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INTELIGENCIA VS PREVENCIÓN DEL DELITO La eterna pugna entre el control político y el control ciudadano  Buenos Aires: Por CRISTIAN GUZMAN ZUMARAN ABOGADO MAGISTER EN CIENCIAS POLÍTICAS Y SEGURIDAD

Tribuna infomarruecos.ma

La producción de Inteligencia y la prevención del delito son dos cosas totalmente distintas, tanto por su naturaleza, sus métodos, herramientas, objetivos y consumidores políticos o institucionales. Ambos instrumentos de colaboración al poder se encuentran en esferas distintas de trabajo y muy distantes una de otra en cuanto a los consumidores de sus productos se trata.

Un régimen puede sostenerse sin seguridad ciudadana, de hecho, ha ocurrido muchas veces y la auto tutela es una de las formas de prescindir de la seguridad ciudadana, pero nunca podrá sobrevivir sin la función de inteligencia con leales y eficaces operadores.

La función de inteligencia por ej. se ubica exactamente en una línea horizontal de apoyo en la toma de decisiones del conductor político estratégico, es decir, del líder, de aquél que tiene que tomar las decisiones de conducción de la organización de que se trata. Puede ser un Gobierno, una organización política, comercial o empresarial o de seguridad, incluso una organización criminal puede contar con servicios de información afines para mantener el control y la eficacia de sus operaciones ilícitas. El consumidor de inteligencia, puede ser interno o externo a la estructura de las agencias.

Los insumos de la función de inteligencia serán los informantes, agentes encubiertos, las escuchas telefónicas, la interceptación de las redes informáticas, correos electrónicos, mensajería de texto y de internet, micrófonos, el espionaje en todas sus dimensiones, la recopilación de información por sectores de interés, instituciones, agencias, estamentos de gobierno, las cárceles, lugares de encuentro de las personas, clubes, cabarets, sitios de citas, lenocinios o empresas estratégicas y de interés focal, personas de interés público y privados, no hay límites para la búsqueda de fuentes de información, sobre todo si son abiertas, medios de comunicación masivos y redes sociales. Toda esa información debe procesarse, clasificarse, analizarse con dirección y distribuirse; cumplir con los objetivos generales y específicos, atendiendo a la contingencia o a planificaciones estratégicas de corto, mediano y largo plazo, ya que para enfrentar y resolver crisis políticas; ya sea generadas por circunstancias coyunturales o incubadas por una gestión ineficiente, suele ocurrir que las crisis pueden derivar en catástrofes y la información pasar rápidamente a ser obsoleta o inútil por el constante cambio de escenarios que plantean ese tipo de conflictos en el nivel de toma de decisiones políticas.

Por ej. La seguridad ciudadana en el concepto de agencia, pedirá como insumos informes sobre la seguridad pública y de la policía para decidir si aumenta o no los recursos para las unidades policiales comunales, o inyectará más recursos hacia la prevención de una determinada clase de delitos. Lo hará con criterios e intereses estrictamente políticos o de orden público, habitualmente en atención a modificar la percepción de la ciudadanía sobre un determinado tipo de conducta delictual.

Pondrá recursos en toda la cadena productiva del sistema punitivo de persecución criminal: Ministerios, Subsecretarías, Intendencias, Gobernaciones, Municipalidades, fiscalías, policías, poder judicial, cárceles y si sobra, en el sistema de reinserción social de los condenados. Etc. Eso si se trata de un modelo “ideal” de sistemas de seguridad ciudadana ya que los sistemas de seguridad nacional son mucho más amplios y complejos e implican coordinar todas las áreas de la seguridad, tanto defensa como interior y los sistemas de inteligencia son una parte estratégica de ese sistema; y sabemos que los modelos de sistemas de inteligencia han mutado desde hace bastante tiempo y en especial desde los años 80´s a una fórmula de toma de posesión de los grupos organizados criminales, en forma de una derivada de la infiltración con los recursos y herramientas de la contra inteligencia.

El Estado también le dará dinero a los bancos y las grandes empresas por medio de compra de insumos o como capital, en materia de seguridad se harán alianzas entre lo público y lo privado; los estados comprarán acciones o promoverán fusiones para incidir en la percepción del delito que es un enorme negocio económico y político para sus controladores y miles de “asesores” bien pagados en la cadena productiva, ya sea de la función de la seguridad ciudadana y sus objetivos como de la masa crítica de delitos que produce el modelo económico.

