CrónicasFeaturedVela en la obscuridad

Isabel II, reina de todos los colores, Abdel-Wahed OUARZAZI Profesor de economía y analista

Análisis

Abdel-Wahed OUARZAZI
Profesor de economía y analista

Sea esto un modesto homenaje a un personaje tan entrañable como histórico que fue y lo será eternamente, la reina Isabel II.

La Casa Real británica informaba oficialmente, a las 18:30 horas de la tarde del jueves 8 de septiembre, que “la Reina murió pacíficamente en Balmoral” (Escocia).

Buckingham se llenaba de flores. Y los telediarios emitían imágenes de la reina en sus diferentes apariciones, públicas y privadas, durante su largo reinado. Ella, tan elegante como de costumbre, ataviada con sus variopintos trajes y sombreros a juego, de colores casi fluorescentes, tan alegres como llamativos. Lo que contrastaba con los trajes negros, en señal de luto, de los propios presentadores y presentadoras.

Durante su largo reinado, de 70 años, fue testigo de la evolución y configuración política del nuevo mundo que hoy conocemos y que seguirá evolucionando, esta vez, en su ausencia. Pero la monarquía queda garantizada por los propios ingleses. De hecho, es inimaginable concebir una Inglaterra sin corona.

Su reinado, incuestionable, se vio ensombrecido por el relato desgarrador de Lady Di sobre su malogrado matrimonio con el que fuera por entonces heredero eterno, el príncipe Carlos, ahora rey Carlos III. Pero la reina supo finalmente superar ese bache, con paciencia y dedicación, acercándose sigilosamente a su pueblo. Al tiempo que mantenía cierta distancia para no caer en populismos. Actitud de la cual emanó la fascinación con la que sedujo tanto a su pueblo como al mundo.

La reina Isabel II ha tenido muchas virtudes. Destaca por encima de todo su espíritu conciliador, de concordia y de convivencia. Quizás su mayor secreto sea el hecho de no expresar ninguna opinión, haciendo gala de la neutralidad debida. Es por ello que su personalidad haya sido bien aceptada por las diferentes sensibilidades de la Gran Bretaña.

Además, ha sabido jugar excelentemente su papel de símbolo de unidad política y territorial alrededor de su figura, cimentando las instituciones del país. Así, en política supo preservar el afecto de sus ex colonias durante las descolonizaciones que el mundo en general y, particularmente Gran Bretaña, experimentó a lo largo del siglo XIX. Ello permitió la creación de la Commonwealth manteniendo una relación fraternal, sin odios ni venganzas, con estos nuevos estados ya independientes.

Asimismo, los gobiernos británicos sucesivos supieron integrar la diversidad cultural, con sus colores, olores y sabores, procedente de esta gran Comunidad y de otras partes del planeta, en las mismas condiciones que los británicos. De hecho, Rishi Sunak quien disputó, hace unos días, el puesto de Premier contra Liz Truss, es originario del Punjab (India) o el mismísimo alcalde de Londres, Sadiq Khan, originario de Pakistán, por citar sólo dos casos de entre miles.

Cuando las monarquías europeas pasaban por apuros, todas las miradas se volvían hacía la reina Isabel II con ademán de envidia, por su solidez, corrección y, sobre todo, por su discreción. La reina irradiaba respeto hacia el exterior. El sultán Faruk de Egipto, que en su camino hacia el destierro dijo que “en algunos años sólo quedarían cinco reyes, la corona inglesa y los cuatro reyes de la baraja”. El sultán acertó en lo referente a la solidez de la corona británica pero no en lo otro, pues hay más reyes, además de los de la baraja.

Sin embargo, no cabe duda de que la desaparición de Isabel II marcaría un antes y un después en la política nacional e internacional. A Carlos III, personaje muy dado a opinar, le toca hacerse con la magia de la reina eterna. Esta Baraka, en árabe, fue un soporte indispensable para los 15 Primeros ministros que gobernaron durante el reinado de Isabel II, desde Churchill a la recién elegida Liz Truss. Cuyo traspaso de poder tuvo lugar en Balmoral por primera vez en los 70 años de su reinado y donde fallecería apenas dos días después.

La muerte de Isabel II no sólo conmocionó a los británicos sino a todos los jefes de gobierno y de Estado y a la ciudadanía de todo el mundo.

Que las presentadoras y presentadores de televisión se vistan de colores de los conjuntos de Isabel II sería un gran homenaje para una gran reina que lo fue también de todos y para todos los colores.

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