para estos autores, finalizado el sentido de las diatribas ideológicas, nos adentramos en una época dominada por la técnica. Más allá de los fundamentos ideológicos, las decisiones políticas deben buscar la eficacia y esta se mide a partir de la buena gestión y la administración política. En este nuevo contexto, se priorizan los criterios técnicos y burocráticos, dejando aparentemente de lado la dimensión ideológica. En la década de los 80 del pasado siglo, esta ideología del “fin de las ideologías” sirvió de sustrato para asentar el capitalismo popular ligado a las clases medias occidentales, de la mano de gobiernos como el de M.Thatcher o R. Reagan. Con el advenimiento del fin de las ideologías, al debate y a la lucha por la propiedad de los medios de producción se le contrapuso la sociedad del conocimiento y el avance en las nuevas tecnologías. Hoy, frente a la lucha y el antagonismo entre las clases sociales se propone la innovación tecnológica y social.

La teoría del “fin de las ideologías” fue recuperada y reforzada posteriormente por F.Fukuyama, director del Departamento de Planificación del gobierno de los EEUU con su obra “El fin de la Historia”. A pesar de que esta obra ha tenido mucha influencia entre las corrientes neoliberales y neoconservadoras al proclamar la victoria indiscutible de la democracia liberal capitalista frente al socialismo, ha sido muy criticada en la medida en que abandera la defensa del “statu quo” capitalista

y tecnocrático sin tener en cuenta la permanencia de profundas contradicciones ideológicas en conflicto. Muchos autores y autoras han criticado su uso como una herramienta ideológica de la época de la Guerra Fría y se le ha acusado de querer cambiar los parámetros del debate político de forma fraudulenta. En opinión de sus críticos siguen surgiendo nuevos factores de radicalización y conflicto socio-político y en consecuencia, surgen nuevas propuestas ideológicas, tal y como muestra el surgimiento de la denominada nueva izquierda y de los nuevos movimientos sociales, presentes en Occidente y también en el denominado Tercer mundo.

Si bien es cierto que con el fin del siglo XX y sobre todo tras la desaparición de la Unión Soviética y de las repúblicas socialistas de su entorno se ha debilitado la competencia ideológica entre capitalismo y socialismo posibilitando que, sobre todo en las democracias capitalistas y liberales de occidente, se viviera en una cierta estabilidad ideológica, tampoco se puede negar que el peso de ciertas ideologías asociadas a la violencia, al racismo, a los nuevos movimientos sociales, o al renacimiento del nacionalismo, ponen contrapunto a los anteriores cleavages ideológicos. Según Ulrich Beck, esto supone el regreso de la politización. No hay Occidente sin Oriente y según este autor, el fenómeno denominado Guerra Fría trajo consigo la abolición de la política, la continuación de la situación bipolar aceptada en Yalta y Postdam. Para Beck, las ideologías y los agentes sociales tradicionales quedaron obsoletos, mientras emergían nuevos agentes para hacer frente a los nuevos y viejos problemas políticos (crisis ecológica, sociedad tecnológica, patriarcado, xenofobia o derechos sexuales).

3)  Cambiar las gafas.

Las ideologías han sido definidas utilizando diversas metáforas. Para K. Deutsch las ideologías son mapas que permiten orientarnos en la política, imágenes simplificadoras de la realidad que nos facultan para poder navegar en las procelosas aguas de la política, como apostillan los profesores R.

del Águila y F. Vallespín2. Sin embargo para otros autores y autoras las ideologías son gafas de colores distintos que, más allá de las posibles deformaciones que producen en la realidad socio-política que contemplan, se caracterizan por observar o visionar esa misma realidad teñida por el color del filtro ideológico que cada una aporta. Verde para ecologismo, rojo para el socialismo y violeta para el feminismo, en el caso que ahora nos ocupa. Utilizando esta metáfora, hay quien se plantea que para enfrentarse a la actual crisis civilizatoria es necesario cambiar de gafas para mirar el mundo.

“Las mejoras vividas o percibidas han afianzado los esquemas (las gafas) con las que miramos la realidad. Si algo es bueno, entonces más de lo mismo será mejor. Desde esta lógica es posible ver con buenos ojos la movilidad creciente, la producción creciente, el consumo creciente, el comercio internacional y por supuesto el crecimiento continuado. Pero la Tierra no es creciente sino dinámicamente estable. Y ya ha enseñado sus límites. Las dificultades para extraer petróleo en las mismas cantidades que en el pasado, la fuerte reducción de la biodiversidad, el cambio climático generado por el ser humano, la contaminación de los océanos, la cementación y la desertificación de una parte creciente del territorio son signos de los límites de la biosfera… Estamos presos de nuestra propia cultura, de nuestra manera de entender el mundo, de las categorías mentales con las que organizamos la percepción. Somos hijos e hijas de los supuestos que aprendimos heredados de la primera industrialización… Muchas de estas categorías mentales operan como supuestos no discutibles. Configuran nuestra cultura sin ser puestas en tela de juicio. Parece fuera de toda duda que la historia siempre va de peor a mejor, que la gente común maneja cada vez más información, que el progreso tecnológico nos va a hacer vivir mejor, que es deseable aumentar la producción, que el desarrollo de los países ricos es bueno para todos los países, que el crecimiento económico nos hará tener menos dificultades. Muchos supuestos fueron instalados en la base de la cultura bastantes años atrás: “Creced y multiplicaos”. Otros son más recientes: “lo más importante es la economía” o “el crecimiento es un bien”. Muchas de estas categorías permanecen en nuestros cerebros por inercia aún cuando estén desadaptadas, pero otras han sido y están siendo intencionalmente implantadas. Son funcionales al mantenimiento de los privilegios del poder. Son parte de la ideología dominante.”3

Estas palabras han sido tomadas de una interesante obra colectiva que resulta un compendio de refutaciones al denominado pensamiento único, un amasijo de ideas y críticas dónde ecologismo, feminismo y anticapitalismo se dan la mano para proponer otro modelo de conocimiento que cuestione la fe ciega en la tecnología, para señalar la necesidad de un profundo cambio de paradigma económico donde la centralidad no la ocupe el mercado sino los cuidados y la sostenibilidad.

Pero como dice Jorge Riechmann en el prólogo del libro “necesitamos sin duda cambiar las gafas con que miramos el mundo. Pero hacerlo es muy difícil: no hay óptica suministradora de gafas prêt a porter donde podamos comprar lucidez a buen precio. No se trata de sustituir una construcción ideológica por otra, sino emprender un laborioso trabajo de revisión crítica de los valores y creencias dadas, que hoy nos están equivocando terriblemente”. Ese es, a mi entender, el gran reto del eco- socialismo-feminista.

2 Deutsch, k. (1980) Politics and Government. How People decide their Fate. Houghton Mifflin Company. Boston. Citado en Del Águila, R. & Vallespín, F. (1998) “Ideologías políticas y Futuro” en Ideologías y movimientos políticos contemporáneos. Joan Antón Mellón (edit.) Tecnos, Madrid.

3 Herrero, Yayo; Cembranos, Fernando; Pascual, Marta (Coords.) (2011) Cambiar las gafas para mirar el

mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad. Libros en Acción. Madrid, págs.19-22.

(Continuara)

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