Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Inmensa mayoría (98%) e ínfima minoría (2%) La voz de a razón

Abriendo bien los ojos

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Como afirmaba esta misma tarde mi amigo y profesor Said Jedidi en una de sus respuestas a la avalancha de tentativas de tergiversación polisaristas “algo falla en todo esto. Es insensato creer que el 98% de los sahrauies, honestos, dignos y orgullosos de marroquinidad son ‘traidores’ y el 2% o menos, al servicio de empresas desestabilizadoras y terroristas no lo sean”.

El mismo día, Mahjoub Ould Salek, uno de los fundadores del separatista Frente Polisario y líder del movimiento “Khatt al-Shahid” escribia en su perfil de Twitter: “Tenemos dos soluciones, quedarnos para siempre en el infierno de los campamentos de Tinduf o aceptar la autonomía que nos permite administrar nuestros asuntos y preservar nuestras peculiaridades culturales bajo la soberanía del Reino de Marruecos”.

Dos ideas, dos concepciones y una sola realidad: O la autonomía que exige la abrumadora mayoría de los sahrauies libres o el gulag argelino de Tinduf otros 47 años o siglos. Entre ambas no hay otra vía.

Y es que, como todo el mundo sabe, entre el realismo y la utopía no hay más que un ápice.

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