Aunque es tema para un próximo artículo, la masa delictual, el tipo de delitos, la inseguridad ciudadana y la percepción de la criminalidad son índices directamente relacionados con el modelo económico y el manejo de las políticas públicas sobre la delincuencia que hace el gobierno de turno. En palabras simples, los índices de criminalidad – a la baja o al alza – y la gravedad de los mismos son controlados por dedos expertos como las finanzas en una mesa de dinero de un banco o la música de un concierto en la mesa de sonido del ingeniero.

Por ejemplo, si se hace una redada y se incauta toda la droga en una región, inmediatamente los índices de criminalidad respecto de delitos como el robo en hogares, bancos, almacenes y tiendas, los portonazos, los “chorros”, el homicidio y las violaciones aumentaran por el traslado de la “mano de obra” delictual vacante a esas otras “oportunidades de negocios” que son menos rentables que el narcotráfico, pero efectivas para mantener el día a día del delincuente. Otro de los factores que afectan el índice de criminalidad es el sistema de penas a los delitos, pero de una forma mucho más indirecta y a largo plazo, ya que la disuasión por el aumento de las condenas suele incidir tardíamente en los delincuentes. Podemos decir con propiedad que la frase “el crimen sí paga “, es acertada, solo que no generalmente al delincuente de base, él es solo un “insumo” más de la cadena productiva del sistema de delitos.

La función de inteligencia, que por definición no es operativa sino analítica, de análisis de información, muy por lo general, no está entrenada y no hace operaciones de campo con enfrentamientos o persecuciones como las personas creen y se ve en las películas, un analista de inteligencia se parece más a un bróker de la bolsa de valores de Nueva York o Londres que a un agente secreto tipo James Bond o Jason Bourne, esa es tarea por lo general de la “contra inteligencia” que tiene por función destruir los planes y operaciones del eventual adversario o defenderse de los ataques de aquellos, que por su parte, cuenta con varias veces menos recursos y tamaño que su competidor político directo, la seguridad ciudadana.

Aunque que en niveles muy distintos, la función de inteligencia tiene como principal objetivo, generar insumos, informes, para que sus consumidores directos o indirectos puedan tomar decisiones de carácter directivo en el nivel político estratégico. Estos informes contienen predicciones de escenarios futuros y de comportamiento de los diversos agentes o actores políticos, empresariales, medio ambientales o sociales y si es de interés de la defensa colaborar con el sistema de inteligencia de la defensa nacional.

Para cumplir sus objetivos se usan múltiples herramientas o predictores del comportamiento. Similares a los usados por las agencias de publicidad o de marketing político y desde hace un tiempo el análisis de la BIG DATA.

La degeneración de los métodos de captura de información, generalmente usados por la contrainteligencia, es lo que ha provocado en la comunidad política y la ciudadanía, las desconfianzas sobre las agencias. El uso de la tortura y de técnicas invasivas de espionaje, han demostrado ser ineficaces, un estudio del congreso norteamericano hace apenas unos años, demostró que apremiar ilegítimamente a una persona no produce el resultado esperado, que la información obtenida suele ser falsa o estar contaminada y en consecuencia ser habitualmente inútil para los propósitos del consumidor de inteligencia.

En un modelo de sistema de inteligencia ideal, se usarán las matemáticas avanzadas del nivel y tipo de las usadas de tecnología aeroespacial. Eso, en los sistemas de Inteligencia que son modernos y con recursos adecuados y que controlan moderadamente la contaminación política de las agencias. Se usará sobre todo la experiencia e intuición de los analistas producto del “conocimiento inconsciente”.

Se usan también los mejores recursos humanos disponibles, algo muy lejos de ocurrir en Chile, por el sesgado círculo político y su polarización ideológica, el nepotismo, en todas las áreas de la defensa, de orden y seguridad públicas, ha impedido el desarrollo de un sistema de inteligencia eficaz en Chile, no solo por el miedo, a veces explicable, de los políticos, sino además por las luchas de poder institucional.

Así, la seguridad pública, jamás podrá distinguir y además porque no es su campo, la diferencia entre “propaganda inteligente y sofisticada” y un mensaje informativo en video de un agente enemigo o un grupo terrorista. No podrá hacerlo, porque no es su función, no tiene las herramientas ni las capacidades. En cambio, un grupo de tareas de una agencia de inteligencia si tendría esas capacidades, o debería tenerlas.

