Tú, por ejemplo

JAVIER VALENZUELA “LA ÍNSULA BARATARIA” ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA (16)

LA FILFA DE LA “LEGALIDAD VIGENTE”

 

  El fundamentalismo de la legalidad es como cualquier otro: un         insulto                 a    la    libertad       y       la     razón.   He           dicho


fundamentalismo, esto es, la consideración de algo como eterno, inmutable, sagrado. Ninguna legalidad lo es; desde el Código de Hammurabi a nuestros días, la humanidad ha ido
considerando legales cosas que antes no lo eran y viceversa.

  Que la derecha suela aferrarse a la legalidad vigente, es lo suyo. En materia de libertades y derechos, la derecha prefiere el pasado al presente y, si no queda más remedio, el presente al futuro. Su seña de identidad es ser el partido de la ley y el orden, del statu quo.

 Pero que alguien que se diga de izquierdas invoque la legalidad vigente como supremo argumento contra una mejor expresión del pluralismo, revela que no es de  izquierdas. Desde las revoluciones americana y francesa, la izquierda es el partido del cambio y el progreso. La vigencia de tales o cuales leyes nunca ha sido nunca para ella un tabú infranqueable para intentar reducir el autoritarismo, la desigualdad y la injusticia.

 Gente  que,  sorprendentemente,  dice  ser progresista nos predica que no puede celebrarse una consulta en Cataluña sobre su relación con el resto de España porque no lo contempla la legislación vigente. O que no pueden bajarse los recibos de la luz o paralizarse los desahucios porque no lo contempla la legislación vigente. ¿Y qué? Cámbiese la legislación vigente. No parece ser tan difícil, se hizo con el artículo 135 de la mismísima Constitución.

 En mis años universitarios, el franquismo prohibía manifestarse en las calles porque así lo decía la legislación vigente. Y nuestras madres no podían obtener un pasaporte o abrirse una cuenta bancaria sin el permiso de su esposo porque así lo decía la legislación vigente. Aquella era una legislación vigente manifiestamente reaccionaria y España hizo muy bien en cambiarla en cuanto pudo. Legalidad no es sinónimo de justicia.

Lo dicho: la legalidad es contingente; sólo la justicia es necesaria.

(infoLibre, 20 de enero de 2016)

 

 

 

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