Tú, por ejemplo

JAVIER VALENZUELA LA ÍNSULA BARATARIA ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA SEXTA PARTE VOTÉ COMO ME DIJISTE, JEFA

 

 A cabo de escuchar La Cafetera, el programa radiofónico de Fernando Berlín. Teresa Rodríguez, la líder de Podemos en Andalucía, le ha hecho una reflexión interesante al amigo Berlín. Lo que más le llamó la atención del Comité Federal del PSOE que derrocó a Pedro Sánchez fue la disputa feroz sobre si la votación debía hacerse a mano alzada o en el secreto de una urna. “Eso denota una cierta enfermedad”, ha concluido Rodríguez.


Lo denota, en efecto. Los dirigentes del PSOE reunidos en Ferraz nos estaban confesando que algunos de ellos podían optar por una u otra posición según se fuera o no a conocer su voto. El puesto de trabajo peligraría si el jefe o la jefa de la camarilla veía que tal o cual discrepaba de su línea. Ya no habría en ese caso concejalía, consejería de gobierno autonómico o puesto orgánico en el partido. Resulta, sí, muy triste: el ganapán prima sobre las convicciones políticas y morales, si es que se tienen. Es este uno de los tumores de una democracia excesivamente basada en los partidos como la española.

    Quizá porque esté jubilado, y también, sin duda, porque es una persona culta y racional, Josep Borrell ha dicho estos días cosas mucho más serias que la mayoría de sus correligionarios. Cosas como que la crisis del PSOE no  empezó con Pedro Sánchez: Rubalcaba ya lideró la madre de todos los castañazos electorales. O que el motín contra Sánchez ha debido organizarlo un “cabo chusquero” por lo tosco y obsceno que ha sido. O que PRISA ejerce de juez y parte en las disputas del PSOE porque piensa que ese partido le pertenece.

Borrell no se ha quedado en la espuma de los días, en esos pormenores que apasionan a tantos gacetilleros y que ni tan siquiera llegarán a ser una nota a pie de página en los libros  de Historia. Se pregunta, por ejemplo, cómo piensa llegar el PSOE al Gobierno algún día si rechaza visceralmente la posibilidad de alcanzar acuerdos con Podemos. El PSOE ya no tiene el casi monopolio de la izquierda española del que disfrutó durante décadas.

   Existe la crisis general de la socialdemocracia europea, que de tanto irse a la derecha ha terminado por decepcionar a su electorado. Y dentro de ella existe la crisis específica del PSOE,  que  se  pensó  que  el  15-M  era  una  chiquillada  y  no comprendió que millones de españoles estaban hasta las narices. Que en los momentos más duros de la crisis no expresó demasiada empatía por los desahuciados, los despedidos en los ERE, las víctimas de los recortes sanitarios y educativos. Que ofreció una imagen de compadreo con el poder y dejó políticamente huérfanos a los que terminarían votando a Podemos en cuanto apareció en escena.

Borrell también ha formulado una pregunta vetada por el régimen: ¿puede resolverse de modo pacífico y razonable la

crisis planteada por los anhelos soberanistas de tantos catalanes y vascos sin hablar y negociar con ellos? Él es más bien jacobino, pero tiene sentido común.

A muchos apparatchiks del PSOE estas reflexiones deben producirles dolor de cabeza. Borrell, pensarán, es un intelectual. Ellos no tienen una alternativa laboral,  profesional o vital fuera de la politiquería partidista, en la que desearían jubilarse. Así que lo importante son los cargos, las comisiones, las listas electorales y, sobre todo, que el jefe o la jefa no tenga la menor duda de que en el Comité Federal han votado exactamente como se les ordenaba.

 

(infoLibre, 5 de octubre de  2016)

 



 

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