Las FAKE NEWS o noticias falsas, por ej. es lo más alejado de las funciones de la inteligencia como insumo hacia el consumidor de inteligencia. Sería una distracción presupuestaria catastrófica. Desinformar al ciudadano está demasiado fuera de las tareas y objetivos de la función de inteligencia, esa es una tarea propia de grupos de apoyo al poder en cuestiones de gobernabilidad. Esa es una tarea que habitualmente hacen los colaboradores de las agencias de la seguridad pública y del gobierno, porque el objetivo de las noticias falsas o la construcción de la pos verdad es cambiar la percepción de las personas sobre un determinado tema y así, el consumidor de ese insumo, generalmente una agencia del estado o del gobierno, podrá dirigir las políticas públicas en uno u otro sentido. Lo que les importa es desviar grandes cantidades dinero hacia sus propósitos sectoriales o bolsillos personales.

Pj. se intensifica o crean noticias falsas y se difunden por los medios oficiales acerca del aumento de un determinado delito, luego las agencias de la seguridad pública reciben tecnología o insumos para “prevenir” ese delito, esos insumos, obtenidos por compras multimillonarias que son proveídos por empresas específicas, casi siempre sin licitación.

Un informe prospectivo de una agencia de inteligencia lo que haría sería prevenir de un determinado efecto político, social o económico al gobierno, y la conducta del presidente o su gabinete sería la de crear un programa de prevención o atenuación de los daños por ese evento pronosticado. Impedir la catástrofe antes de que ocurra. Se harían protocolos de prevención y si el evento fuera inevitable, se crearían programas de mitigación de los efectos en las comunidades afectadas. Por ej. Si se tratara de una crisis ambiental o sanitaria, se harían  protocolos y programas para  reforzar los servicios de salud, mejorar los servicios sanitarios, de atención primaria, de enlace interinstitucional y de acueductos o vías de evacuación de la población.

Se harían convenios entre entidades de salud y probablemente un programa de difusión para conocer de los protocolos implementados. Se activaría una maquinaria perfectamente organizada y coordinada del aparato estatal para dar satisfacción a las necesidades e instrucciones del líder político.Si el informe fuera sobre la realización de un ataque focalizado, un evento único, ya sea con propósitos políticos, económicos o sanitarios, la reacción del consumidor de inteligencia sería la de instruir la prevención o neutralización de ese evento.

El fin último de la inteligencia es evitar que ocurran los eventos cuando estos son de naturaleza humana y atenuar los efectos cuando no lo son o son de carácter natural.

Solo en los regímenes totalitarios o autocráticos se usan los sistemas de inteligencia contra los adversarios políticos o la población civil. Los sistemas de inteligencia en un régimen democrático siempre son neutrales, tienen que serlo para mantener su integridad institucional y su objetividad. Un sistema de inteligencia no es creíble cuando es sesgado, politizado y sin objetividad, es completamente inútil, no importa si opera para un régimen político democrático o autoritario.

El propósito, como hemos dicho, de un sistema de inteligencia del estado es proyectar eventos y escenarios futuros e informar oportunamente a su consumidor final. Las decisiones que el “cliente”, el conductor político estratégico tome en relación a la información recibida son de su única y excluyente responsabilidad política.

La principal obligación del sistema de inteligencia es que deben adelantarse a las consecuencias o efectos de un evento catastrófico que ponga en riesgo, dañe o impida el normal desarrollo de la vida cotidiana de las personas y el funcionamiento social; y prevenir o atenuar sus efectos, crisis institucionales, económicas, políticas, naturales, amenazas de potencias o eventuales enemigos extranjeros, etc. Por eso el uso de los insumos generados y las capacidades de las agencias del sistema de inteligencia debe estar en manos de gente idónea y con capacidades adecuadas, especialmente de personas con un estándar de ética superior. No es prudente dejar ese enorme recurso y poder en manos de sujetos ineptos o comprometidos políticamente.

Afortunadamente, las agencias de inteligencia serias y de países con gente preparada están en manos de gente idónea para el cargo, aunque con algunas notorias excepciones. En Chile esa ha sido una de las debilidades más evidentes del sistema de inteligencia del estado. La ineptitud y corrupción de los líderes políticos.

