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inmortalidad gente de calle dia del escritor Buenos Aires: Elias D. Galati

LA INMORTALIDAD

Un científico examina e investiga la luz de una estrella, que llega a la tierra, pero que quizás haya desaparecido hace millones de años.

La luz está, es visible, ha recorrido el espacio, pero en su origen murió en tiempo inmemorial.

¿Es que la estrella nació de la nada y volvió a  su origen, la nada?

O como dicen los científicos “nada se pierde todo se transforma”, y sus partículas al explotar, quedaron suspendidas y están construyendo ahora nuevas Supernovas.

Tendrá razón Platón, las almas son inmortales, porque son elementos simples, y los elementos simples no perecen.

Los compuestos se separan, desaparecen en otros más pequeños. Pero el elemento simple, como el alma, es inmortal.

Esas partículas, como en la teoría platónica, van a formar otros cuerpos.

No mueren, no desaparecen, son inmortales.

La teoría es fascinante.

Porque además en esa disolución las estrellas han liberado energía.

La energía está en todo el universo y en todas las cosas.

Es parte de la evolución, porque todo evoluciona.

Decía Carl Sagan, dale  millones de años a la materia y verás lo que es capaz de hacer.

Pero la teoría no explica el origen, cual es el primer paso.

El Big Bang, la primera explosión, es de una energía, pero de donde salió esa energía.

O tendrá razón Spinoza, todo es Dios.

¿Ante que estamos?

Cuentan que los filósofos de la Escuela pitagórica, presocráticos, antes de Cristo, habían descubierto el cálculo infinitesimal; se asustaron, dejaron la investigación y la ocultaron.

Sus trabajos fueron descubiertos miles de años después.

El hombre primero se asombra y después teme lo que no puede comprender.

Dicen que el necio teme a lo desconocido, pero el hombre lo busca, y teme a lo incomprensible.

Aquello que escapa a su razón.

Vive una vida lógica. Todo tiene que probarlo, comprenderlo para reeditarlo.

Pero esta cuestión de la inmortalidad nos remite más a los sentimientos que a la razón.

Porque muchas veces sentimos lo que no podemos razonar. Lo que escapa a nuestra razón.

Nos resistimos, a pesar de ello, a creer que haya otro nivel, superior a la razón humana.

Es un signo de soberbia, de desconocer nuestra finitud.

Pero el hombre se aferra a su razón, y sigue buscando.

Algunos simultáneamente buscan en sus sentimientos las respuestas, como aquello inefable, de lo que no pueden hablar.

Decía Agustín, se lo que es el tiempo, pero si me lo preguntas no te puedo contestar, no se que decir.

Santa Teresa sostuvo que le había sido dada la visión del cielo, pero que no podía explicarla, ni siquiera hablar de ello.

Otros buscan en la fe, en sus creencias, como una condición distinta de la razón, en la que no hay explicaciones, quizás razones, circunstancias, pero para nosotros incomprensión. Racionalmente no lo podemos entender.

Platón siguiendo la mayéutica socrática pretendió probar la inmortalidad del alma, muchos teólogos cristianos, judíos, musulmanes y de todas las religiones, pretendieron demostrar la existencia de Dios.

La inmortalidad es un tema que se cree, se razona, se apoya, se opone, se cuestiona y hasta se duda.

Podemos llegar al convencimiento de la inmortalidad, o quizás nuestra finitud, nuestros límites sean el obstáculo para lograrlo.

Cuando me pregunto a mi mismo, si hay algo más, algo superior a nosotros, pienso que si en todos estos años, el mundo sigue andando a pesar de los desastres y desaciertos de los hombres, es porque hay   algo superior, un orden que lo sostiene.

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