Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Inconcebible en Marruecos: Dar nombre de un etarra a calles de Tetuán o Layun

Los que se respetan

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Una de las altas cualidades de Marruecos es su cabal y probada sensibilidad a no herir o incomodar a sus vecinos, especialmente España.

A mal tiempo, buena cara, hasta en la actual crisis hispano-marroquí en la que, hasta ahora el gobierno español se muestra incapaz de aportar una respuesta coherente, ni siquiera si sabía o no que el jefe de las milicias del Polisario era argelino o no, Marruecos trata, en medio del vendaval, conservar la serenidad y con ella una margen para un eventual retorno de la confianza mutua y del sentido común.

De tal modo que, gobierno, prensa y medios de comunicación se limitan a defenderse de las incesantes calumnias y difamaciones de sus homólogos españoles.

Sin embargo, como sucede en tan a normales situaciones siempre los hay que buscan pescar en aguas turbias, que, por instrucciones argelinas, dan nombres de cadáveres políticos y de oportunistas clasificados a nombres de sus calles no por su mérito, sino solo y enigmáticamente por su brote de moro fobia.

En Marruecos, nunca se daría nombre de un etarra a ninguna calle, simple y racionalmente porque Marruecos, como el amor de aquél legendario Antonio Molina, ni se compra ni se vende.

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