JAVIER VALENZUELA LA ÍNSULA BARATARIA ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA

0
Javier Valenzuela

CAPÍTULO  48

NO ESTAMOS LOCOS

 

Decenas de miles de desahuciados después, algunos de ellos empujados a quitarse la vida, la Justicia europea dictamina ahora que los desahucios de la ley hipotecaria española son  abusivos. Bienvenida sea una sentencia que confirma que esa amplia mayoría de españoles que pensamos exactamente lo mismo no estamos locos. No lo estamos; lo que ocurre es que nuestros banqueros tienen un morro que se lo pisan,  tan grande como su codicia, y nuestros políticos  -muchos  de ellos, sobre todo en los dos grandes partidos- son unos vendidos. Tan sencillo como eso.

 ¿Saben algo? Desconfíen de cualquier cosa que insulte al sentido común. Hace un par de años, cuando nuestros principales diarios ni hablaban de ello (el asunto era tabú, no fuera a ser que les quitaran la publicidad o apretaran con las deudas), The New York Times publicó un reportaje en el que lo flipaba con que aquí, en España, cuando dejas de pagar la cuota de la hipoteca, además de quitarte el piso manu militari, te condenan a la cadena perpetua de una deuda impagable. El periódico neoyorquino ilustraba el caso con las historias de unos inmigrantes que no daban crédito.

 ¡Tuvieron que ser los movimientos sociales surgidos o vinculados   al   15-M   y   la   izquierda   que   no   reniega   de   su condición de izquierda los que pusieran sobre la mesa un par de reivindicaciones elementales: la dación en pago –que el banco se quede con el piso si no puedes pagar la hipoteca, y aquí paz y allá gloria- y una moratoria a los desahucios de aquellos que no tienen donde dormir a cubierto si los pones en la calle. El PP no quería ni oír hablar de eso; el PSOE, que había adoptado la misma actitud que el PP cuando gobernaba, no hace tanto de ello, tardó una eternidad en prestar alguna atención al asunto.

 Los argumentos a favor de un sistema que acaba de ser declarado un atropello por la Justicia europea son risibles por el vasallaje a los bancos que revelan. Uno es,  descaradamente, aquel de que el banco no puede perder nunca. Si, a través de su propia empresa de tasación, valoró en su día el piso a 200.000 euros, ¿cómo va a quedárselo sin más cuando han caído los precios y ahora vale 150.000? Pues que quieren que les diga, amigos, todas las actividades económicas –excepto la suya- pueden perder: el comerciante que abre una tienda, el pequeño y mediano empresario que emprende un negocio, el jubilado que pone su dinero en Bolsa… Eso se llama capitalismo. Pero ustedes, los de los bancos, como sus parientes, los de los casinos, no quieren perder nunca. También podríamos verlo de otro modo: ustedes, pillines, quieren capitalismo para sus beneficios y comunismo para sus pérdidas.

El otro argumento advierte de que las hipotecas se harán más difíciles si se cambia el sistema. Pues, miren, no puedo estar más a favor. La concesión a mansalva de hipotecas

baratas y arriesgadas en la época del ladrillazo es uno de los tumores que nos han llevado a esta situación terminal. No  me parece nada mal que, a partir de ahora, se tienten ustedes la ropa a la hora de conceder una hipoteca. Y sobre todo me parece muy bien que en España se instaure una cultura del alquiler, y que los poderes públicos la fomenten  haciendo que, bajo esta fórmula, haya cientos de miles de viviendas accesibles a la gente.

Nunca hemos estado locos. Lo acaban de sentenciar los togados europeos.

(infoLibre, 20 de marzo de 2013)