En efecto, la corrupción ha sido el gran tapón de algunos sistema de inteligencia, que ha contaminado todo el sistema y lo ha pervertido de tal manera que ha degenerado toda su funcionalidad, utilizándolo para intervenir el normal desarrollo de las tareas estatales y en especial para cumplir propósitos sectoriales, temporales y particulares, muchas veces en alianza con personas y grupos empresariales y extranjeros, habitualmente con un solo propósito, asegurar una cuota de participación en un mercado, concesiones estatales, negocios de exportaciones, etc. Por eso necesitan mantener ciertos cargos de poder e influencia y allí es donde resulta fundamental la información que solo puede obtenerse con la asistencia de las agencias de inteligencia.

Otro de los efectos nefastos del mal funcionamiento de un sistema de inteligencia del estado es que su vulnerabilidad es rápidamente detectada por las agencias de potencias extranjeras y se ve obligado aceptar la “colaboración” y por consiguiente queda expuesta a una infiltración y pérdida de control de su sistema de producción de información, porque muy probablemente va a dirigir las tareas y actividades hacia los objetivos diversos a los de su consumidor formal, poniendo eventualmente en riesgo toda la seguridad nacional, lo que puede transformar cualquier Estado en un Estado Fallido.

Esa degeneración del sistema, por causa en la corrupción, es absolutamente ajena a las funciones de un sistema de inteligencia del estado.

Por ejemplo, el caso argentino es paradigmático, de cómo las agencias de inteligencias se han infiltrado en todas las agencias del estado hasta el punto de controlarlas a su antojo y controlar a sus consumidores y clientes, generando burbujas de “realidad”, en que los intervenidos ya no pueden distinguir los hechos y están a completa merced de ellas. Por eso, ya desde el 2015, el congreso argentino aprobó una ley de eliminación de la prohibición de declarar en juicio a los agentes de inteligencia. Un intento que terminó por crear más caos que soluciones, porque las agencias se defendieron y reaccionaron revelando durante las audiencias públicas en los juicios, con grabaciones y videos de cámaras ocultas, algunos de sus métodos de soborno a jueces, fiscales, políticos y funcionarios públicos. Esto provocó que el ministerio público argentino perdiera muchos juicios por que la prueba presentada era ilícita, por cuanto se había obtenido por medio de la comisión de delitos por parte de los agentes de inteligencia del estado. Muchos fiscales y jueces fueron encarcelados. Esto no ha ocurrido con mucha frecuencia en Chile, salvo en el conocido caso de la ciudad de Rancagua, Temuco y otras del norte de Chile. También hubo casos expuestos en Perú y otros países del continente.

El método usado por las agencias de inteligencia de Argentina, ya viene usándose en América Latina desde hace décadas, en Perú, desde los 80’s 90’s, el resto de América Latina desde los años noventa.

Uno de los efectos más nocivos que provoca la corrupción política es poner a las agencias de inteligencia como auxiliares de la administración de justicia, porque tienden a contaminar todas las investigaciones y procesos judiciales para su propio beneficio, ya que los grupos de tareas obedecen instrucciones de sus consumidores de inteligencia y estos son sus superiores jerárquicos y nunca los servicios o consumidores finales que solo reciben la información previamente filtrada.

Un conductor político estratégico, institucional  o corporativo sin inteligencia o información real o correcta, es como un piloto de F16 sin radar y radio de comunicaciones. Tendrá que valerse sólo de sus instintos asumiendo los riesgos que ello conlleva. Como cuando Kennedy, el 3 de noviembre de 1963, autoriza desde su casa de veraneo y por teléfono el golpe de estado en Vietnam, y provoca el asesinato del dictador vietnamita dando inicio formal a una masiva intervención militar americana. Uno más de sus “descuidos”, nunca superaría la culpa por ese hecho. JKF sería asesinado en Dallas, oficialmente con una bala mágica que zigzagueo en el aire arriba y abajo, exactamente 20 días después.

Por esa razón la información de inteligencia debe llegar al consumidor final sin filtros, directamente desde el equipo de producción, siempre sin intermediarios y por sobre todo, el conductor político estratégico debe tener las capacidades, las condiciones mentales, físicas y la templanza suficiente para tomar las mejores y más adecuadas decisiones.//

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